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¿En qué se parecen Iron Man y Mazinger Z? Superhéroes en Smart City

29/10/2014

Dedicado a Carlos Hidalgo, por alusiones.

super¿En qué se parecen Iron Man y Mazinger Z? ¿Qué tienen en común el versátil superhéroe y el gigantesco superrobot? ¿Cuál es el motivo de que siempre, siempre, acaben venciendo a sus enemigos?

Bueno, por una parte, está el hecho de que ambos son fuerzas del bien, y el bien, en ciertas películas, siempre gana; pero hay otro elemento que comparten y que es mucho más relevante. Tanto Iron Man como Mazinger Z son robots que llevan a una persona dentro. Hay un ser humano a los mandos, ya sea Tony Stark o Kōji Kabuto. Y esto es lo que dota al robot de propósito, de complejidad, de coraje y de empatía.

Me vino a la mente esta frikirreflexión en mitad de un taller sobre “Administración inteligente para una ciudad inteligente” codirigido por Virginia Moreno y Mario Alguacil, en JOMCAL 2014, el gran evento malagueño de transformación de las Administraciones públicas. Y me vino, en concreto, mientras escuchaba una presentación de David Bueno, bajo el lema de “la plataforma urbana como cerebro”.

Por plataforma urbana, se estaba entendiendo un dispositivo informático que agrupa y analiza información de diferentes fuentes, con lógica de ciudad inteligente.  Y, bueno, quizá la metáfora no sea tan mala. Pensemos en nuestro sistema nervioso. Se compone de:

  • terminaciones nerviosas: los sensores de nuestras “smart cities”;
  • nervios craneales y espinales: el cableado que transporta la información;
  • médula espinal: canaliza e integra las comunicaciones;
  • tallo cerebral: establece interfaces con el cerebro;
  • cerebelo: integra información de sensores con información motora;
  • cerebro: procesa la información de manera dinámica y produce respuestas.

Seguramente, una buena plataforma urbana puede tener una estructura parecida y aportar respuestas similares, siempre que pensemos en el cerebro de un animal no muy inteligente. Pensemos, por ejemplo, en una gallina. La gallina hace grandes cosas con la información, que le sirven para alimentarse, aparearse, huir del peligro y… bueno, poco más.

Lo que la plataforma urbana no alcanza a proveer es de un neocórtex. Se queda en el cerebro reptiliano -la gallina es básicamente un reptil con plumas. Por sí misma, no puede dirigir los servicios de la ciudad. Y, ya que estamos, tampoco los big data pueden prometer esto.

Para producir valor a partir del análisis de grandes masas de datos, o de la sensorización de las ciudades, es necesario contar con personas que formulen las preguntas adecuadas. La inteligencia humana sólo puede ser provista, de momento, por personas humanas dotadas de neocórtex, de emociones, de relaciones y de objetivos que se traduzcan en políticas públicas.

La buena noticia, amigas y amigos, es que a las personas nos queda el trabajo más divertido, a saber:

  • Debatir sobre cuáles son los objetivos a conseguir;
  • Lanzar hipótesis que los datos apoyen o refuten;
  • Modelizar políticas y servicios públicos que produzcan impactos positivos en colectivos concretos de destinatarios;
  • Evaluar continuamente los resultados;
  • Tomar decisiones difíciles, gestionar los servicios;
  • Acudir a congresos a contar qué tal nos ha ido.

La plataforma informática, entre tanto, deberá ocuparse de lo que es demasiado tedioso, minucioso o laborioso, quizá sin que nos enteremos de lo que está procesando, tal como hace por nosotros nuestro cerebro reptiliano.

Esta división de responsabilidades debería tener un reflejo en la inversión pública. No puede ser que el presupuesto se quede todo en el sistema nervioso autónomo y no nos queden recursos para generar conocimiento e inteligencia de la manera tradicional: poniendo a personas capaces al frente, conectadas con las comunidades a las que sirven.

No sólo es necesario poner personas al frente, sino que además habrá que someterlas a reglas del juego inteligentes y pactadas; esto es, al imperio de la ley. Ya sabemos lo peligrosos que son los superhéroes cuando se dejan llevar por la ira o, mucho peor, cuando se pasan al lado oscuro. Daniel Innerarity lo dijo en JOMCAL un rato antes: los sistemas de frenado inteligentes son como el Estado de Derecho, impiden que frenemos como queremos -histéricamente- y, a cambio, modulan nuestra respuesta para protegernos de nuestras propias decisiones.

Como os decía, en esta aventura los superhéroes no son los robots, sino esas personas que van dentro, ya sea Kōji Kabuto o la aún más capaz Sayaka Yumi. Los superhéroes y superheroínas somos nosotros, el conjunto de la sociedad y las instituciones de que nos hemos dotado.

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