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El fin de la pobreza en un mundo globalizado

05/09/2006

El día antes de salir de vacaciones escribí este post donde oponía, al best seller de Thomas FriedmanLa Tierra es plana”, libros de James Lovelock, Manuel Castells, Jared Diamond y Hari Kunzru, en un experimento de conversación que más bien era un linchamiento hacia Friedman. Para mi sorpresa, algunos lectores se enzarzaron en un apasionante debate, no en torno a la globalizazión á la Friedman, sino acerca de la fiabilidad de las predicciones que hace Lovelock sobre el calentamiento global.

Mientras tanto, ya estaba en la playa con un nuevo libro: El fin de la pobreza, de Jeffrey Sachs, director del Proyecto Milenio de las Naciones Unidas, que viene que ni pintado para poner la guinda a la discusión contra Friedman. En un post de noviembre de 2005 comentábamos el informe que Sachs presentó en la revista Investigación y Ciencia. Ahora amplía su análisis y explica mejor sus conclusiones en un extenso y excelente libro que recomiendo a todos. Si el libro de Friedman posee el huero optimismo de los manuales de autoayuda, el libro de Sachs muestra la fuerza del activista dispuesto a mejorar el mundo con las herramientas de la razón.

Jeffrey Sachs acepta la mayor: la globalización es (o puede ser) una herramienta de progreso. Sin embargo, confiar en que el libre mercado acabe por eliminar el subdesarrollo es una ingenuidad criminal. Por una parte, el mercado no es igual de libre para todos, sino que se rige por reglas que benefician a los más poderosos. Pero, aún más importante, aquellos países que están atrapados en la trampa de la pobreza no conseguiran salir de ella con las medidas de “ajuste de cinturón” que fueron preconizadas por el FMI y el Banco Mundial en los años 90.

Sachs opina que no existe un conjunto simple de medidas de aplicación universal para acabar con la pobreza, sino que es preciso practicar lo que el llama “economía clínica”, cuya sistemática es similar a la del médico de familia: parte de un diagnóstico diferencial, pone en marcha un tratamiento personalizado, sigue la evolución del enfermo y va adaptando el tratamiento a la respuesta, teniendo siempre en cuenta que la economía es un sistema muy complejo y que las montañas de datos no significan nada hasta que conoces a fondo la realidad de un país, sobre el terreno.

Tras leer a Friedman, uno se queda con la impresión de que los países que son pobres lo son por culpa de ellos mismos. Jeffrey Sachs, en cambio, analiza en profundidad los elementos que impiden a un país alcanzar el primer peldaño de la escalera del desarrollo: una adversa geografía física, la presencia de enfermedades endémicas, una deuda imposible de pagar, un gobierno que no hace lo que debe, barreras culturales, razones geopolíticas, ausencia de innovación, una elevada demografía y el simple hecho de ser tan pobres que no hay forma de hacer otra cosa que tratar de sobrevivir cada hora del día. Cada país pobre muestra una combinación de estos elementos. Bolivia, por ejemplo, posee una geografía tan adversa que es muy difícil que consiga competir con ninguno de sus productos en los mercados internacionales. Buena parte del África subsahariana hace pleno en esta lista, y los efectos no se suman, sino que se multiplican por interacción de los unos por los otros.

Sachs manifiesta que con una ayuda, bien aplicada, de 160.000 millones de dólares anuales, reduciríamos a la mitad la pobreza de los países más desfavorecidos hacia 2015 y eliminaríamos la pobreza extrema hacia 2025. Esta cantidad de dinero supone el 0,5% del PIB de los países ricos. Estamos hablando no de dar limosna, sino de construir bases para un desarrollo duradero y sostenible. Diecisiete de los veintidós países ricos han incumplido repetidamente su compromiso de donar el 0,7%. Para hacernos una idea, el Gobierno de los EE.UU. dona sólo el 0,17% de su PIB. Algunos pensarán que la iniciativa popular, a través de fundaciones privadas y ONGs, compensa en cierta medida el déficit. Nada de eso. Los fondos de origen privado rondan el 0,05% del PIB. Todos podemos hacer mucho más de lo que hacemos.

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  1. 05/09/2006 en 18:19

    Hola Alberto. Excelente libro, sí. Yo lo lei hace unos meses, y provocó este artículo en \”De todo un poco\”:http://makgregory.blogspirit.com/archive/2006/04/17/libro-el-fin-de-la-pobreza-c%C3%B3mo-conseguirlo-en-nuestro-tiemp.htmlSin embargo, cuatro meses después de leerlo, soy más pesimista, sobre todo cuando veo la cantidad de dinero que entra en África, en forma de armamento y municiones…

  2. 05/09/2006 en 18:19

    Es un tema muy peliagudo. Porque no es solo eso, tambien es que su capital humano emigra, lo unico que tienen realmente importante lo dejan escapar y nosotros nos aprovechamos de ello, como siempre.Hace tiempo lei a un misionero que estuvo en Africa hace 10 años y volvio y dice que la situacion es peor que antes, pero no por falta de ayuda sino por todo lo contrario.Los que han sido educados se van a Europa y en el pais queda lo mas pobre y lo mas incapaz. Si llegamos nosotros y suplimos a los medicos y a los profesores ellos tienen que emigrar.Desde luego que no existe el mercado libre, porque nosotros les vendemos arroz a ellos, cuando lo producen mas barato que nosotros porque subvencionamos a nuestros agricultores. En realidad no nos interes en absoluto que se desarrollen, lo que mas me molesta es lo hipocritas que somos. Porque mira India y China, van a acabar con las reservas de petroleo y entonces ¿que haremos?Es insostenible que todos los paises vivan como nosotros, yo necesito 3 planetas para que todos puedan vivir a mi ritmo.

