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Viaje al fin de la noche – la transparencia no basta

03/01/2014

Cada vez somos más los que creemos que la transparencia -una transparencia de verdad, radical- es el objetivo más importante a alcanzar en el ámbito de lo público. La transparencia supone acrecentar los recursos para el conocimiento y pone las bases para entender lo público e involucrarse en su mejora. Es un elemento indispensable tanto para la innovación pública como para el Gobierno abierto. Sin embargo, la transparencia se está demostrando ineficaz para revertir la podredumbre de nuestra clase dirigente. A mayor conocimiento de la corrupción, mayor desvergüenza de los corruptos, y mayor parálisis de la sociedad, que asiste estupefacta en sus butacas a esta película de terror.

2013 ha sido un año horrible. Ha sido el peor de una larga secuencia de años horribles. El mayor problema no ha sido la crisis económica: seguimos siendo un país relativamente rico.  Esta podría haber sido una gran ocasión para ejercer la solidaridad, el decrecimiento, el ocio y la autorrealización. Ocasión perdida.

Como decía, ha sido un año horrible, fundamentalmente en dos aspectos:

  • La desigualdad social ha crecido de manera espeluznante, ante la indiferencia general.
  • El cinismo y la corrupción de nuestros mandatarios -públicos y privados- ha alcanzado un nivel insoportable.

2014 promete ser aún peor, con un aumento en la desigualdad y en el cinismo. Hoy no toca hablar sobre la desigualdad social, así que me limitaré a esta cita:

España, séptimo país con sueldos más bajos y cuarto con beneficios más altos

Durante el cuarto trimestre de 2012, por primera vez desde que se empezaron a guardar los datos allá por 1980, la suma de los beneficios empresariales superó a la de los salarios de los españoles.

¿Para qué trabajar? Sale más a cuenta vivir de las rentas. Pero para eso hay que tener rentas. Precisamente a eso, a enriquecerse, es a lo que dedica su tiempo nuestra casta dirigente. Y por casta dirigente me refiero tanto a quienes gestionan lo público, como a los grandes gerentes de lo supuestamente privado.

No sé si el nivel de corrupción ha crecido o si, simplemente, ha aumentado nuestro conocimiento. Cualquiera de las dos conclusiones es espantosa, pero la segunda es, seguramente, la peor, ya que el conocimiento de la inmoralidad no nos está ayudando a combartirla. Como ha dicho el juez Silva En España la noticia no es que haya corruptos, es que hay impunidad. El caso Caja Madrid -o caso Blesa- muestra mejor que ninguno la podredumbre del sistema que nos gobierna. La colección de correos electrónicos que se ha dado a conocer hubiera sido suficiente en cualquier país democrático para hacer dimitir a medio Gobierno. Ya no hablo de ir a la cárcel, porque parece que siempre hay resquicios jurídicos para que la corrupción no pene. Lo que echo en falta es la mera capacidad de sentir vergüenza.

¿Habéis leído alguno de los correos? Yo, que he leído a Céline, jamás había sentido un rechazo mayor, sin la compensación de un buen estilo literario. Asco es la palabra. Y desesperación de conocer cómo cuatro señoritos -y señoras- se reparten nuestros bienes de manera insaciable, y cómo la propia actividad de rapiña les agrada y les divierte.

Pero el caso Blesa no ha sido el único de este año:

El último estudio elaborado por el Consejo General del Poder Judicial, publicado a finales de abril tras un exhaustivo trabajo de campo, señalaba que los juzgados españoles están investigando 1.661 casos de corrupción; de los cuales 302 son considerados como macroprocesos.

Por el camino, se han ido enfangando los partidos políticos mayoritarios, la monarquía, la banca, grandes empresas, Administraciones públicas, clubes de fútbol, sindicatos. Hemos repetido muchas veces que no deben pagar justos por pecadores, que la mayor parte de las personas que se dedican a la política -o a la empresa, el sindicato…- son honradas. Pues ya no vale. Los honrados han de hacer más.

Las soluciones tipo Sodoma -hacer llover azufre y fuego sobre las instituciones- serían aún peores y pueden llevar a comprometer el propio sistema democrático. Lo que nos toca es más defender que atacar. Curiosamente, el poder teme que se den levantamientos populares y se ha atrevido a plantear una Ley de seguridad innecesariamente franquista. Se saben culpables y temen que algún día hayan de pagar por sus crímenes.

Como decía al principio, la transparencia no es suficiente. De nada vale conocer la contabilidad oficial de un partido, si mantiene además una contabilidad B. Conocer es necesario para actuar, pero si no hay acción, ese conocimiento se atasca en las venas de la sociedad. Tampoco espero nada de la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno. No está diseñada para acabar con la corrupción. Ni para conseguir transparencia.

