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Pelos en la gatera

26/05/2012

Dicen que para innovar hay que arriesgar. Yo diría que en la Administración pública el riesgo es necesario incluso para funcionar. Y, sin embargo, en nuestras administraciones tenemos una aversión al riesgo que raya con lo patológico. Así nos va, claro.

Cuando digo que en la Administración hay que arriesgar incluso para funcionar no me refiero a nada del otro mundo, sino a cosas tan simples como, por ejemplo, la agilización de un trámite sin esperar a que se complete el anterior para no demorar la resolución de los asuntos. El respeto escrupuloso del procedimiento equivaldría a una especie de huelga de celo que paralizaría el funcionamiento de la Administración.

Imagen: La Gatera de Rumbo

Lo explica bien el catedrático de Derecho Administrativo Alejandro Nieto:

“Si la elaboración del presupuesto esteriliza la imaginación política, la ejecución del presupuesto es la máxima expresión de la desconfianza, y la única forma de hacer cosas es con la ayuda de la trampa y el delito bienintencionados.

Los controles lo único que controlan es si la documentación está en regla; ello estaría bien si evitasen la corrupción y el despilfarro, pero el control es meramente formal y además tiene un enorme costo. Nada puede gastarse si no está presupuestado; si en una granja estatal, donde hay vacas y el precio del forraje sube, lograr el aumento o transferencia correspondiente exige tanto tiempo que las vacas habrán muerto de hambre cuando se consiga el cambio. Si el director de la granja evita las muertes de las vacas por otros procedimientos, será procesado y sancionado.

La solución es dificilísima: “sin tolerancia, la Administración se para indefectiblemente. Y con tolerancia se corre el riego de que el delito no haya sido altruista”. El día en que los directores y los interventores actúen conforme a la ley, la Administración quedará paralizada.”

Nos movemos pues en un contexto que no incentiva el riesgo precisamente, sino que, bien al contrario, promueve las actitudes garantistas de la tranquilidad funcionarial, por más que ello vaya en detrimento de la calidad del servicio y de la eficiencia en la gestión. De alguna forma, podríamos decir que los desvelos de los ciudadanos son el precio que hay que pagar para que los funcionarios podamos dormir tranquilos. Y algunos han metabolizado esta filosofía con tal perfección que deben roncar como benditos.

Puedo asegurar que, si esta es la norma general, casi siempre he actuado a contracorriente y, en especial, durante el tiempo que me ha tocado ejercer mi destino actual. Comparto el criterio de Jordi Sevilla en el sentido de que la actividad política (yo añadiría, también, la administrativa) se debe inscribir en el ámbito del hacer y no del ser. Se está en los puestos de responsabilidad no para ser Alcalde, Diputado o Director General, sino para tomar decisiones y para hacer cosas en beneficio de la ciudadanía, que sería más difícil hacer desde otros sitios. Aunque para ello sea necesario tomar riesgos y aceptar algunas situaciones incómodas.

Así que, amigos y amigas, lo siento si en esta etapa profesional me he dejado algunos pelos en la gatera. Pero no he buscado mi comodidad, sino hacer honestamente lo que en mi humilde opinión me parecía que tocaba. Y no ha sido siquiera para innovar, sino simplemente para funcionar.

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Categorías:Gestión pública, Valores
  1. 26/05/2012 en 18:58

    Reblogged this on La Argamasa Política and commented:
    Mucha razón.La admón más centrada en controlar el gastoe que en controlar lo que se haga con ese dinero. Aunque sea irse a Marbella…

  2. 27/05/2012 en 00:34

    Iñaki,

    Es muy difícil conciliar las garantías sobre los recursos públicos con la flexibilidad que la realidad necesita. De hecho, ese apellido de “buen gobierno” que lleva la ley de transparencia todavía contribuirá más a paralizar algunas cosas en la administración.

    Por cierto, hay veces en las que funcionar es innovar.

  3. 27/05/2012 en 07:45

    A mí me da la impresión de que hay un punto medio alrededor del cual debemos funcionar. Ese punto medio, que no es fijo, equidista de dos extremos: en uno tenemos el cumplimiento estricto del sistema garantista y en el otro la velocidad extrema. Me temo que el primero es ley. Y aquí, me temo, comienza el problema. Hay una lógica de fondo pero unas normas que constriñen la actuación. Y hasta cierto punto es irresoluble. Ánimo. Quizá, como dice Marta, “funcionar es innovar”. Y hay que seguir funkzionando 😉

  4. 27/05/2012 en 13:14

    Coincido con lo que apuntáis sobre la rigidez del procedimiento, el “cumplo y miento”, más aún si la filosofía subyacente en muchas personas es (como me explicaron hace ya 26 años) “nunca pasa nada por no hacer nada”, esto es, si te arriesgas, te sales de ese procedimiento marcado puedes tener problemas y serios y de lo contrario no. Y me apena que en muchas ocasiones haya tenido que admitirlo como ciero..

  5. 27/05/2012 en 20:15

    Hola Iñaki:-) Yo creía que el procedimiento administrativo, como el judicial, no están para garantizar la “tranquilidad funcionarial”(????)…muy al contrario… están para que la ciudadanía disponga de defensa ante la administración…y para ordenar el uso de bienes y dominio público que son de tod=s. Otra cosa es que no se haya modernizado o no se haya sabido hacerlo, y que tampoco se haya abreviado. Y ahí sí que l=s responsables hubieráis tenido mucho que aportar.
    Por ejemplo, recientemente he leído que se va a poder abrir comercios sin licencia administrativa…está muy bien …pero sin una justicia o un sistema arbitral capaz de asimilar la cantidad de recursos que puede generar esa actuación no legalmente autorizada, simplemente por posibles molestias que pueda generar a vecinos, pongo por caso,…vaticino un pequeño caos.
    En fin no sé por qué he visto de casualidad el artículo…y me he animado…sorry…

  6. Ibarrondo
    29/05/2012 en 08:06

    En la Administración es extremadamente fácil parar cualquier acción, propia o ajena.
    Y mientras no se mida y valore de alguna forma la productividad y el cumplimiento de objetivos de las áreas y las personas, la actividad de bloqueo de iniciativas no sólo no estará penalizada, si no que además puede provocar en el blocker un falso sentimiento de impartidor de justicia divina, erigiéndose en otro San Pedro más de la Administración.
    La Administración necesita una reconversión de San Pedros en ángeles de la guarda.

  7. José Ignacio Familiar
    29/05/2012 en 10:53

    No quiero abundar en cómo es y funciona la administración. El diagnóstico creo que es conocido y compartido.

    En este escenario, hay dos tipos de actuación: nivel micro y nivel macro.

    El nivel micro es el relativo a lo que puede hacer cada persona dentro de un marco que por si sola no puede cambiar. En este plano es relevante tu mención sobre el riego. No deja de ser una opción personal, pero desde mi punto de vista el necesario compromiso del trabajador y responsable público con la sociedad a la que sirve, le debe llevar a tomar decisiones que, en determinados casos, puedan transitar por el filo de la legalidad. El límite de lo posible es también personal y se llama honradez.

    Pero no olvidemos el nivel macro. No caigamos en el fatalismo. Es necesario mantener una presión colectiva y sostenida en el tiempo para cambiar el marco desde sus cimientos: contratación, función pública, …

  8. Iñaki Ortiz
    29/05/2012 en 23:52

    Como os habréis imaginado, este post responde a un desahogo.

    En fin, nos movemos en un contexto determinado, manifiestamente mejorable, y hay que tramitar equilibrios inestables, desde las propensiones y las aversiones que cada uno llevamos de serie. Al final, respondemos ante el hombre del espejo.

    Me quedo con la última reflexión de José Ignacio Familiar: hay que cambiar el marco desde sus cimientos.

    Y añado, el cambio que necesita este marco trasciende las trincheras partidistas.

  9. 30/05/2012 en 08:12

    Es complicado funcionar entre quienes desean la comodidad de due todo siga igual. Estos tienen el menú a su alcance para elegir qué plato eligen en cada ocasión que tienen para bloquear. Y desgraciadamente son mayoría en la jungla administrativa. Al final no queda otra que tirar con uno, dos, tres… que por el motivo que sea quieren cambiar. .¿Serán suficientes para lograr una masa crítica de cambio? A veces sí, otras no. Pero es la única forma

  10. 05/06/2012 en 11:24

    En fin, quien quiera permanecer indemne e inmaculado debe asumir también ser irrelevante. La mejor manera de conservar todo el pelaje es no hacer, no intentar nada nuevo, no cambiar el estado de las cosas. Pero creo que todos los que pasamos por este blog no nos conformamos con tan poco, ¿verdad?

  11. davidrjordan
    10/06/2012 en 23:49

    Lamentablemente es cierto, la Ley de Procedimiento tiene más uso a veces como colchón del funcionario que como garantia de imparcialidad del ciudadano. Mientras conseguimos influir al cambio a nivel macro, tenemos que conseguir afianzar las alianzas entre los pocos que estamos impulsando cambios a nivel micro. Como se ha dicho en comentarios anteriores, funkzionemos, ya con eso estamos innovando.
    Me ha encantado tu sincero desahogo. Un abrazo Iñaki, somos muchos los que admiramos (y envidiamos) lo que estáis consiguiendo.

  1. 26/05/2012 en 23:48
  2. 10/06/2012 en 23:58
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