  3. 05/09/2006 en 18:19

    Hemos hecho bien en hablar de Marai en lugar de Friedmann. No me gustó nada nada (casi)

  4. 05/09/2006 en 18:19

    Virginia, M@k, lo que decís es cierto, y aún se pueden decir verdades peores. Pero también es cierto que se puede cambiar el rumbo. Los países pobres no tienen el destino escrito en las estrellas. Claro que, para resolver el problema, lo primero es que EE.UU. oriente su política exterior al desarrollo y no a la guerra. Tal vez con el próximo Presidente.

  5. 05/09/2006 en 18:19

    Un administrador del blog ha eliminado esta entrada.

  6. 05/09/2006 en 18:19

    Virginia dice \”En realidad no nos interes en absoluto que se desarrollen\”Aunque no soy dirigente de una multinacional, me pongo en su piel y creo que me alegraría mucho si los países pobres dejaran de serlo. Así podría venderles ropa (pongamos Inditex) muebles (pongamos Ikea), coches (pongamos Toyota) ¿sigo? Menudo mercado se abriría.Es cierto que habría más competencia en otros productos pero el comercio beneficiaría a todas las partes (por eso fuimos CEE y luego CE)Lo que no beneficia“Porque mira India y China, van a acabar con las reservas de petroleo y entonces ¿que haremos?” Para verlo tendríamos que vivir muchos años más.“Es insostenible que todos los paises vivan como nosotros” ¿Insostenible? ¿Por?

  7. 05/09/2006 en 18:19

    Humm, me temo que la Tierra es un almacén de recursos finito. Es cierto que no sabemos cuál es el límite al que podemos exprimirla, pero me temo que la cosa no da como para que todos consuman a nuestro ritmo. No sólo son finitos los recursos, sino la capacidad de procesar los desechos.En todo caso, para que Zambia esté al nivel de Alemania y pueda dedicarse a comprar Toyotas deberá poseer sus propias multinacionales, u otras fuentes de capital así de poderosas. El sueño de una prosperidad general provocada exclusivamente por el libre comercio es un sueño ingenuo. El mercado perfecto es como el ratoncito Pérez: no existe. Yo me conformaría con la propuesta de Sachs: acabar con la pobreza de menos de un dolar por persona y día.

  8. 05/09/2006 en 18:19

    La Tierra es un almacén de recursos finitos ¿en qué sentido? ¿alimentos? ¿energía? No entiendo, ¿quieres decir que no llega para todos? Eso si que me parece ingenuo.Creo que hay mucha gente que tiene un sentimiento de culpabilidad muy narcisista.Si hablamos de regiones ricas y pobres…como crees que me sentiría yo como gallego si viniese un sueco a visitarme y tras ver que Galicia sigue siendo una de las regiones más pobre de Europa me diese una palmadita en la espalda y me dijese \”lo siento, es nuestra culpa, los países ricos siempre nos aprobechamos de vosotros los más pobres\”Sinceramente, ¿no es tremendamente presuntuoso y egocentrista pensar que tienes la culpa y la solución de todas las desigualdades?

  9. 05/09/2006 en 18:19

    Apachito, eres un tremendo discutidor. Ojalá hubiera muchos con tus ganas de dialéctica.Entiendo que sólo apelas a mí en la primera mitad de tu comentario, ya que yo carezco de ese sentimiento de culpabilidad del que hablas.Efectivamente, la Tierra es una almacén de recursos finito. Si tomamos como patrón el estilo de vida occidental (pongamos que hablo de Madrid), no existe suficiente Tierra para que los más de 6.000 millones de seres humanos consumamos papel, madera, carne, pescado, plástico, vino tinto de reserva, gominolas, metales, agua potable, televisiones, automóviles, al tiempo que mantenemos una amplia porción de la Tierra en un estado más o menos natural, y al tiempo que conservamos la atmósfera y las aguas en un estado soprotable de contaminación.En cuanto a la energía, tampoco hay disponibilidad de toda la necesaria, aunque es posible que la ciencia acabe por encontrar alguna forma aceptable de materializar lo que sabemos desde Einstein: que es posible extraer mucha energía de una pequeña cantidad de materia.Por lo visto, tú opinas que no es así y que es posible seguir ordeñando a esta vaca de forma ilimitada. Si es así, yo diría que la carga de la prueba está en tu lado, ya que lo que yo he dicho es la opinión más común y más intuitiva.

  10. Neo
    31/01/2011 en 14:54

    Querámoslo o no, todos somos responsables por lo que sucede en el mundo. Independientemente de nuestro ritmo de vida, observamos que un gran número de individuos tiene un nivel de vida desproporcionado y viven como si la pobreza y los países desfavorecidos no existiesen. Ignorar que la mayoría de los habitantes del planeta vive sumida en la pobreza y que millones de ellos mueren de hambre nos confiere a todos un cierto grado de responsabilidad. Basta con interesarse en las causas reales de la falta de armonía existente para tomar consciencia de que debemos pasar a la acción e intentar establecer una repartición justa entre los seres humanos. “Cada toma individual de consciencia puede impulsar a otros a seguir el ejemplo y contribuir en una comprensión colectiva que sea capaz de transformar el mundo entero.” (Alex Mero)

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