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Menos es más


trigo y barbecho“Lamento confesarles (…) que las catedrales no me gustan. Me impresionan las que son impresionantes, por supuesto, porque para eso están, pero no me gustan. ¿Por qué? Pues por la misma razón por la que no me gustaría irme a la cama con una mujer que midiera nueve metros y que pesara seiscientos kilos: porque la belleza desproporcionada sobrepasa los límites de nuestras facultades emocionales y sensoriales. Puede hechizarnos el funcionamiento de una linterna mágica, pero no el del sol. Puede conmovernos más el trino discontinuo de un pájaro en una mañana gélida de invierno que una coral de quinientas voces acordadas. Puede admirarnos la organización social de un hormiguero, pero no el organigrama de una multinacional. Puede dolernos más una muela que una muerte. Y así. Todo es cuestión de escala: la insignificancia vive alzada en rebeldía contra la grandiosidad”.

Así divaga Jacob, el trastornado personaje de “Mercado de espejismos“, del gran Felipe Benítez Reyes. No sé por qué, pero me suena como si hablara de la blogosfera, con sus héroes del final de la larga cola.

Actualización: compruebo que Roc y yo hemos vuelto de Segovia sintonizados en la misma frecuencia.

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Categorías:Blogs, Libros Etiquetas:
  1. 12/05/2007 en 01:59

    Que vicio tienes, Jarto! Pero, claro, has omitido el detalle de los 600 kilos. Up to you!

  2. 11/05/2007 en 21:07

    Pues a mí me da morbo esa señorita de 9 metros a la que los demás dan de lado.

  3. 11/05/2007 en 11:43

    ¿Conocéis el clásico de Kiko Veneno? “Superhéroes de barrio”. Pues eso.

  4. Roc
    11/05/2007 en 09:57

    Sí, Alorza, hemos sinonizado bastante. Simplemente, la idea es que debemos saber que también hay un mundo ahí fuera. Ayer estuve dando una clase para un Máster de eGobierno, y tue que explicar claramente qué es un blog, qué es una wiki, qué es la Web 2.0, términos y conceptos todos ellos desconocidos por una mayoría muy grande de personas que trabajan en espacios en los que los podrían aprovechar.
    Por lo tanto, cuidado con mirarse en el ombligo.

  5. 11/05/2007 en 09:21

    Luce sugerente el libro que citas. Aunque a mi sí me gustan las catedrales, creo que entiendo la idea que quiere transmitir. El encanto de lo pequeño, lo cercano, lo abarcable. Tampoco me parece incompatible con apreciar la belleza de lo inmenso, que también la tiene. Como la bóveda celeste o el mar. Eso sí, a mi también me daría cosa irme a la cama con una mujer de 9 metros y 600 kilos.
    No puedo estar más de acuerdo en tu aplicación a la blogosfera. Sobre todo, si consideramos que los autores de este humilde blog forman parte de esos héroes de la larga cola. Lo pequeño es hermoso y más si cabe aplicado a este blog de nuestros amores.

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