Cuatro pequeñas ideas para la acción:

  • Transparencia radical: no es suficiente, pero es necesaria. Esa transparencia sólo va a venir a regañadientes, por lo que somos la ciudadanía quienes debemos hacerla efectiva. Snowden y Assange son santos de nuestra época. También Eva Belmonte.
  • Usar las elecciones europeas: a mucha gente le parece impensable cambiar el sentido de su voto, pero parece que en las europeas cuesta un poco menos. Soledad Gallego-Díaz da ejemplo al explicitar qué exige ella al partido que quiera su voto.
  • Si realmente hay gente honrada en los partidos políticos, han de salir a la luz con comportamientos ejemplares. Quien no se significa en contra de la corrupción de los suyos, los justifica.
  • Presionar para que se instaure un sistema de castigo de la desvergüenza. No me refiero sólo a endurecer las penas, sino a que las instituciones -los partidos, los Gobiernos, los sindicatos…- se ocupen de limpiar la basura de sus casas. No puede ser que mantengan sus cargos personas que, no sé si serán condenadas penalmente, pero que se han demostrado indignas de ocuparlos.

En fin, seguro que se os ocurren más medidas. Existe también un plan B, que sería la solución “a la española” -o “a la vasca”, en esto no somos diferentes. Consiste en no hacer nada contra los corruptos pero quejarnos mucho de ellos. Consiste en replicar el sistema de corrupción a pequeña escala, fomentando la evasión fiscal, el nepotismo, el pequeño fraude. Consiste en soportar el sistema de corrupción en la esperanza de que algún día nos toque entrar en el grupo de agraciados.

Feliz año 2014, amigos. Tras este post tremendista, pronto volveré a mi habitual optimismo.

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  1. 04/01/2014 en 05:34

    Pues sí, Alberto, habrá que volver al optimismo y, como dice Ritxi, seguir entrando por las rendijas que el sistema va dejando. Cierto que esto se pasa de castaña oscura. Parecería que no tiene límite, que siempre hay una nueva que añadir a la lista. Deleznable. Y aquí estamos, asistiendo a esta descomposición que parece más extendida de lo que nunca supusimos.
    Ánimo, que en lo que nos toca, cada cual tenemos que poner nuestro granito de arena.

  2. Carlos de la Fuente
    04/01/2014 en 11:48

    Alberto, me parece que una vez más, das en la clave. El inconformismo de butaca de salón conlleva esta pasividad y transigencia activa de la que somos cómplices. Lo que vemos a nuestro alrededor nos deja estupefactos todos los días y seguimos tragando. No es solo un problema de transparencia, sino de dignidad. Más compromiso y empezando por uno mismo. Como decía el autor: Ojalá pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de Nievi, … Basta ya !!

  3. Iñaki Ortiz
    06/01/2014 en 12:18

    La ciudadanía tiene dos instrumentos muy claros para expresar su opinión: el voto y el consumo. Como bien dices, las elecciones europeas son una oportunidad.

    La buena noticia es que la insatisfacción (por el deterioro de las condiciones materiales de vida) y la indignación (por la corrupción y, sobre todo, por la incompetencia de quienes supuestamente ejercen el poder) pueden acelerar el cambio de cultura y de valores que ya necesitábamos antes de la crisis actual.

    Por cierto, hoy publica El País un artículo sobre el aumento de la desigualdad en Europa. Es muy clarificadora la infografía.

    Eso sí, hay alternativas reales para pasar de la queja a la acción. En esta página hay unas cuantas para que cada cual elija las que más le gusten: http://www.economiasolidaria.org.

  4. 07/01/2014 en 16:33

    Una realidad deprimente. El problema real es el que indicas al final: la corrupción moral generalizada, esa identificación universal con poderosos y corruptos (tantas veces sinónimos) a medio camino entre la estupidez y el egoísmo más primitivo. Y no sólo ocurre por estos lares (http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-01-07/el-mensaje-que-la-clase-media-envio-a-los-que-mandan-nos-podeis-seguir-robando_67943/).

    Si me pongo a pensar, soy muy pesimista. Me preocupa que esta situación no es nueva en la historia. e históricamente las sociedades vuelven a la razón (temporalmente) tras una catástrofe. Todo parece indicar que aun no hemos sufrido lo suficiente.

    Pero ésto es sólo si lo pienso. Mi parte emocional sigue siendo irremediablemente optimista. Menos mal.

  1. 03/01/2014 en 18:59
  2. 06/02/2014 en 12:58
  3. 26/03/2014 en 22:03
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