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A vueltas con la medición


En el post de abajo, dice Iñaki: “Supongo que el debate no es indicadores: sí o no”. Efectivamente. Los indicadores son sólo un medio para. Cuando nos olvidamos de ello, tienden a reproducirse absurdamente.

Julen citaba un meme que él atribuye a Goldratt, “dime cómo me mides y te diré cómo me comporto”. La medición introduce, como diría Bateson, una distinción. Construye una cultura. Por ejemplo, si lo único que me mides es el cumplimiento del horario laboral, acabaré por entender que lo único realmente importante es fichar a la hora adecuada.

¿Qué es lo que está necesitando la Administración pública? Antes que nada, una visión genuinamente compartida. A partir de aquí, políticas para encarnar esa visión. Para desarrollar esas políticas, pondremos en marcha programas y proyectos. Para saber qué tal lo llevamos y conducir bien los proyectos, deberemos medir. Para medir, tendremos que fijar indicadores. Y cuando incorporamos a este lío un sistema de gestión de la calidad, los indicadores proliferan como setas tras la lluvia. Qué fácil es perder la visión en un camino tan largo.

Como bien explica Iñaki, en la Administración medimos muy poco, y además lo que medimos puede no ser relevante para llevar a cabo la visión. Quizá necesitamos pasar el sarampión de la sobredosis de medición para llegar a liberarnos de ella. Iñaki nos recuerda, además, una diferencia esencial entre outputs (resultados) y outcomes (impacto). Si pudiéramos, sólo haríamos caso al impacto, pero éste se expresa muchas veces en magnitudes no cuantificables. Para poder generar tablas y gráficos, recurrimos a indicadores de resultados, con la esperanza de que representen de algún modo el grado en que estamos alcanzando el impacto deseado.

En estos casos, un tratamiento cualitativo suele arrojar mucha luz. Cuando nos sentamos, sin demasiados datos delante, a preguntarnos qué tal vamos, volvemos a tomar contacto con una visión global de nuestros propósitos. Mejor aún, si esa reunión la forma un grupo heterogéneo, diverso, con presencia de personas no tan expertas en el asunto, mejor aún con los clientes finales del proyecto.

La foto que encabeza este post está tomada en mi puesto de trabajo. En ella, podéis ver dos grafos clavados juntos. El de la derecha representa una planificación según los cánones, con los hitos, productos y recursos bien descritos. El de la izquierda es el resultado de una tormenta de ideas en un equipo que se está replanteando la globalidad de un proyecto. ¿Cuál os gusta más? Los dos son útiles. Pero permitidme una debilidad: me siento más orgulloso del caótico patchwork de la izquierda que del primoroso Gantt.

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  1. 16/12/2005 de 18:43

    La foto que has pegado en este post ilustra bien el significado de la famosa frase de que una imagen vale por mil palabras.Creo que esta imagen merecería un comentario en la revista digital infovis sobre visualización de la información.El patchwork de la izquierda evoca un trabajo artesanal, único, inaccesible al copy paste y al correo electrónico, mientras que el primoroso Gantt de la derecha no sé sabe si es un retoque de la copia del retoque de la copia del retoque de la copia de un Gantt que alguién elaboró un día, aunque tú y yo sabemos que también fue fruto de un proceso de reflexión ;-)Desde luego, has pegado una imagen que da que pensar!

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