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Administración pública: a males endémicos, soluciones radicales

21/01/2009

Recientemente dos de mis blogueros favoritos han publicados sendos posts que por separado pueden deprimirte, pero juntos te hunden en la miseria.

El domingo Rafael Chamorro, para celebrar el 20 aniversario de su ingreso como funcionario, hacia una lista de “problemas de la Administración“. El comienzo fue premonitorio, cuando su jefe le dijo: “aquí trabajamos de 8 a 3, vente mañana a las 9“. El balance de Chamorro se puede resumir en esta pregunta: “¿Por qué las Administraciones Públicas eligen y forman a excelentes profesionales para luego no dejarles desarrollar todo su potencial?“.

El lunes Oscar Cortés sentenciaba que “la AGE se aferra a seguir igual“, o sea, igual de mal, se deduce. Y citaba ejemplos “anónimos” de puestos sin contenido que no sólo se mantienen, sino que se vuelven a cubrir cuando quedan vacantes. El pan nuestro de cada día. Cada uno que ponga el chorizo que más le guste.

No me resisto a terciar en este debate de “abuelos cebolleta”.

Entre las causas de “la situación en que se encuentra la Administración”, Chamorro cita las siguientes: el mal ejemplo de muchos políticos a su paso por los cargos públicos, el mimetismo de algunos altos funcionarios que siguen la estela de los políticos, el corporativismo que antepone los privilegios de grupo frente al interés común, la forma de trabajar por presupuestos reñida con la eficacia y la eficiencia, los excesivos niveles jerárquicos, la falta de reflejos y la lentitud de la Administración, las formas obsoletas de trabajar, la poca voluntad de cambiar y, finalmente, la falta de reconocimiento social del funcionario. Esto último, para mí, es una consecuencia de todo lo demás, pero da igual.

Hay que decir, en honor a la verdad, que Chamorro propone soluciones para cada uno de los problemas que cita, pero lo que me interesa aquí es la enumeración de males endémicos que se ha molestado en recopilar. Hablaremos más adelante de soluciones. Y las suyas están a vuestra disposición en su blog.

¡Cuántas veces no habremos hablado de estas cosas entre amigos y, sobre todo, entre funcionarios!. Una de mis primeras lecturas sobre la Administración pública, cuando ya había comenzado a interiorizar mi cuota alícuota de frustración, fue “La organización del desgobierno“, de Alejandro Nieto. De esto hace ya más de 20 años y la mayoría de las disfunciones que se citan en ese libro siguen vigentes, con los matices que haya podido aportar la modernidad y, sobre todo, la incorporación de tecnología.

Es como si los males de la Administración fueran una especie de maldición, una desgracia irremediable, como la pertinaz sequía, y formaran parte indisoluble del paisaje administrativo. Acostumbrados a que las cosas sean como son, tendemos a pensar que no pueden ser de otra manera. Y esta percepción no tiene por qué ser exactamente así. La realidad tiene partes inamovibles a medio plazo, como el clima, y otras que no sólo pueden, sino que deben cambiarse. Es más, no intentarlo es una indecencia moral. Por ejemplo, la organización y funcionamiento de la Administración pública que tenemos.

Ya comenté hace mucho en este blog el que para mí es el principal problema de la Administración pública, aunque creo que lo expliqué fatal. A ver si ahora me sale mejor. El problema es muy sencillo. La desgracia de la Administración es que su (mala) suerte no le duele a nadie. Dicho de otra forma, la suerte de las personas que la integran es independiente de la suerte de la organización. Los responsables políticos se la juegan mucho más en otras cosas que en el resultado de su gestión. No mováis la ceja, porque esta afirmación es tan triste como cierta. Y en la carrera de los funcionarios computan toda suerte de méritos, menos lo mucho o poco, lo bien o mal, que hayan trabajado. Mérito que, dicho sea de paso, sería imposible acreditar, porque nunca nadie midió el desempeño de su trabajo.

¿A quién le duele pues la suerte de la Administración? Pues de dolerle a alguien, sería a lo que antes se llamaba el administrado, o sea, el ciudadano y, en sentido amplio, también las empresas. Pero debe ser un dolor difuso, porque apenas se quejan. Y cuando lo hacen, lo mismo se quejan del lado bueno que del malo, lo que viene a dificultar aun más el diagnóstico.

Así las cosas, ¿qué se puede hacer para mejorar la suerte de las administraciones públicas?

La solución casi siempre está en el diagnóstico. Si los objetivos de la organización no están alineados con los de las personas que la mueven, habrá que hacer exactamente lo que estáis pensando. Por ejemplo, la introducción de la figura del directivo público, ligando su suerte a los resultados de su gestión, es una forma de comenzar a alinear los objetivos. Se me ocurren medidas similares con respecto a los responsables políticos y a los funcionarios, pero tampoco os lo quiero dar todo mascado. Poned algo de vuestra parte, que para eso estamos en lo 2.0.

La línea de actuación que hemos apuntado es tan potente que podríamos dejarlo aquí, pero no quiero terminar sin citar la otra que tengo en la cabeza. Seguramente, ya os la estáis imaginando, porque está de supermoda. No, no es la innovación. ¿Qué permite hacer las cosas, digamos, sin esmerarse demasiado? Por ejemplo, que no trascienda lo que se hace, o sea, que casi nadie se entere de ello. En este punto, los controles formales son la coartada perfecta, porque sólo sirven, en el mejor de los casos, para evitar algún que otro acto delictivo, pero aportan poco a la calidad de la gestión. ¿Y qué nos obliga a ponernos las pilas en el trabajo? Pues lo contrario. Por ejemplo, la transparencia de nuestras actuaciones y la participación de personas interesadas ante las que hay que responder. Arrimando el ascua a la sardina de nuestras ideas, digo que trabajar en red es el mejor antídoto contra la ineficacia.

¿Os acordáis del Open Government? Pues esa es la otra receta potente para mejorar la suerte de la Administración pública.

Lo dicen hasta en el nuevo blog de la Casa Blanca:

  • Primera prioridad – Comunicación: tener a todo el mundo al día e informado (briefing room, feed RSS, novedades por e-mail, etc.).
  • Segunda prioridad – Transparencia: el objetivo es hacer de esta Administración la más transparente de la historia dando amplia difusión a todos los documentos presidenciales.
  • Tercera prioridad – Participación: es una prioridad para esta Administración e Internet jugará un papel importante en este sentido. Publicaremos toda la legislación no urgente en la web durante cinco días para que la gente la pueda ver y hacer comentarios antes de que el Presidente la firme.

Vía Oscar Cortés: Primeros pasos hacia una presidencia abierta.

La verdad es que ya está casi todo escrito, la cuestión es pasar de las ideas a la acción.

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  1. 21/01/2009 en 21:47

    Bueno Iñaki, después de tanto pesimismo, sólo puedo decirte que este blog es un ejemplo de la proyección social de tu trabajo en la sociedad, más importante que las jerarquías, que cualquier maldición fatídica, que la frustración..etc…algo que individualmente te proporciona un desarrollo humano, a la vez que colectivamente muchos aprendemos. La Administración no es una Empresa, pero bueno, puede haber similitudes…Los Mercados son Conversaciones.. El mercado basado en las conversaciones será el nuevo instrumento planificador de la economía supeditada a la Polis. Tu “mercado” es la ciudadanía y estás abriendo desde este pequeño gran paso que es Administraciones en Red , multitud de conversaciones…
    Yo percibo un cambio. Iñaki : Aurrera, beti aurrera!

  2. 21/01/2009 en 22:08

    Creo que el principal de los males es que muchos funcionarios no son capaces de verle sentido a lo que hacen. Y es normal, porque lo que tocan son trámites y expedientes. Pocos son afortunados de tener como tarea solucionar los problemas de los ciudadanos, hacer que algo mejore.
    Hay que reorganizar la Administración para que cada equipo pueda dedicarse a la caza del mamut lanudo, a actividades por las que merezca la pena trabajar, con responsabilidad y con autonomía.
    Creo que esto que digo no es incompatible con tus recetas, sino complementario.

  3. Morgana
    21/01/2009 en 23:16

    Yo querría añadir un apunte que me parece relevante en esta discusión: hace unos días, un subdirector general me decía: “La Administración se está convirtiendo en un inmenso gabinete de alto cargo”. A lo que yo respondí: “quieres decir gabinete de prensa no?”. “Si, exactamente, me contestó”. Tenemos muchos la impresión de trabajar mucho más para conseguir noticias y mensajes a los medios que para mejorar en profundir los problemas del país.

  4. 21/01/2009 en 23:58

    Yo me apunto también a la charla en el banco del parque con los abuelos cebolleta 😉
    Lo primero es no perder la esperanza ni la perspectiva. La Administración es como un gran barco, un crucero de esos del Caribe. Pesa mucho. Pero se puede conseguir moverlo, con suficiente tiempo y fuerza. De hecho, ya la estamos moviendo.
    Además, se moverá mejor si todos empujamos en la misma dirección. Ahora para mí la dirección la marca el estilo Obama y se llama participación ciudadana. Tú mismo lo has puesto Iñaki.
    Lo tercero es ver cómo estaba y cómo funcionaba hace, por ejemplo diez o veinte años. Yo todavía recuerdo rellenar acongojado en papel la declaración de la renta, cualquier suma o resta errónea y te mandaban la declaración paralela (me pasó!).
    A veces damos tantos pedales todos los días que no alcanzamos a ver los kilómetros recorridos. Y no me gusta recorrer los kilómetros solo. Me gusta pensar que voy acompañado. Que un poco de visión repartida a diario es bueno. Que el expediente nuestro de cada día no sea lo único. Leer un blog, que me den alguna charlita sobre algo nuevo, aportar ideas hacia arriba, hacia abajo o hacia los lados. Ver a mis antiguos compañeros acompañando la charla con un buen vino y unas tapitas, por ejemplo.
    Dicho esto también me llevo disgustos y decepciones. Tras un tiempo todos pasamos por un pequeño pozo, o grande, de desesperanza. Muchas veces el esfuerzo se desperdicia, proyectos que iniciamos con ilusión se desmoronan como un castillo de naipes. Entonces merece la pena un cambio. No necesariamente más dinero o más “nivel”. Hay que fomentar la movilidad de la gente.
    Y aunque es humano y muy típico del funcionario, dejar de mirarnos el ombligo. Pensar más en el otro lado.
    Yo no creo que los cambios verdaderos en las Administraciones, como en la sociedad, vengan de arriba a abajo. No creo en los grandes planes, proyectos o leyes o lo que sea que unas grandes cabezas pensantes hayan diseñado para hacer un mundo más feliz. El mundo feliz lo será porque lo construyamos de abajo a arriba. Por que seamos nosotros las personas, cada uno a su estilo, mucho o poco, las que lo vayamos construyendo. Así que, para resumir, comunicación, transparencia y participación, más claro, el agua.
    Bueno esto ha sido un chorro, no se si muy coherente, pero ahi queda.

  5. 22/01/2009 en 00:06

    Hola Inaki, me gusto mucho tu post, sobre todo ahora que estoy en el sector privado veo una diferencia de perspectiva enorme, de valores.
    Estoy de acuerdo y te hago solo un comentario.
    No se puede separar las ideas de las aciones. Vuestros blog son palabras, pero son una accion potente tambien.
    Y creo que el mundo publico va en dos direciones quizas contradictoria. Mas transparencia, asi que algunas cosas (como la frase de chamorro ) ya no van a quedar aceptada. Y la importancia de la comunicacion que guia toda estrategia, como comenta Morgana. Hay una tendencia hacia MAS VERDAD, y otra hacia MAS APARENCIA, y las dos son muy actuales y conectada con el desarrollo de Internet. Buenas noches

  6. 22/01/2009 en 08:30

    ….. Y es que además, todo lo que cita Iñaki tiene un doble contexto, el de la Administración Pública y el de informática y nuevas tecnologías. Por mucho blog, 2.0, mucho hablar de innovación, creo que hoy el profesional informático igual que el funcionario está totalmente desprestigiado, lo mismo vale para un roto que un descosio., si es que vale para algo
    Parece que está destinado algo auxiliar en vez de motor de transformación. En los Ayuntamientos de ciudades de tamaño mediano, veo multitud de plazas para funcionarios tipo “Técnico de Juventud”, ” Técnico de Comercio… ” ¿ Existe alguna plaza específica para algún ingeniero informático, para algún ingeniero de telecomunicaciones o un FP II de Informática???? Que nadie piense que voy de”titulitis” pero La “corporación” se resiste a meter elementos de este tipo en la Admón. Me pregunto si en esta vorágine algún día los Ertzainas serán de Prosegur.Me temo que cuando se habla en la política, en la prensa de INNOVACIÓN, NUEVAS TECNOLOGÍAS…hay mucha palabrería. Pero, los hipervínculos romperán las jerarquías….

  7. Morgana
    22/01/2009 en 16:43

    Profundir no está en la RAE ni en mi vocabulario 🙂 quería decir profundos pero no sólo no pongo acentos, sino que además no releo y escribo de forma poco cuidadosa. Perdón

  8. 24/01/2009 en 19:58

    En mi opinión, ya se está moviendo algo; las pedaladas, como dice Felix, aunque despacio, consiguen desplazar la barca. El problema principal creo que está en el enfoque que se le dan las cosas en la Administración. Los funcionarios estamos tan acostumbrados al papeleo que cualquier cosa la convertimos en más papeleo; ejemplo: la calidad. Sí, reconozco que no es el mejor ejemplo. Que la calidad conlleva papeleo hasta en el sector privado. Pero es que en la Administración, desde arriba, lo que se transmite es sólo eso, “papeleo”. La gestión de la calidad debería ser un proceso con el que se promueva la mejora; debería estar enfocada a conseguir innovaciones. Pero si el enfoque se centra sólo en cumplir con los trámites y hacer el papeleo… de poco servirá el resultado.
    Pero como suelo decir, soy optimista. Ayer mismo, sin ir más lejos, asistí a una reunión sectorial del gobierno de mi universidad pública, en la que me sorprendí al observar que se está iniciando un proceso experimental en la gestión, del que me hicieron partícipe 🙂

  9. 26/01/2009 en 13:30

    Iñaki, gracias por las referencias…. No pretendía hundir la moral a nadie, y lamento si lo he hecho jajaja…. Pero esta es la realidad, especialmente en la AGE. A nivel central es que el tema está duro, duro, duro…… Las Administraciones autonómica o local son otra cosa. No las doy tan por perdidas; cierto es que las autonómicas, muy jóvenes, han copiado patologías de la AGE pero también es cierto que muchas de ellas como la vuestra funcionan (creo que) mejor y es más factible cambiar als cosas. El cambio será un proceso largo y vendrá desde muchos frentes como dice Félix pero tiene que producirse… por mucho que políticos y funcionarios corporativos (los dos grandes cánceres que impiden las mejoras) se empeñen

  10. 26/01/2009 en 22:44

    Entonces, añado los siguientes males endémicos:
    – Dificultad de encontrar sentido al trabajo donde sólo se ven trámites y expedientes.
    – Se prioriza la imagen que se proyecta a la ciudadanía, en lugar de solucionar sus problemas.
    – Insuficiente dotación de profesionales TIC.
    – Tendencia de los funcionarios a la burocratización.
    – Falta de liderazgo político y excesivo corporativismo.
    Pero me quedo, sobre todo, con el optimismo que se trasmite en la mayoría de los comentarios. Como dice Félix, la Administración es un barco pesado, pero se puede mover. Sobre todo, si empujamos en la misma dirección.
    Y me ha gustado también la declaración dospuntocerista de Félix:
    “Yo no creo que los cambios verdaderos en las Administraciones, como en la sociedad, vengan de arriba a abajo. No creo en los grandes planes, proyectos o leyes o lo que sea que unas grandes cabezas pensantes hayan diseñado para hacer un mundo más feliz. El mundo feliz lo será porque lo construyamos de abajo a arriba. Por que seamos nosotros las personas, cada uno a su estilo, mucho o poco, las que lo vayamos construyendo. Así que, para resumir, comunicación, transparencia y participación, más claro, el agua”.
    ¡Ánimo, que hay que seguir moviendo este barco!

  11. 05/03/2010 en 10:39

    Soy una ciudadana más que debido a mi trabajo veo prácticamente a diario como aquellos que han sido “contratados” para servir al pueblo, se dedican a torturarlo y venderlo al mejor postor.
    Esta sociedad se basa en el individualismo y no somos conscientes de la fuerza que la unión tiene. Si algo no funciona, arreglemoslo; es así de simple. Si la administración pública no rinde como debiera, busquemos los errores y aquellos que los cometen.
    Se trata de hacer una revolución intelectual donde todos y cada uno de nosotros tome conciencia de la necesidad de unir nuestras quejas y nuestros esfuerzos para conseguir que este mundo funcione un poco mejor.
    http://www.quenonostomenelpelo.org/public/

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