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Freakonomics: incentivos y valores


freakonomicsEn este blog le hemos dado algunas vueltas al problema de la medición y de su aplicación en la administración. Este problema se puede enunciar como una paradoja: es necesario medir para saber qué rumbo estamos llevando, pero el mero hecho de medir desviará nuestro rumbo de manera imprevisible. En realidad, la paradoja se puede disolver si consideramos que la verdadera cuestión no es la medición, sino los incentivos. Cuando decidimos medir algo estamos dando la clave de a qué conductas estamos dando importancia. De ahí el adagio “dime qué me mides y te diré qué hago”.

Detrás de esta paradoja está uno de los grandes temas de la economía actual: qué incentivos causarán efectos deseados y por qué. La ciencia económica lleva un tiempo tendiendo puentes a la ciencia de la psicología. En este comercio tienen ambas mucho que ganar. Básicamente, la economía consiste de una panoplia de herramientas de análisis, pero hasta ahora no ha propuesto una explicación de por qué las personas tomamos unas decisiones y no otras.

Algunos de los economistas más brillantes están desbrozando ese terreno. Entre ellos, Steven D. Levitt, autor del libro Freakonomics, que he disfrutado estas vacaciones.

Este brillante profesor se dedica a explorar el lado oculto de la realidad más próxima, armado de una espectacular capacidad de formular preguntas interesantes, junto con una irreverente manera de aplicar herramientas de análisis. Un poco como los mejores detectives de la serie negra. Para que os hagáis una idea, una de sus preguntas es “¿por qué continúan los traficantes de drogas viviendo con sus madres?”.

Steven Levitt es muy poco dado a las grandes teorías, así que formula su visión del mundo en solo cuatro puntos:

  • Los incentivos constituyen la piedra angular de la vida moderna, y comprenderlos es la clave para resolver prácticamente cualquier misterio.
  • La sabiduría convencional a menudo se equivoca. Suele estar mal fundamentada.
  • Los efectos drásticos frecuentemente tienen causas lejanas, incluso sutiles.
  • Los expertos de todo tipo utilizan su información privilegiada en beneficio propio, aunque Internet está trayendo la posibilidad de vencerles en su propio terreno.

Gestionar es, básicamente, implantar y aplicar un marco de incentivos. Puede parecer sencillo: si queremos que la gente done sangre, ofrezcamos una recompensa económica por cada donación. Pero las personas somos bichos raros, y las sociedades, sistemas muy complejos. Resulta que allí donde las donaciones de sangre no se incentivan económicamente es donde se presentan más donantes, y más activos. Un modesto incentivo monetario cambia una satisfactoria motivación altruista por una insuficiente motivación monetaria. Y una vez estropeado el marco de incentivos, no basta con dar marcha atrás.

Por eso, algunos nos resistimos a las fórmulas de gestión que se basan en entregar más dinero a los que obtienen más puntos en una evaluación del desempeño. Son varios los problemas a superar, entre ellos el de que si existen incentivos claros, existen incentivos para engañar. Pero el mayor problema es que plantea, entre quien mide y quien es medido, una relación isomórfica a otras relaciones como la de gestor-gestionado, pensador-ejecutor, padre-hijo. Dicho de otra forma, dificulta una relación adulta entre adultos.

Los valores ofrecen una vía más practicable hacia un adecuado marco de incentivos. Estamos dispuestos a donar sangre por el bien de la humanidad. Estamos dispuestos a trabajar bien por orgullo profesional. Levitt no olvida que los valores pueden ser los incentivos más potentes.

La trampa está en que algunos embuten el discurso de los valores en una visión jerárquica tradicional. Si los valores los enuncia la Dirección General para su obligada subscripción por parte de los empleados, no hemos cambiado nada. La cosa es descansar el buen funcionamiento sobre la responsabilidad individual.

En fin, os recomiendo la lectura de este libro. Tal como me contó Pachi Blanco en una velada memorable, “la Economía está en un momento caliente, muy interesante”.

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  1. 28/09/2007 en 18:09

    Karl, chico, me parece bien que no te haya gustado nada, pero no que te cuestiones el nivel cultural y crítico de los que lo hemos leído con gusto.
    Efectivamente, el libro explica las cosas con argumentos sencillos. Algunos de sus argumentos aparentemente simples llevan por detrás carga de profundidad. Puedo hablar de las materias que domino: cuando se refiere a los efectos de la educación parental sobre la personalidad adulta, echa mano de investigaciones rigurosas, si bien polémicas en sus conclusiones (Judith Rich Harris, sobre todo). Imagino que, en el resto de materias, también estará bien informado.
    Yo simpatizo con el libro porque siempre he sospechado que detrás de la supuesta complejidad de la economía hay tres o cuatro verdades del barquero, y un territorio común con la psicología, que la sociología no se ha atrevido a ocupar.

