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Bienestar de los ciudadanos y legitimación de la Administración


Reinventar la Administración es un gran reto al que corresponde una gran meta: mejorar el bienestar de los ciudadanos. Como en el juego de los triles, no perdáis de vista a la bolita, porque pienso divagar bastante sobre un tema que es, de por sí, vago. ¿Qué es esto del bienestar? Vivir bien. Uno tiene la sensación de que vive bien cuando vive cada día un poco mejor. Bien, pero ¿qué es lo que hace mejorar la vida? Ah, eso no se sabe. Cada persona es soberana de sus preferencias. Habrá que preguntar y dejar elegir.

En un documento de Mentxu me encontré hace poco con una entrañable cita de Tocqueville: “las sociedades deben juzgarse por su capacidad para hacer que la gente sea feliz”. No va mal encaminado, pero juzgar a la Administración por la felicidad de los ciudadanos quizá sea pedirle demasiado. Habrá que analizar otras pistas.

Frecuentemente, se asocia el bienestar a la economía. La idea no va tan descaminada, ya que en la pobreza se vive mal, y en la riqueza se venera al consumo. Pero también es cierto que, una vez alcanzado un nivel económico mínimo, solemos valorar más otros bienes como la salud, la libertad o la educación. Volviendo a la economía, ¿cuál es el gran indicador económico que da razón de lo bien que lo está haciendo el Gobierno respecto del bienestar ciudadano? Yo diría que el más usado suele ser el incremento del PIB.

El PIB es un ratio que desayuna con nosotros muchas mañanas, por lo que lo consideramos como uno de la familia. Sin embargo, no lo conocemos. Hasta donde llegan mis magras nociones de economía, yo diría que lo que expresa es algo así como “cuánto se mueve el dinero”. Voy a poner dos ejemplos:

  • Si naufraga un petrolero frente a nuestras costas y derrama el crudo en el mar —un suponer—, provocará una importante actividad económica derivada de la necesidad de limpiar las costas, rescatar el crudo de alta mar, reflotar el buque… Los naufragios hacen subir el PIB.
  • Si talamos todo el hayedo de Altube y comercializamos la madera, generamos actividad económica. Incluso si lo quemamos, generamos actividad económica. Acabar con los bosques —o con la pesca— hace subir el PIB.

Ya vamos viendo que el PIB no capta la idea de bienestar económico. Podemos, pues, desecharlo para nuestros fines, puesto que no nos interesa saber cuánto se mueve nuestro dinero, sino cómo de ricos somos. Debemos buscar una contabilidad que valore activos como la riqueza natural. Sin ser un buen indicador, la renta per capita me parece más clara que el PIB, sobre todo si se asocia a alguna medida de cómo de repartida está esa riqueza.

El concepto “calidad de vida” agrupa los indicadores que se consideran representativos de esto que quiero llamar bienestar. Junto a los económicos, no suelen faltar los de salud, como la esperanza media de vida, y los de educación, como el índice de alfabetización. Por lo tanto, dinero + salud + educación compondrían la fórmula de la calidad de vida. Seguro que todos añadiríamos algo a la ecuación, pero es difícil consensuar esos otros factores, y ni siquiera es deseable.

¿Hemos perdido de vista la bolita de los triles? ¿Cuál era nuestra meta? Aunque dijimos que la mejora del bienestar, seguimos sin saber qué es o cómo se consigue. El secreto estaba en la última frase del primer párrafo: habrá que preguntar y dejar elegir. La Administración no es quien para decidir qué mejora el bienestar de los ciudadanos. Tal vez podemos aconsejar, si la sociedad nos reconoce conocimiento en nuestro ámbito, pero, en este asunto, cada persona es rey.

Aunque esto que digo puede parecer natural, los servicios públicos no lo ven tan claro. La sanidad, la justicia y la cultura, son tres de los sectores públicos que creen saber cómo debemos vivir y que no disimulan su pretensión de educar a la población. Los programas para evitar la obesidad o el maltrato doméstico, o para fomentar la lectura, se convierten no pocas veces en excusas para invadir nuestra intimidad y para conminarnos a comportarnos de maneras predefinidas. Para poner un ejemplo propio, no os imagináis lo pesado que resulta pedir un alta voluntaria en un hospital público, incluso después de un parto normal, como fue en nuestro caso.

Después de tanto hablar del bienestar, voy a haceros un juego de manos en el final de este post. La gran meta de la Administración en red, tal como la intuyo, no es exactamente el bienestar, sino la legitimación. Me explico: lo que debe buscar la Administración es el respaldo de la ciudadanía. Si funciona la cadena de transmisión entre sus deseos y nuestra ejecución, si demostramos ser útiles, la ciudadanía nos legitimará. Nos renovará el contrato. Ahora bien, sucede que nuestra utilidad consiste en mejorar el bienestar público, pero no de cualquier manera, sino de manera cada vez más democrática, más participativa, más transparente, más equitativa.

Aunque os la he jugado con los triles, quienes hayáis llegado hasta aquí en vuestra lectura, tenéis premio. Termino con estos versos que describen lo que Gil de Biedma y mi confusa adolescencia considerábamos vita beata.

En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.

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  1. 21/11/2005 de 23:23

    Alberto, esto si que es \”Alta Administración Digital\”. En un plis plas pasamos de los valores al contenido de la felicidad. Preguntas: \”¿Qué es esto del bienestar?\”. Pues, desde luego, como tú bien dices, se trata de algo muy relativo, porque para lo que uno es estar bien para otro puede resultar insoportable.Para evitar que nos comamos mucho el coco, los señores y las señoras del Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas han elaborado, muy técnicamente, un Índice del Desarrollo Humano (IDH) que tiene tres componentes: Vida larga y saludable, Educación y Nivel de vida digno. Estos componentes se miden por los siguientes indicadores: Esperanza de vida al nacer, Tasa de alfabetización de adultos, Tasa bruta de matriculación y PIB per cápita.Muy relativo, desde luego. Pero estos han considerado que lo básico es la salud, la educación y el nivel económico. Además, tienen otros índices más sofisticados, en los que consideran temas de desempleo y exclusión social, la situación de la mujer, etc.Cada año publican un Informe sobre Desarrollo Humano. Este es el TOP 25 de este año: 1 Noruega, 2 Islandia, 3 Australia, 4 Luxemburgo, 5 Canadá, 6 Suecia, 7 Suiza, 8 Irlanda, 9 Bélgica, 10 Estados Unidos, 11 Japón, 12 Países Bajos, 13 Finlandia, 14 Dinamarca, 15 Reino Unido, 16 Francia, 17 Austria, 18 Italia, 19 Nueva Zelandia y 20 Alemania. ¡Curioso, verdad!Si alguien tiene mucha curiosidad puede consultar el informe completo en internet.

  1. 06/01/2012 de 10:57

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