Inicio > Funcionariado, Gestión pública > Sobre la dirección pública profesional

Sobre la dirección pública profesional

04/01/2012

Está en marcha una campaña a favor de la dirección pública profesional que puede apoyarse a través de la web Actuable.

He apoyado esta campaña porque comparto básicamente las ideas que la sustentan. La dirección pública profesional, desde mi punto de vista, es una figura organizativa clave para racionalizar el funcionamiento de la Administración pública. Esta figura está esbozada en el Estatuto Básico de los Empleados Públicos y ahora falta que cada nivel administrativo la desarrolle y la aplique en su ámbito respectivo.

Precisamente, el último día del año conversé en Twitter con varios funcionarios sobre este tema. Y es verdad que, a veces, la cuestión de la dirección pública profesional se plantea como un pulso entre políticos y funcionarios.

Creo que mi postura es sencilla de explicar. Existe en la Administración pública un nivel directivo que debe ser ejercido por personas que acrediten su adecuación para ello, con independencia de que sean funcionarios o no. El criterio de cobertura de los puestos directivos no puede ser ni una adscripción política determinada, ni tampoco el hecho de haber desempeñado puestos técnicos o funcionariales en la Administración durante un periodo de tiempo más o menos dilatado (método del carbono 14). Tiene que haber un procedimiento profesional de selección de los directivos públicos que permita predecir su idoneidad de una forma más eficaz que los métodos actuales, basados exclusivamente en la discrecionalidad.

A partir de ahí, debe preverse una carrera profesional, un sistema formativo, unos procedimientos de evaluación, etc.

No me quiero alargar aquí sobre este tema. Ya he escrito bastante sobre ello en este mismo blog. Y muchos otros han escrito más y mejor. Simplemente, una última reflexión: creo que es bueno que haya permeabilidad entre los directivos públicos y los del sector privado. La Administración pública puede enriquecerse con la aportación de las personas que han desarrollado su carrera directiva en el mundo de la empresa, siempre que sean profesionales de capacidad y trayectoria acreditadas.

Por resumir, mi propuesta se concreta en que la Administración pública reclute sus directivos mediante los mismos sistemas de selección que utiliza cualquier organización seria.

Anuncios
  1. 04/01/2012 en 09:31

    Coincido contigo en la necesidad de desarrollar la figura del directivo público, efectivamente, vemos como el carbono 14 suele ser regla básica complementada con la voluntad política. Precisamente por ese último condicionante y sus efectos, creo que el directivo público profesional debe reunir la condición mínima de funcionario. Dejar la puerta abierta a que no lo sea es la mejor garantía de que no lo sea, que la arbitrariedad reine en su designación. Eso es precisamente lo que tenemos ya hoy en la AGE, con puestos de DG que pueden ser exceptuados de la condicion de funcionario, y que si baja un nivel más hasta el nivel de SG puede convertir las reuniones de los comites directivos en asambleas de las agrupaciones de barrio de los partidos. La “capacidad acreditada” que indicas en algún nombramiento de DG para puesto exceptuado que recuerdo era perfectamente descriptible. ¿eso es lo que queremos para los directivos públicos?

    La permeabilidad que indicas entre sociedad y administración, ya existe. Los funcionarios no somos seres de otras galaxias, sino que venimos de la sociedad. Muchos con un pasado en lo privado, pasado que se desdeña en los procesos selectivos y eso si que no debiera ser así. En cualquer caso, somos conscientes de los problemas a nuestro alrededor.

    Si creo coincidir contigo en la peligrosa endogamia pública que se acentua en el nivel directivo. Habría que fijar límites temporales en el ejercicicio continuado de la función pública y del poder directivo en la funcion pública, mecanismos de transición hacia lo privado sin perder la condición de funcionario (e.g. excedencia, años sabáticos trabajando para empresas, …) que permitiera al funcionario embeberse más de la realidad del sector en que desarrolla su labor.

    En fin, un tema que da para comentarios más allá de los fogonazos de 140 caracteres del dia de nochevieja.

  2. 04/01/2012 en 09:39

    La verdad es que nunca he terminado de entender cómo puede llegar a ser polémica una postura tan razonable como la que explicas. Otra cosa es cómo se concreta y ahí Andrés Nin saca a la luz algunos de los debates que habrá que mantener. Yo también firmo.

  3. 04/01/2012 en 10:52

    Yo tampoco entiendo pq es tan complicado (y polémico) desarrollar la figura del directivo público, debería ser mucho más transparente.

    A mi juicio, creo que hay que realizar 3 “des”, esto es:

    Desmitificar/Desdramatizar la dirección pública: Es un cargo directivo que no es ni mejor ni peor que los cargos directivos del sector privado.
    Despolitizar la dirección pública: Como comentáis, a menudo la dirección política es utilizada para pagar favores que tienen los partidos políticos y, también, como pre-jubilación de algunos políticos de carrera.
    Desarraigar esta manera poco seria de actuar en la designación de cargos directivos del sector público. Éste tiene un peso muy importante en la calidad de vida de las personas, por ello es lógico y absolutamente necesario establecer criterios que favorezcan poder seleccionar las personas más adecuadas.

    Yo también he apoyado la campaña.

  4. Iñaki Ortiz
    05/01/2012 en 02:11

    Un placer volver a conversar con vosotros en este blog ;-).

    Añado algunas observaciones:

    1. No creo que se deba despolitizar la Administración pública: en un sistema democrático representativo, como el que tenemos, las políticas públicas deben responder a la voluntad popular expresada en las urnas. Por supuesto que eso no lo pongo en duda, pero me parece que seleccionar a los directivos públicos en base al criterio principal de su afinidad política es una interpretación errónea de esta legitimidad democrática. Lo más coherente para llevar a buen puerto las políticas refrendadas por la ciudadanía sería, precisamente, contar con las personas idóneas para ello.

    2. Entiendo la desconfianza de los funcionarios: todos conocemos malas prácticas en el uso de la discrecionalidad, pero no creo que sea imposible establecer mecanismos de selección de los directivos públicos en base a criterios profesionales, igual que existen procedimientos razonablemente fiables de selección para los niveles administrativos funcionariales. Es precipitado desacreditar el sistema de selección antes de ponerlo en marcha e, incluso, antes aún de haberlo definido.

    3. Valoro la permeabilidad entre los directivos públicos y los del sector privado como un rasgo del Gobierno Abierto: si queremos acercar la Administración a la sociedad sería bueno que hubiera movilidad entre los directivos públicos y privados. Y no me parece que esa permeabilidad quede satisfecha por la posibilidad de acceso a la Administración mediante oposición. Por cierto, sería bueno que la movilidad entre los directivos fuera en los dos sentidos, porque denotaría el prestigio de la dirección pública y, por extensión, de la gestión pública.

    4. La dirección pública profesional debe dotarse de un modelo flexible : la flexibilidad es un sino de los tiempos líquidos que nos toca vivir. La dirección pública profesional debería ser referente de un nuevo modelo de función pública más acorde con la sociedad actual a la que servimos. Por eso no comparto el punto del manifiesto “A favor de la dirección pública profesional” que propone establecer un sistema homogéneo a nivel nacional, similar al de los habilitados estatales. A lo mejor es un prejuicio mío, pero no me gusta el modelo de cuerpos.

    • 05/01/2012 en 07:02

      Como sucede a veces, el comentario es más sustancioso que el propio post. Estoy de acuerdo.

      Necesitaría que alguien me iluminara con el asunto de los cuerpos. A mí tampoco me gusta ese modelo, pero al tiempo tengo que reconocer que es un sistema que no conozco bien.

    • 05/01/2012 en 08:36

      Iñaki,

      Coincidimos plenamente, es cierto que no se puede desvincular la Administración Pública de la política, en caso contrario estaríamos en un gobierno de tecnócratas basado en criterios técnicos y no políticos: en resumen, muy peligroso (por decirlo de alguna manera).

      Cuando yo me refería a la despolitización de la dirección pública me refería a que la designación de cargos directivos públicos no esté basada en afinidades para con los partidos políticos.

      Resumiendo: sí política en la administración pública, no a la excesiva presencia de los partidos políticos.

      Precisamente ayer llegué a este artículo dónde relaciona la corrupción en España con la designación de cargos directivos públicos.

      Por otro lado, creo esencial la permeabilidad entre los sectores público y privado, por el beneficio de ambos (no sólo para mejorar la Administración Pública).

      De hecho, también creo que sería muy beneficioso aumentar la permeabilidad entre el sector académico (especialmente) el universitario y el sector empresarial (ya sea público o privado).

      Saludos.

  5. Sergio González
    06/01/2012 en 10:15

    completamente de acuerdo. Que no sea mas un pulso entre técnicos y políticos. Que los puestos que realmente sean técnicos vayan precedidos de un procedimiento de selección válido (aunque esto siempre entraña dificultad) y que la administración pública no quede a la deriva cada vez que hay elecciones

  6. 06/01/2012 en 21:26

    ¿Solo debe mejorarse la selección de los directivos en la Administración Pública?

  7. Iñaki Ortiz
    07/01/2012 en 00:12

    No, Iñaki, la selección de los directivos no es lo único que debe mejorarse en la Administración pública. Hay unas pocas cosas más que también deberían mejorarse ;-).

    Por cierto, hablar de “mejorar” cuando nos referimos a la selección de los directivos públicos es un eufemismo notable. Más bien, está todo por hacer.

  8. 07/01/2012 en 05:37

    Creo que el momento actual es delicado. Ojo con cómo se percibe a “la dirección” y a la forma en que se elige. Tema ultrasensible cuando buena parte de la capa base -ciudadanía de a pie- está jodida y, supongo que por complejas razones, se siente engañada y desconfía, además, de los políticos. ¿Quién elige a la dirección pública? ¿Un sistema “aséptico” tecnocrático basado en los méritos? ¿Son pruebas prácticas? ¿Mediante una serie de variables ponderadas que terminan por aportar un número final que es la verdad?
    Vamos a la empresa privada. ¿Cómo elegimos a la dirección? Lo más habitual es por “cercanía”, tras un proceso de evaluación -quizá externo y pagado- que muestra tres alternativas y sobre las que “el poder” decide. Cuidado con replicar modelos de lo privado. Si, además, eliges por promoción interna, lo más probable es acabar con una persona amiga (la elegida) y muchas enemigas (que consideran que el sistema es injusto y que siempre colocan a “los de siempre”).
    Para mí puede tener mucho más interés -perdón, que voy a lo bestia- eliminar un buen número de direcciones públicas. Siempre me voy a esa pregunta tan brutal cuya respuesta puede dejarte helado: Oye, ¿tú qué tal trabajarías si mañana no viene tu jefe a currar?
    Y la respuesta es: Mejor.
    Por supuesto que si la dirección pública se profesionaliza, mejor. Pero cuando emerja “el cuerpo de dirección pública” a lo mejor tenemos un monstruo entre las manos. O no. Y de esta forma se elimina el absurdo actual del carbono 14. Pero si se va a una profesionalización de la dirección pública que no sea, por favor, reproduciendo los modelos de la empresa privada. Muchos de ellos son prescindibles al cien por cien.
    Un placer leeros de nuevo.

  9. 07/01/2012 en 07:17

    Disculpas, que ya me he calentado un poco, dejo versión extendida: ¿Cómo elegimos a la dirección? Fieles para una nueva religión
    Ciao!

    • 07/01/2012 en 12:34

      Julen, en tu post lo dejas más claro, pero no hay que mezclar el hecho de que se pueda recortar el número de cargos públicos, con el hecho de que se pueda mejorar la manera de seleccionar a los que haya.

      En cuanto a lo primero, yo también sospecho que podríamos funcionar ya no sólo con menos gerentes, sino incluso sin niveles enteros de gerencia. Por ejemplo, nosotros solemos tener 3 niveles de cargos públicos [consejera, viceconsejera, directora] y un mando intermedio [jefe de servicio]. Sería interesante probar qué tal nos las arreglamos con dos niveles menos; esto es, con un nivel de cargo menos y sin mandos intermedios -con las excepciones que fueran necesarias.

      Estamos de acuerdo en no imitar a lo privado de forma acrítica. De hecho, en algunos servicios públicos contamos con otra forma de entender las gerencias. Me refiero a esas organizaciones a las que Mintzberg llamaría “burocracias profesionales”, siendo el ejemplo más claro la sanidad pública. Como en toda burocracia profesional, el poder está en la base de operaciones -el médico, que es un productor de servicios, tiene autoridad y libertad- mientras que los directivos son administradores al servicio de los productores -muchas veces ni siquiera están mejor pagados-, y que no entablan tanto una relación de poder como de servicio. ¿Qué tal nos iría adaptando ese modelo de manera más general?

      Por lo demás, inspirador tu post. Me parecen muy interesantes las formas no científicas de selección, basadas en la aceptación del grupo, pero que además permitan la entrada de personas diversas, que aporten nuevas miradas desde el exterior de las organizaciones.

  10. 10/01/2012 en 08:37

    Me pronuncié al respecto hace unos años: http://i-publica.blogspot.com/2007/10/directivos-pblicos-la-pugna-entre.html
    Cambiaría poco la verdad el sentido de este post. Creo que sigue plenamiente en vigor.

  11. 11/01/2012 en 23:08

    Qué tema tan interesante y qué lástima que el post del 2007 de Oscar siga teniendo hoy la misma validez !! No sólo eso, estoy segura de que si buscamos bastante más atrás encontraremos comentarios que seguirán siendo igual de válidos, así que la conclusión es que es un problema conocido que hasta ahora no ha interesado resolver.
    Sigo pensando que la situación es tan mala que no nos podemos escapar de acometer cambios en la gestión pública y eso a pesar de que parecen empeñados en demostrarnos que se puede salir de la crisis sin cambiar lo que no funciona simplemente reduciendo y recortando lo que no funciona y ya de paso lo que sí. El tiempo juzgará.
    Centrándome en la profesionalización creo que hay que evitar la tentación de reducir el debate a funcionarios sí o no. Seguro que todos podemos nombrar directivos públicos nefastos que son funcionarios y ese caso todavía es peor porque no tienen una fecha de caducidad en el puesto tan clara como los políticos.
    El debate es cómo garantizar que el que accede a esos puestos críticos para la organización esta preparado y lo que a mí me parece casi más importante cómo evaluar el desempeño y que dado el caso la sustitución se produzca como una consecuencia natural.

  1. 04/01/2012 en 14:22
  2. 31/01/2012 en 06:29
Los comentarios están cerrados.
A %d blogueros les gusta esto: