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A Sarkozy le sobran funcionarios


Muchos jefes y pocos indios

 

Me he enterado vía K-Government de que Sarkozy piensa recortar 22.000 empleos en la Administración pública francesa. Para empezar, varios miles de los funcionarios que se jubilen durante los próximos años no serán reemplazados. Dice Sarkozy que él propone una revolución cultural: “Quiero una Administración pública más pequeña, mejor pagada y con mejores perspectivas de carrera”. En esta idea se mezclan varias cosas que cada una merecería su propio comentario monográfico, pero para este post me voy a quedar con lo del tamaño, que me parece de paso el deseo más sentido de los que expresa Sarkozy.

Que los funcionarios sean muchos o pocos es siempre relativo. Todo depende de para qué. Lo que nos lleva al debate clásico sobre las funciones del Estado. Por otra parte, bajo la etiqueta de funcionario se incluyen profesionales muy diversos. Funcionarios son los profesores, los médicos, los bomberos o los jueces. Y funcionarios somos también los que ejercemos funciones de tipo más burocrático. Los primeros serían los productores directos en una empresa industrial y los segundos seríamos los indirectos.

No creo que, en general, sobren funcionarios directos, aunque es seguro que podrían ser más productivos con una buena organización. Tengo más dudas sobre los indirectos.

Es fácil pensar que si las Administraciones públicas de los diferentes niveles territoriales actuasen de forma coordinada y colaborativa se podrían hacer más cosas con menos recursos y, también, con menos funcionarios. Es cierto que no es fácil poner de acuerdo a múltiples actores, pero también lo es que la no colaboración tiene un coste demasiado alto para ser admisible. Pero ya hemos hablado en este blog de las oportunidades de colaboración y los instrumentos para llevarla a cabo.

Volvamos pues a la cuestión del tamaño. A mí se me ocurre que hay dos formas muy directas para adelgazar la Administración pública: una sería hacer menos cosas y otra hacerlas con recursos externos. Porque, claro, la tercera sería hacer las cosas de forma más eficiente, pero no suele ser ese el camino elegido por los partidarios de la “revolución cultural”, porque éstos quieren resultados a corto plazo (el horizonte favorito de los políticos), mientras que conseguir aquella organización que funcione mejor y cueste menos (como proponía el todoterreno Al Gore) suele requerir una visión de más largo plazo.

Entre hacer menos cosas y hacerlas con recursos externos, suele ser más apetecible la segunda opción, porque anunciar que se van a reducir o dejar de prestar servicios públicos se hace muy duro políticamente hablando. Sin embargo, externalizar algunos servicios no tiene tan mala venta. En nuestro entorno hay numerosas familias que envían a sus hijos e hijas a centros educativos concertados y supongo que a la mayoría les preocupa poco que esos centros no sean públicos o que sus profesores no sean funcionarios.

Ahora bien, externalizar un servicio reduce el número de funcionarios, pero las arcas públicas siguen soportando un coste, porque el prestador privado tampoco trabaja gratis (aunque seguro que contrata más barato). Además, siempre que se externaliza un servicio se deberían articular los mecanismos para asegurar que el mismo se presta en las condiciones y con los niveles de calidad exigidos, lo que también tiene un coste. ¿La externalización asegura la reducción de costes manteniendo la calidad del servicio? No me atrevería a dar una respuesta categórica. Casi seguro que dependerá del servicio y de sus circunstancias.

¿La revolución de Sarkozy va a reducir costes manteniendo el nivel de servicio? No me sorprendería que redujera costes, pero os apuesto doble contra sencillo a que se resiente la calidad de los servicios.

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Categorías:Funcionariado, Gestión pública Etiquetas:
  1. 07/01/2008 en 12:41

    Pues sí, la cobertura sanitaria universal es una de las grandes conquistas que no debemos perder. (Y cierro hipervínculo)

  2. kuka
    07/01/2008 en 12:04

    Lo de los “magníficos servicios públicos” que tiene Francia… En fin, para quien los quiera. La Sanidad no es universal (es decir, no cubre a toda la población) y, además, funciona con copagos y sistemas de reintegros de gastos. ¿Alguien se apunta? Yo, desde luego, no (ya lo he sufrido después de vivir cinco años en Tours).
    Lo que pasa es que los españoles somos unos llorones y acomplejados (tanto que, hasta tenemos complejo de eso, de “españoles”). Qué pena…

  3. 27/09/2007 en 01:58

    ¿Revolución cultural? ¡Un poco más y nos sale maoista este Sarkozy! En fin, que viva la república, que es muy tarde y tengo sueño. Y a cascarla, que todo es pompa y ruido mediático, ningún presidente tiene huevos de dar un paso para terminar definitivamente con los privilegios de clase y cuna y los intereses de los poderes de la iglesia y compañía.
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  4. 26/09/2007 en 09:03

    La “revolución cultural” en todo lo relativo a lo público que anunción Sarkozy la semana pasada tiene (en su anuncio) mucho de proclama de cara a la galería (para conectar bien con la gente) y (en su raíz profunda) mucho de fondo ideológico. Yo creo que lo que él pretende no es que la Administración sea más eficiente o que funcione mejor (en eso estamos todos) sino es reducir el papel que lo público tiene en Francia, que es mucho. No olvidemos que Sarkozy es un liberal (económicamente hablando) y confía más seguramente en la iniciativa privada que en el sector público. Francia, sin embargo, es un país modelo por su potente sociedad del bienestar, sus magníficos servicios públicicos y el preminente papel que el Estado juega en la economía. Ciertamente la Administración francesa, la más burocrática y procedimental de todas, necesitaría cambios para hacerla funcionar mejor, lo cual no implica reducir directamente funcionarios sino mejorar su organización, su cultura y sus pautas. Un cambio gradual y muy largo. Sarkozy no creo que vaya por allí; más bien lo que quiere es cambiar el modelo social y económico francés y, para lograr la adhesión ciudadana, emplea slogans sencillos como que los funcionarios son muchos, trabajan poco y consumen la mayor parte del presupuesto.

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