Inicio > Factores de exito, Funcionariado > Impulsar la formación de directivos públicos

Impulsar la formación de directivos públicos


Hoy mismo me decía un directivo público, al hilo de esta serie de posts que estoy publicando (gracias por leernos), que a ver cuando organizo un curso para explicar la función directiva pública. Algo así le he querido entender, al menos, porque la verdad es que lo ha dejado caer de refilón cuando ya nos despedíamos. Tal vez quería decir que, ya que estoy “reflexionando” en este blog sobre la función directiva pública (en qué consiste, lo que debe exigirse a las personas que la ejercen, qué experiencia y qué conocimientos deben tener, cual debe ser su proceso de selección, etc.), sólo me falta poner la guinda enseñándoles lo que tienen que hacer.

¡Dios me libre! Ni he ejercido nunca funciones directivas, ni creo tener las competencias necesarias para ello. No soy quién, por tanto, para enseñar nada a los directivos. Sólo soy un consultor interno, un técnico de organización, que se dedica a pensar en voz alta sobre cómo sería la Administración en la que le gustaría trabajar. Y tengo la convicción de que profesionalizar la función directiva ayudaría a conseguir esa Administración. En ella, según la sueño, los empleados públicos tendrían mayores posibilidades de realización profesional y la ciudadanía vería mejor satisfechas sus necesidades y demandas.

No soy pues la persona indicada para impartir formación a los directivos públicos, pero hay quienes se dedican a ello y seguro que no faltarán quienes lo hagan incluso brillantemente. Creo que los Institutos de Administración Pública, el estatal y los autonómicos, tendrían que ser los principales protagonistas en esta misión. Hay algún buen ejemplo no muy lejos.

Actualización 15-12-2007: Un ejemplo más cercano es el curso de Dirección Pública Local que organiza el INAP. Por cierto, está abierto el plazo de inscripción para la séptima edición del curso, que se desarrollará a lo largo del año 2008. ¿Conocéis algún otro curso de este tipo o similar?

Ya hemos adelantado en los posts anteriores cuáles son las competencias necesarias para desempeñar las funciones de dirección pública. Sobre ellas tendría que versar, lógicamente, la formación a impartir.

También hemos comentado que cabría compensar formación por experiencia. Por tanto, sería necesario pensar en una formación para el acceso a la función directiva. Y, por supuesto, también debería impartirse una formación permanente a las personas que desempeñan estas funciones. Todos podemos y debemos aprender, hasta los que más saben ;-).

Os dejo con unas reflexiones de Francisco Longo sobre la formación de los directivos públicos:

“La formación de directivos públicos es sin duda una de los ejes básicos de estos procesos (los procesos de cambio necesarios para la institucionalización de la gerencia pública). La dimensión dual de la formación (transmisión de conocimientos y habilidades, y modificación de actitudes y valores) la relaciona directamente con dos de las áreas de intervención a las que antes nos hemos referido: por una parte, incrementa las competencias directivas disponibles; por otra, contribuye de manera decisiva al cambio cultural.

La presencia en las organizaciones públicas de un número creciente de directivos convencidos de su papel y dotados de las competencias para ejercer como tales es, por sí misma, un factor dinamizador de los cambios a los que nos estamos refiriendo. Su lógica propensión a exigir un espacio propio, la incorporación a sus organizaciones de valores y modelos mentales diferentes, que contrastan con la tradición burocrática, son elementos que disponen de un indiscutible potencial transformador. La inversión en capacitación ha sido, en muchos casos de nuestro entorno, un comienzo de cambios importantes en las estructuras y maneras de hacer de las organizaciones públicas. No es un mal comienzo, en nuestra opinión.

Lo que sería un error es pensar que la formación, por su carácter, si se quiere, soft, a menudo más asequible y fácil de gestionar que, por ejemplo, las reformas estructurales y legales, es por sí misma la solución para institucionalizar la dirección pública. Cuando la formación adquiere ese carácter totémico, puede llevar, por una parte, a oscurecer el panorama y suministrar una imagen engañosa, por parcial, del panorama de reformas necesarias, y, por otra, a la frustración de muchas personas: aquéllas que, tras ser capacitadas como managers, y después de intentar sin éxito encontrar el espacio y el apoyo para desempeñarse como tales, acaban por comprobar que detrás de la inversión en formación no existía un propósito deliberado de reformar en profundidad la administración y consolidar la gerencia pública. Ni qué decir tiene que estos desenlaces “queman” las reformas y producen aprendizajes organizativos de signo contrario a los que estamos proponiendo”.

Espero que este incompleto post sirva para iniciar el debate sobre la formación de los directivos públicos.

Anuncios
  1. 26/12/2007 en 19:59

    Me alegra constatar que coincidimos en la importancia de la formación. Es difícil no estar de acuerdo en esto. La gracia está en acertar con el tipo de formación y con la forma de impartirla. Y como bien dice Francisco Longo, conviene que la formación vaya acompañada de otras iniciativas para profesionalizar la función directiva pública. Hace falta una estrategia que tenga en cuenta, al menos, todos los aspectos que estamos tratando en este debate. De verdad te digo, Senior Manager, esta no es mi materia. Una cosa es decir que los directivos públicos deben cumplir unos requisitos, que se han de seleccionar mediante procesos objetivos, que se les ha de facilitar una formación adecuada, que deben contar con una carrera profesional, etc. Y otra ser capaz de impartir la formación que necesitan. Como digo en el post, ya hay personas capacitadas para ello.

