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La participación deconstruye ciudad, construye ciudadanía

04/03/2014

2013-06-19 16.23.48

Lima (Perú) – junio de 2013

El jueves 6 de marzo participaré en el ciclo “La ciudad del futuro” que pretende dar una visión global acerca de las posibilidades  de las “ciencias de la ciudad”. El ciclo es consecuencia de la colaboración entre el Instituto de la Ingeniería de España, la Universidad Politécnica de Madrid y el Master in City Sciences.

Una de las tesis de mi presentación iba a ser que la participación construye ciudad, más allá de los planes de ordenación urbanos y de las constricciones del territorio. Sin embargo, siendo más precisos, la participación en red deconstruye la ciudad, derriba las murallas que definen quién está adentro y quién fuera. La participación construye ciudadanía a cambio de generar pertenencias diversas, múltiples y compartibles.

Tras estas frases de gran gurú -es decir, agradables y escasamente comprensibles- voy a copiar un extracto de la entrevista que hacen en JotDown a Genís Roca. Aunque el extracto es largo, apenas supone un mínimo porcentaje del extenso y excelente artículo original, en el estilo de la casa. ¿Aún no sois fans de JotDown?

Genís Roca se pone a sí mismo como caso práctico de identidades fragmentadas:

[JotDown] De algún modo, esto rompe en pedazos las bases de las sociedades tradicionales, al ofrecer un abanico más amplio y diverso de grupos de afinidad a los que pertenecer.

Mi teoría es que los atributos que definen identidad y pertenencia se están modificando. Y ya tardan los sociólogos en personarse y tratar de definirlo. Creo que la pertenencia la define la participación. Esto antes estaba implícito, pero ahora es evidente. Soy de donde participo. Cada vez participo más en entornos online que físicos. Me cuesta reconocerme como actor participante y por tanto perteneciente de la ciudad donde duermo o de la ciudad donde voto…

[JotDown] Podrías si la ciudad donde duermes o donde votas reaccionara a ti.

Si reaccionara sería un placer. Pero a mí me preguntan, ¿de dónde eres? Pues mira, nací en Girona, me crie en Figueres, vivo en Sabadell, trabajo en Sant Cugat y me desarrollo profesionalmente en Barcelona… ¿De dónde soy? ¿Dónde participo? En ningún sitio. En Girona no participo, no salgo en el censo y no puedo votar, y como no puedo votar, pasan de mí. Cuando en realidad yo quisiera ejercer como ciudadano de Girona, porque aunque no quieran yo soy de Girona. Y si ahora me pidieran ayuda para cualquier cosa, se la ofrecería gratis.

[JotDown] Cuidado, que esto lo puede leer cualquiera.

Me crié en Figueres. Una vez me dijeron que se es de donde estás en la edad de jugar. Yo jugué en Figueres, pero allí no salgo en las listas, no pago impuestos allí, por tanto, que me den morcilla. Creo que soy un activo de Figueres que no ha sido activado. En Sabadell me ofrecen ir a votar pero allí no tengo ningún vínculo, ningún interés. Solo tengo un piso donde duermo, nada más. Mis hijos posiblemente sí tengan allí más cosas, pero para mí es una ciudad instrumental, podría ser Sabadell como cualquier otra ciudad. Me ofrece votar el único que me da igual, ¡vaya! En Sant Cugat tengo el despacho profesional. Me gustaría incidir más. Me gustaría que tuvieran un sistema de transporte público desde la estación de ferrocarriles para facilitar la circulación de mis clientes. Pero ahí no tengo derechos de participación. Barcelona es mi ciudad estratégica, ¿qué posibilidades tengo de participación? Ninguna. Esto no funciona. Necesito nuevos mecanismos de participación porque si no me los dan, me borro, dejo de pertenecer.

Disculpas por la larga cita. Me parece muy sugerente todo lo que se dice aquí. Y vuelve a despertar una de las preguntas clásicas acerca de la participación.

¿A qué debe dar más peso la Administración pública, a poner en marcha procesos participativos o a favorecer contextos donde la participación surja?

¿A plantar jardines o a dejar espacio para que crezcan bosques? No vale decir que a las dos cosas: ¿a cuál se debe dar más peso?

Aquí os dejo mi presentación:

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  1. 05/03/2014 en 00:11
  2. 05/03/2014 en 06:11

    Repasando tu presentación, Alberto, me viene a cabeza el símil de la Administración Pública como organización “donut”: en el centro un agujero (nada) y a su alrededor servicios proporcionados por empresas privadas a las que se ha cedido la capacidad de “hacer”. Naomi Klein lo llamó en su día la administración “hueca”.
    Muy interesantes tus reflexiones. Se te ve inspirado 🙂

    • 05/03/2014 en 07:32

      Muchas gracias, Julen.