  2. Karl
    28/09/2007 en 17:45

    El libro es malo. Puro tópico USA. Saca correlaciones simplistas y cuestinables para explicar la compleja realidad socioeconomica. Páginas de rollo para “descubrir la pólvora” (amaños en los deportes profesionales, que los vendedores de droga en el nivel inferior son unos pobres sin salida que quieren huir de eso “jugandose el tipo”, que los incentivos dirigen las conductas, etc.). Puede justificarse para una sociedad atontada, llena de falsos tópicos mediáticos como es la yanqui. Conclusión: si un libro tan flojo y simplón, a base de publicidad, lo convierten en best-seller ¿cuál es el nivel cultural y crítico de la gente?
    Karl

  3. 29/08/2007 en 05:36

    @Morgana: yo también estoy descontento de cómo medimos el avance hacia la administración electrónica, y quizá es lógico que no hallamos dado con un buen sistema, teniendo en cuenta que se trata de una materia nueva que aún no sabemos qué forma definitiva tomará.
    Por eso me parece sensata tu idea de prescindir de los rankings, para centrarse en la consecución de objetivos de avance.

  4. Morgana
    28/08/2007 en 13:01

    Tu libro tiene una pinta estupenda. Voy a comprarlo. Gracias por la recomendación

  5. morgana
    28/08/2007 en 13:00

    El tema me encanta y el tema de las mediciones de la Administración electrónica me preocupan.
    Las mediciones de administración electrónica son, al menos las que yo conozco, todas malas. Y no puedo ser menos tajante. Malas por incompletas, malas porque de momento carecemos de una buena definición de lo que es la administración electrónica y todos sus componentes (antes de medir algo hay que saber que queremos exactamente medir) y por ello carecemos también de un metodología suficientemente adecuada.
    Pero me preocupa también porque la parcialidad de estas mediciones dan lugar a acciones administrativas encaminadas a salir bien en la foto de los distintos estudios y no a avanzar realmente en el desarrollo de la administración electrónica, sentando bases sólidas y estableciendo políticas a largo plazo. Los políticos quieren mucho más salir bien en la foto de hoy, a base de maquillaje y acciones rápidas que trabajar para salir bien en la foto de un futuro en el que ellos quizás no puedan llevarse las medallas.
    Por eso a veces creo que igual sería mejor no disponer de mediciones (y mucho menos de rankings) para que el trabajo para el desarrollo de la administración electrónica se hiciera en silencio, casi a escondidas, pero con objetivos a medio y hasta largo plazo.

  6. 26/08/2007 en 23:53

    Os veo con ganas, amigos.
    Que conste que no pretendía sacar de la cueva a la motivación. No hay cosa que me dé más pereza que eso de “motivar a alguien”. Hay que llegar a trabajar meao, cagao y motivao, sin esperar a que alguien se ocupe de motivarte.
    Ahora, efectivamente, los incentivos son algo así como el reverso de la motivación, así que no podemos ignorarla.
    Habrá que echarle un vistazo a la ortrodoxia académica. ¿Pasas esos artículos, Julen?

  7. 26/08/2007 en 23:40

    Me parece que debemos felicitarnos de que los economistas tiendan la mano a los piscólogos para reonducir la Administración púlbica hacia resultados, aunque a bote pronto la jugosa lectura del post me trae a la mente:
    1º Que desde la perspectiva de la mecánica cuántica ya el principio de incertidumbre de Heisemberg estableció que el mero hecho de observar la realidad a esa escala la cambia, de forma que no es posible saber a la vez con certeza el lugar o la velocidad del cuerpo observado ( no pretendo una cursilería sino mostrar como todas las ciencias guardan relación, y muy posiblemente la teoría Cuántica y la del Caos se dan la mano, y con mayor razón cuando se trata de economía y agentes económicos en el mundo de la Administración).
    2º Que desde la perspectiva de la ciencia administrativa, el fomento ( la zanahoria) y la policía (el palo) han funcionado como motor de conductas, tanto de ciudadanos como funcionarios. El problema viene dado si pretendemos ofrecer incentivos a un fumcionario:¿Lo consideramos una pieza mecánica y basta con “engrasar” ei entorno de compañeros y medios materiales’;¿ lo consideramos un ser humano y debemos acudir a terapia de grupo e hipocresías del jefe?; ¿ lo consideramos un padre de familia en un contexto de llegar a fin de mes, y entonces basta con gratificaciones y subidas de sueldo?;¿ lo consideramos un visionario y que se siente estimulado com sentirse útil para la sociedad?; ¿o lo consideramos un cimarrón salvaje que no acepta que nadie valore su trabajo ni juegue con su vida, impasible a regalitos de feria?. Lo cierto es que toda la Ciencia de la Administración ha intentado dar respuesta al estímulo del funcionario y todo su quehacer ha partido de “importar” modelos del sector privado. Ahí radica el problema: ¡ la misma zanahoria no hace salivar a todos!.

  8. 26/08/2007 en 17:41

    Parece que la cosa seguirá calentita incluso después de agosto¡ 🙂 Interesantísimo comienzo… Me has tocado la fibra motivacional¡
    ¿No os da la impresión de que la psicología conductual es la gran olvidada del XX, y seguirá así en el XXI? Como bien dices, “la sabiduría convencional a menudo se equivoca. Suele estar mal fundamentada”. Siendo un poco ockhanianos, los principios básicos de la conducta, que relacionan fundamentalmente las variables contexto, comportamiento, e incentivos, hace muucho tiempo que están ahí, lo que pasa es que no los tenemos muy en cuenta en los ámbitos organizacionales y de recursos humanos. Sobre todo los psicólogos. Y es que algunos de esos principios o leyes parecen ir contra el “sentido común” y las normas más frecuentes.
    Y es que aún tenemos que seguir diciendo con la boca pequeña (para no quedar mal) que gran parte de nuestro comportamiento se inicia y mantiene por dinero, un “reforzador generalizado” que te permite acceder a muchos otros incentivos y valores indirectos; y también por el estatus, el reconocimiento y la atención sociales. Y, como sabéis, se llaman generalizados porque no nos cansamos nunca de ellos, de ahí su fortaleza para generar y mantener actividad.
    Prácticamente todos los incentivos laborales y personales están relacionados de una u otra forma con estos dos, pero no acabamos de relacionar con ellos aspectos como la productividad, la satisfacción, el rendimiento, el buen rollito y el desarrollo profesional. Mucho más en la admon. publica.
    “Los incentivos son la clave para resolver cualquier misterio”, pero parece que aún hay mucho que avanzar en este terreno. Lo digo para motivarnos 😉
    Y cierto, Julen, estoy contigo en que la polisemia y confusión sobre conceptos y variables psicológicas es lo que permite seguir mareando la perdiz, dificultando la comunicación científica en nuestro ámbito, y que demasiada gente pueda escribir libros… 🙂

  9. 26/08/2007 en 16:38

    Es interesante profundizar en los incentivos. Motivación, ¿no? Eso sí, ésta es una de esas palabras demasiado grandes para poder explicarla de forma concisa.
    No obstante, creo que una buena línea para comprender la motivación es la “self-determination theory” de Ryan & Deci. David y yo la estamos manejando. Fue él, de hecho quien me la “presentó” y creo que es un buen argumento. Como en otras ocasiones manejaríamos un continuo de motivación intrínseca-extrínseca donde hay diferentes maneras de comprender por qué los humanos nos movemos.
    Hay un par de artículos básicos que si os interesa os puedo pasar.

  10. 25/08/2007 en 23:10

    Como ni es momento ni tengo el cuerpo para reflexiones más sesudas, te diré que los incentivos son en definitiva los que nos mueven a hacer todas las cosas. Y tienen que ver con el dinero en la medida que hacemos bastantes cosas por él, pero evidente el tema va mucho más allá porque también hacemos muchas cosas movidos por otros incentivos. Afortunadamente.
    Al primero que le escuché hablar del marco de incentivos fue a Joan Prats. Hace ya bastantes años. Él venía a decir algo así como que la función de la Administración pública no era tanto hacer las cosas directamente, como promover el marco de incentivos para que la ciudadanía, las empresas y las organizaciones las hicieran. Lo he dicho rápido y mal, pero espero que a los buenos entendedores os basten con estas palabras.
    Interesante tema en cualquier caso. Y lo de los valores como vía para un marco de incentivos practicable, sugerente.
    ¡Veo que vuelves a tope!

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