  2. Gustavo
    26/12/2007 en 17:28

    Muy interesante este blog. Aunque actualmente no desempeño función pública, si la realicé durante 15 años en Argentina, en una obra social para jubilados y pensionados. Durante 5 años fuí solo “agente”, y luego tuve cargo de distintos niveles de dirección: de supervisión y luego como Jefe. Tuve a cargo hasta 60 personas.
    Nadie nos enseñó a ser “agentes” y tampoco a ser “Jefes”. Se accedía por conocimientos de los diversos temas que tenía la oficina en cuestión, pero uno tenía que verselas con las propias habilidades y capacidades como para poder gestionar con eficacia el trabajo de los demás, y el propio. El hecho de estudiar la carrera de Psicología evidentemente me ayudó para comprender muchas cuestiones y configuraciones que se iban produciendo a medida que pasaba el tiempo, y en la medida de que yo mismo me iba “avivando” de lo que se me presentaba como “problema”. Y una cuestión importantísima que me ayudó a poder gestionar este pedazo de administración que se me había ofrecido y coordinar el trabajo de las personas, era reconocer las habilidades y potencialidades de cada uno de ellos, y darles trabajos con los que se sentían productivos y por los cuales podían brindarme ayudas para mejorar tanto su propia acción, como la mía. En estas circunstancias, irme de vacaciones era un período totalmente placentero, ya que estaba seguro que el grupo que había logrado tener, defendía su propia gestión, y por ende la mía, con total convicción y conocimiento, ya que yo en ningún momento había desmerecido su propio talento, capacidad y habilidad para su realización, y ellos sabían que personalmente me había nutrido de sus propios conocimientos, como administrativos y como seres humanos. Y asimismo, había sabido reconocer cuando me había equivocado con alguna evaluación o argumentación.
    En diez años de gestión como jefe pude observar numerosos episodios de conflictos que no tenían resoluciones agradables, ni para el agente ni para el jefe. También de múltiples generaciones de “malos rollos” al haberse otorgado funciones o trabajos a personas que no eran las adecuadas para ello, y la absoluta falta de tacto o incluso incapacidad para reconocer las equivocaciones, y enmendarlas, generando con ello ámbitos de justicia al que todos aspiramos.
    El reconocimiento del valor que tiene cada persona, no es valga la redundancia un “valor” en la administración pública. Por lo menos, en la que conocí, y creo que aquí en España tampoco.

  3. 17/12/2007 en 14:16

    Efectivamente la formación específica para la dirección pública es necesaria. Primero, porque las competencias directivas no es que sean innatas sino que se aprenden y se entrenan y, aunque la experiencia puede ser buena maestra, no suele ser suficiente. Y luego porque dicha dirección debe ponerse en el contexto de lo público que siempre es algo diferente.
    Hay escuelas que imparten esta formación: públicas (los institutos españoles, la ENA francesa, etc.) y privadas (ESADE, Instituto de Empresa, Harvard, etc). Todas creo que pueden ser buenas según las necesidades concretas de los alumnos.

  4. 16/12/2007 en 17:33

    Yo pienso que podrías “montar” un pequeño curso para empleados públicos y sus funciones…Digo, con todo el material que he leído en tu blog me parece que no te hace falta mucho para empezar a dar clases…Te lo digo en serio.

  5. 14/12/2007 en 21:51

    La formación siempre ha sido importante para mí, especialmente la dirigida al desarrollo de las habilidades de coordinación de grupos de trabajo, quizás por que en la carrera esos son aspectos que no se tocaban (no se si ahora ya se han dado cuenta de la necesidad).
    Siempre que puedo, que no es todo lo frecuentemente que me me gustaría, hago pues algún curso de este tipo.
    Este año por ejemplo he realizado un curso denominado “Resolución de conflictos utilizando la Inteligencia emocional” que dio origen al post “Utilizar la Inteligencia Emocional para resolver los conflictos en las Administraciones Públicas: el factor humano”
    Lo que sin embargo me encuentro casi siempre en estos cursos es que los directivos no están (no me considero un directivo). Seguramente están tan ocupados trabajando que no pueden perder el tiempo en prepararse para realizar mejor su trabajo.
    No sé porque pero me da la impresión que las habilidades directivas tradicionalmente se da por sentado que son innatas, o sea que ya se tienen cuando se ocupa un puesto de directivo. Lo cual entra en contradicción con el hecho de que el desarrollo de la carrera profesional muchas veces pasa por el ascenso, que conlleva una responsabilidad de dirección de equipos nueva para la que a lo mejor no estamos preparados.
    Aún así creo que efectivamente es muy necesario que los directivos reciban un refuerzo formativo continuado en habilidades directivas pues creo que esta es una asignatura pendiente que muchos suspenderían si les sometieran a examen.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: