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Discrepando en torno a la figura del directivo público profesional


El último post de Iñaki Ortiz merecía un comentario, pero me ha salido tan largo que lo he convertido en este post:

Sobre la figura del directivo público, soy bastante más escéptico que la mayoría de vosotros. Digamos que coincido en el diagnóstico (no puede ser que venga a dirigir un área alguien sin una mínima experiencia en la materia / es una pérdida de talento ligar el cambio de directivos a la alternancia partidista), pero no tengo clara que esta sea la solución.

La figura del directivo público se suele resolver mediante la carrera administrativa del funcionariado. En la AGE tienen un cuerpo de TACs para desempeñar funciones de directivo público y no parece que haya sido la mejor solución -a menos que seas Sir Humphrey.

Es cierto que se puede pensar en un modelo más flexible, que combine capacidades de dentro y de fuera de la Administración, y que se soporte en procesos de selección y evaluación. Tampoco me parece la panacea, la verdad. Es cierto que algún tipo de requisitos para la selección sería una medida importante, pero la selección no hace milagros (lo digo como experto en RRHH) y la evaluación, en este contexto, solo serviría como válvula de escape para poder quitar del puesto a quien lo esté haciendo muy mal.

¿Qué propongo, entonces? La vía más sencilla:

  • Menos niveles jerárquicos. En el caso del Gobierno Vasco, desaparición de las viceconsejerías.
  • Tramos de control más amplios. Menos direcciones, y que tengan un cierto tamaño.
  • Requisitos para el acceso a los puestos de dirección pública. Un mínimo de experiencia / formación.
  • Delegación de responsabilidades en el nivel más operativo posible. Confianza en el funcionariado y libertad para cambiar las cosas.
  • Mecanismos de intercambio entre unidades, comunidades de práctica y otras fórmulas para evitar el efecto silo.
  • Transparencia completa y ejercicio de la función de control por parte de la ciudadanía.
  • Apertura de los servicios a la participación ciudadana.

Por lo tanto, mi idea es no centrar la solución en “tener los mejores jefes” (aunque sea bueno tener buenos jefes), sino en dinamizar la iniciativa del funcionariado. En lugar de mejorar el liderazgo de unos pocos, activar el liderazgo de todos.

Mucho ánimo en tu nueva etapa, Iñaki. Trabajas en un puesto muy relevante para seguir cambiando la Administración pública y seguro que seguirás empujando. Te necesitamos.

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  1. 27/04/2013 en 11:08

    O site de um grande. Estou feliz eu encontrei it.It é bom ler algo interessante que
    eu não posso encontrar a lista de subscrição

  2. Iñaki Ortiz
    20/04/2013 en 22:26

    Santi, me alegro de verte por aquí y te agradezco tus amables palabras. Creo que el sistema actual de selección de los directivos públicos es una de las disfunciones más graves de nuestras administraciones públicas. Y ya puestos, la siguiente disfunción puede ser el sistema de selección de los funcionarios públicos y, en general, toda la regulación de la función pública.

    La una y la otra, que pueden resumirse como la gestión de las personas en la Administración pública, constituyen una lacra para la modernización y para el cambio. Por cierto, un cambio que no van a traer ni los actuales funcionarios ni los actuales altos cargos de designación. Es más, no solo no van a traer el cambio, sino que son ellos precisamente los que han (hemos) construido el modelo de Administración que tenemos, que responde precisamente a sus intereses.

    El cambio solo vendrá de la ética y de la competencia, algo que no se propicia con los actuales sistemas de provisión de los unos y de los otros, ni con los actuales modelos de gestión pública.

    Siento que este comentario pueda parecer un tanto categórico, pero las prisas me han llevado a expresarme con una claridad y una sinceridad desprovistas de matices.

    Ya conversaremos sobre todo esto con más tranquilidad, porque el tema lo merece ;-).

  3. 20/04/2013 en 19:48

    Buenas tardes a todos, como ex-colega de Alberto e Iñaki, debo decir que les he seguido con mucho interés, incluso a Alberto antes de llegar al cargo, porque creo que son dos tipos innovadores, que han traído mucha savia nueva y aire fresco al debate sobre la mejora e innovación en nuestra administración pública, por no hablar de la semilla del Gobierno Abierto que han dejado con Irekia (junto a Nagore) y que abuen seguro servirá de referencia para el futuro en Euskadi, España y otros lugares. Sin duda, un gran acierto de Patxi.

    Observo por los contenidos de la mayoría de las opiniones que una gran mayoría de los comentarios vienen de funcionarios ó trabajadores públicos y hablando de directivos públicos, tengo una discrepancia de base y creo que se os olvida un tema muy importante, por no decir crucial para poder hablar del tema con propiedad:

    Señoras y Señores, en democracia, los Directivos Públicos están para ejecutar la política y el programa electoral del partido (ó coalición) ganador de las elecciones que es el que forma Gobierno. Esos Directivos Públicos, como parte integrante del poder ejecutivo, nombrado por el legislativo ganado en las urnas, lo digo con todas las letras, a mi entender es ABSOLUTAMENTE LEGÍTIMO que sean nombrados por libre designación y confianza (no digo con esto que tengan que tener obligatoriamente carnet) del partido gobernante.