      Esa imagen del donut está demostrando ser la topología del infierno. Quiero decir que, allí donde se está despojando a la Administración de sus servicios fundamentales, está floreciendo la corrupción, a costa de dejar desprotegida a la ciudadanía. En el centro del donut están las trabajadoras y trabajadores públicos, con una alta capacidad de llevar adelante los servicios públicos. Apartarles de lo que mejor saben hacer es un error.

      Creo que ya hemos hablado de esto tú y yo alguna vez y creo recordar que estamos de acuerdo, ¿no? El donut, mata. Como soy poco goloso, no se me ocurre otro postre que pudiera reflejar una idea mejor que la del donut. ¿Ideas? 🙂

  3. 05/03/2014 en 07:51

    Poner en marcha procesos, o favorecer contextos… sospecho que esa dicotomía es una trampa.

    Es como elegir entre el padre y la madre. Si eres bebé, mejor la madre.

    Si tengo que elegir: primero impulsa procesos, y cuando eso ya esté maduro, tendrás el arranque o la inercia para dedicarte a crear contextos y que la cosa fluya.

    Internet, esta internet social, ha hecho mucho para que la sociedad tenga esa capacidad de aprovechar un contexto para organizarse y participar para influir, pero muy a mi pesar eso aún sigue siendo pequeño. La mayoría seguimos tuiteando para cambiar el mundo, como hace unos años se recogían firmas contra el cáncer (algo que siempre me dejó boquiabierto… me imagino al cáncer acojonado ante las 20.000 firmas, tanto como Gallardón ante el aluvión de tweets por su ley de aborto… tanto el uno como el otro han seguido impertérritos).

    Las herramientas que nos han de permitir explorar nuevas formas de participación aún se usan de una manera más bien tonta. Hay excepciones, pero son eso, excepciones.

    Soy optimista con el futuro y sus posibilidades. Pero no comparto la idea de que ya estemos en ese futuro. El presente sigue siendo dominado por las oligarquías.

    El ppt que has preparado es excelente. Ahí repartes y compartes un montón de experiencia y reflexión. Mi más sincero agradecimiento.

    • 05/03/2014 en 09:39

      Sí, Genís, esa dicotomía es una trampa… en la que inevitablemente hay que caer, porque cuando llega el momento de tomar una decisión estamos eligiendo.
      “Impulsar procesos” es un buen mantra, que la Administración no sabe recitar. Entre la Diagonal y el Gamonal, la participación se ha convertido, para los responsables políticos, en una patata caliente y podrida.
      Quizá lo más sensato es proceder con actitud de etnógrafo y acercarse sin muchos prejuicios a las comunidades ya existentes. Observar y preguntar, más que lanzar grandes procesos participativos. Y transparentar.
      ¿Dónde se puede estudiar etnografía digital? Está faltando ya.

  4. 05/03/2014 en 16:56

    Desde el Estado se tiene que dar respuesta a la inquietud de nuestros conciudadanos y proyectar, y desarrollar, las reformas pertinentes para que vuelva la confianza en las instituciones y en los políticos, que en su función de organizar y velar por la convivencia en la sociedad tienen el cometido de proponer aquéllos principios ideológicos y planteamientos políticos que respondan a la idiosincrasia y aspiraciones de los distintos grupos sociales.

    Los partidos políticos no pueden ser patrimonio de grupos excluyentes sino que, al contrario, como instituciones básicas del parlamentarismo son cuestión de estado por lo que importa mucho su transparencia y la democracia interna que, en parámetros del siglo XXI, no se entienden sino por sistemas de elección de cargos que garanticen la representación de las minorías minimizando que grupos de poder puedan patrimonializar y capitalizar los partidos a espaldas de sus militantes y del respaldo electoral.

    Pero, sin duda, el mayor desafío político que el Estado tiene ante sí no es el nacionalismo independentista, sino la incapacidad del Gobierno de España para aportar una actitud inteligente, de construcción positiva, capaz de ofrecer un nuevo marco constitucional y de convivencia, que integre la idiosincrasia y aspiraciones identitarias y políticas que evite que la vía de la independencia gane peso, y que, a medio plazo, con una coyuntura internacional favorable, la separación de Catalunya de España resulte inevitable.

  5. 01/05/2014 en 15:47

    Excelente presentación. Deberían de contar mas con nosotros a la hora de decidir, dado que somos muchos mas y ademas los votamos. Lamentablemente el sistema esta podrido, hace falta un cambio para que mejoren las cosas.

  1. 04/03/2014 en 13:21
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