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La obra de un aprendiz avanzado

14/09/2007

Las Lágrimas de EurídiceLa entrada de hoy tiene poco que ver con la Administración Pública. Permitidme que una vez más me salga del guión. Al fin y al cabo estoy dando los últimos coletazos de mis vacaciones veraniegas.

Hace varios meses asistí a la presentación en Vitoria-Gasteiz del libro “Las Lágrimas de Eurídice”, de nuestro compañero aprendiz Fernando García Pañeda. Desde entonces lo he tenido entre mis lecturas pendientes (leo pocos libros, la verdad), hasta que por fin la semana pasada me acompañó en las playas del sur, compartiendo conmigo brisas y sombras.

La obra de Fernando me ha entretenido durante unas cuantas horas de playa, me ha permitido acercarme a una época de nuestra historia que apenas conozco, me ha recordado una vez más la sinrazón del uso de la fuerza para resolver los conflictos entre las personas y, sobre todo, me ha brindado el placer de degustar una literatura muy digna, en mi humilde opinión.

Las historias que se cuentan en “Las Lágrimas de Eurídice” se desarrollan en la segunda mitad del siglo XIX y suceden en torno al hecho histórico del sitio a que los carlistas sometieron a la localidad de Portugalete.

La novela refleja, por una parte, el ambiente burgués refinado surgido al rebufo de la industrialización en las márgenes de la ría bilbaína y, por otra, el sufrimiento de la población sitiada ante la carencia de recursos, la enfermedad y los azotes de la guerra.

En medio de todo ello se cruzan historias de amor y de aventuras, que reflejan la psicología humana, tan diversa y, a menudo, tan paradójica. Fernando se permite, incluso, algunas reflexiones sobre la crueldad y la injusticia de las guerras y, en particular, de las civiles (valga el oxímoron) que enfrentan a los conciudadanos entre sí, generando situaciones absurdas e incompresibles para los propios contendientes.

No soy un experto, pero considero que la novela está bien construida y bien escrita. La narración de la historia se realiza de forma indirecta a través de una conversación entre uno de los protagonistas y una persona que, al final, completa algunos datos que faltaban en la narración original. El lenguaje intenta reflejar la forma de hablar de la época y me ha recordado palabras y expresiones que bien las hubiera podido emplear mi abuelo.

Para que no falte de nada, la historia tiene un final abierto (o mejor diría, semiabierto), porque “ninguna historia empieza o termina, sino que se pierde entre los bucles y meandros de la memoria”.

“Las Lágrimas de Eurídice” es la obra de un aprendiz que puede considerarse un auténtico maestro. Enhorabuena, Fernando.

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  1. 14/09/2007 en 13:42

    ¡Qué bonito!, ¡Qué bonito!
    Sí señor.
    Se lo merece

  2. Noe
    14/09/2007 en 18:02

    Suscribo el texto y el comentario. Y espero como agua de primavera la próxima novela de Fernando. ¡A ver si no tarda!

  3. 14/09/2007 en 19:29

    @Iñaki: ¡no me destripes el final, que estoy a punto de comenzar a leerlo!
    @Noe: lo de que esperas más agua, será un sarcasmo, ¿verdad? Vaya tiempo.

  4. 15/09/2007 en 07:42

    Yo recuerdo que me la leí casi de un tirón, lo que siempre es de agradecer porque significa que la historia te ha enganchado.
    Por cierto, Iñaki, ten cuidado que los de Portugalete tienen a su pueblo por “villa” y no simple “locallidad” como escribes en tu artículo 😉
    Saludos.

  5. 17/09/2007 en 17:03

    Ayer, aprovechando que estaba malito, me lo leí del tirón. Confieso que tenía el temor de que fuera un pestiño, que es lo que me parecen la mayoría de las novelas históricas. Pero no, me parece una novela magnífica. Me encanta especialmente el estilo, esa perfecta fórmula que corresponde precisamente a la fecha en que el narrador cuenta su historia. Sin peloteo: lo recomiendo a cualquiera, especialmente para leer en tardes lluviosas como la de hoy.
    Por cierto, muy barojiano, ¿no?

  6. 20/09/2007 en 13:58

    Ya sé que no os lo váis a creer, pero tecleo esto rojo como un tomate.
    Iñaki, te agradezco el eufemismo de la presentación. Que no trascienda, ¿eh? 😉
    Sí, Alberto, no deja de ser una especie de ejercicio de estilo barojiano. Por eso de empezar copiando, como recomiendan los grandes.
    Una anésdota: aunque yo escribía “villa” en el texto, no sé quién demonio de corrector de estilo lo cambió en todos los casos (maldito Word) por “noble villa”, lo que le da un plus de pedantería al asunto. En cuanto al resto del texto, no tengo excusa.
    Muchísimas gracias, a tod@s, compis.
    P.S. Aunque casi nunca me atrevo a hacer comentarios, que se note que no me pierdo sus entradas, Administradores.

  7. 20/09/2007 en 23:36

    Cualquier día publicamos otra reseña sobre Kismet, que suena más exótica.
    A ver si te animas a escribir una novela futurista, ambientada en un mundo de redes distribuidas. Ya ha habido algún amago por ahí ;-).
    Ha sido un placer leer la novela, escribir la reseña y provocar tu visita por nuestro txoko de la red.

  8. 28/09/2007 en 11:16

    muy buena tu crítica del libro. Yo también lo leí con un nudo en la garganta y escribí en mi blog que encontrarás enlazado en Territorio enemigo una crítica sobre e´l con más pasión que erudicón, pero lo que cuenta es la intención.

  9. mary cruz
    10/06/2009 en 00:15

    nicikiera lale es una d las peores lei
    pero si yo no leo whjajajaj

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