    Podemos debatir si el nivel de libre designación política debe llegar hasta los Subdirectores ó Jefes de Servicio, ó si debe quedar en el Consejero ó Secretario de Estado (La LOFAGE y las distintas RPTs autónomicas se encargan de definir la cuestión en cada caso) pero no podemos sustraer a quién ha recibido la confianza ciudadana los mínimos medios y personal de confianza para llevar a cabo la mucha veces ardua tarea de hacer que las cosas evolucionen y mejoren en la cosa pública. Personalmente, y no os lo tómeis a mal, creo que sin el impulso político y de los directivos públicos “políticos”, poco cambiaría en la Administración, es mi experiencia.

    Discutamos eso sí también, en esto puedo estar de acuerdo, por qué los partidos políticos en este país no son capaces de forma general de atraer el talento suficiente y dar la formación específica necesaria a profesionales afines (bien sean funcionarios ó del sector privado) para que puedan ocupar la dignísima tarea de intentar gestionar el bien común y la cosa pública. Una más en el debe para su regeneración (la de los partidos).

    Un abrazo
    Santi Garcia
    @gabls

    • 20/04/2013 en 20:06

      Estamos de acuerdo, Santi. El problema no es la libre designación. Si no fuera por la libre designación nada cambiaría. El problema es que no existen requisitos de entrada y eso motiva que accedan algunas personas no adecuadas al puesto.

      El slogan sería: “libre designación de profesionales de la gestión pública”.

  4. Xanti Moriones
    04/03/2013 en 11:29

    Es la primera vez que animo escribir, hace tiempo que sigo el blog, creo que hace más 6 o 7 años…bueno al hilo de vuestras reflexiones hace unos meses, en una jornada de Qepea de la Semana Europea, Mikel Gorriti hizo una buena presentación de las ventajas de la figura del directivo público prefesional, yo tampoco creo que esta medida por sí sóla traiga mayores beneficios de lo que conocemos hasta ahora. En mi opinión, como dice Alberto, es necesario un cambio organizacional, pero no sólo a nivel directivo de aplanamiento de estrucuturas, sino también a nivel técnico, la dispersión y personalización actual de los puestos de trabajo es absoluta, a pesar del esfuerzo de los análisis funcionales en el GV. Junto al cambio organizacional, aunque pueda parecer un clásico, la implantación de la gestión por objetivos y resultados, en todos los ámbitos administrativos ayudaría bastante a la consolidación de las figura del directivo profesional y a nuestra credibilidad. Por ultimo, y ligado a esta evaluación por objetivos, la cuidadanía debería implicarse en la evaluación de la políticas públicas, algunos ejemplos de modologías sectoriales con cierto éxito puede ser la Agenda Local 21.

    Xanti Moriones

    • 04/03/2013 en 12:23

      ¡Que envidia me dais! ¿El gobierno euskaldun, os hace caso? ¡Sois la repera! En Catalunya rige la sumisión al jefe inmediato. Deberíais grabar al fuego vuestro debate sobre la piel de los Presidentes de gobierno central, autonómico y local. Sois nuestra esperanza, cierta y verdadera…

  5. 17/02/2013 en 15:58

    Me parece una propuesta muy interesante, Alberto. Pero, ¿cómo dinamizamos esa participación ciudadana para impulsar acciones dentro de cada Departamento? No sé en Gobierno Vasco, pero en las entidades locales cualquier intento de colaboración en pos de mejorar la presencia web de sus servicios públicos, por poner un ejemplo, se toma como una bofetada insolente de intentar fiscalizar, cuando lo que se pretende es colaborar. Y lo digo con conocimiento de causa.

    Por otro lado, el adelgazamiento de la estructura jerárquica me parece una gran idea, pero como han comentado, hay que ver quién pone el cascabel al gato. La gente llega a sus puestos y se les dice cómo se vienen haciendo las cosas, y se entra en una dinámica en la que nadie se atreve a cuestionarse el por qué de ciertos procesos, con lo que entramos en una especie de enquistación de formas de hacer que, para más inri, en muchos casos se quieren trasladar a lo electrónico. Y he padecido también ejemplos de esto, en mi trabajo.

    Muchísima suerte a ambos, iniciativas y reflexiones como estas son las que hacen falta para al menos cuestionar ciertas cosas y procurar que salgan ideas para cambiarlas.

    • 17/02/2013 en 16:22

      Sonia, hay tres tipos de cambio en mi propuesta:

      – Cambio organizativo, que afecta sobre todo a los altos cargos. Menos niveles jerárquicos y tramos de control más amplios, luego menos altos cargos. El mejor momento para un gran cambio de este tipo ocurre cada cuatro años, cuando sale un Gobierno y entra otro.

      – Confianza y delegación en los equipos de trabajo. A diferencia del anterior punto, aquí lo mejor es ir de abajo arriba, buscando el mejor camino para cada unidad organizativa de la mano de sus componentes.

      – Empoderamiento ciudadano. El camino empieza por la transparencia y por la apertura de canales donde se responde rápido. A partir de ahí, experimentación y valentía.

      ¿Parece complicado? Nada de eso. Los dos últimos tipos de cambio se pueden empezar incluso de manera parcial, en unidades concretas.

  6. Rafael Romero Fernández
    15/02/2013 en 00:00

    El líder positivo es el que sabe canalizar y potenciar las iniciativas de sus seguidores. El, prácticamente, no tiene que hacer nada más… ¡nada menos!

  7. 14/02/2013 en 18:39

    hola blog de “administraciones de red”. me gustaria poner su feed (RSS) en la categoria “POLÍTICA OPINIÓN” de el website http://www.newshub.es que es un portal de notícias actualizadas en tiempo real en mas de 40 categorias. las notícias son de los mas importante periódicos digitales y los mas influentes blogs de españa.gracias

    • 15/02/2013 en 08:50

      Sin problema. Cualquiera puede usar nuestro feed. Simplemente, hat que citar y enlazar la fuente. Un saludo.

  8. 13/02/2013 en 12:49

    Quizás haga falta un directivo público muy profesional , con mucho apoyo político y con un determinado talante para impulsar ese cambio tan profundo que proponeis y que comparto: reducir niveles jerarquicos, empoderar a mandos intermedios, trabajadores y ciudadanía. Haria falta un buen tandem: ¿donde están ese directivo y ese político?

  9. 13/02/2013 en 12:13

    Creo que de lo que se trata es de evolucionar un modelo actual que estamos todos de acuerdo que no funciona. Y no funciona por el sistema monolítico que tenemos de dirección pública y funcionariado. Por eso no veo grandes diferencias entre lo que propone Alorza y lo de Iñaki. Creo que son compatibles. ¿Qué hay que dinamizar la iniciativa de los empleados públicos? Pues sí. ¿Qué es necesario para ello una figura directiva más flexible basada en el talento? Pues también. ¿Que hay que alinear competencias necesarias para un puesto con las que posea el candidato? Parece obvio. Pero precisamente porque en la actualidad no hay nada de ésto es por lo que considero la figura de la dirección pública profesional básica para la modernización efectiva de las Administraciones.

    • 14/02/2013 en 10:01

      Oscar, sabemos lo que hay que hacer, pero ¿quién le pone el cascabel al gato?. La propuesta de Alorza es que el cambio no va a venir desde arriba, a través del Directivo Público salvador, sino que debe venir desde abajo, a través de la colaboración y cooperación de los empleados públicos.

      Los empleados públicos que aparecemos, un día si y otro también, en las redes sociales, ya hemos adoptado ese modelo. Es cierto que somos una minoría, pero una minoría ruidosa.

      El modelo jerárquico administrativo, difícilmente va a cambiarse a si mismo. Tal y como yo lo veo, cuando cambie el modelo y la cultura administrativa, es cuando podremos tener mejores directivos porque se reconocerán los principios de mérito y capacidad, esos de los que todos hablan pero nadie aplica.

  10. 13/02/2013 en 12:10

    Gracias, Carmen. Yo lo veo como un dilema estratégico: ¿nos centramos en conseguir la figura del directivo público profesional o, más bien, en reducir niveles jerárquicos, dar poder a los trabajadores públicos y, vía transparencia, empoderar a la ciudadanía para ejercer un control social?

    No se puede abordar todo a la vez y a tope de intensidad. ¿Qué causará un mejor efecto? ¿Cómo podemos irlo probando, con un enfoque experimental y no apriorístico?

  11. 13/02/2013 en 10:14

    Creo que con las puntualizaciones de ambos ha resultado una idea mejor. Me gusta lo de “dinamizar la iniciativa del funcionariado”. Buen día

  12. R.A.
    13/02/2013 en 09:51

    Hola,

    Hace mucho tiempo que no escribo sobre el tema, pero me han animado vuestras reflexiones. Llevamos tiempo dándole vueltas a qué personas son las mejores para hacer qué cosas y donde están esas personas y creo que estamos errando en la identificación dle problema.

    En mi opinión, el problema está en las estructuras del estado: su tamaño (desproporcionado), sus competencias (multiplicadas) y su exposición a la coyuntura política (elevada) las hacen absolutamente ineficientes.

    En mi experiencia, y he tenido la suerte (y digo suerte porque la experiencia ha sido, en general rica) de ser directivo público durante tres mandatos (no completos) y puedo afirmar con rotundidad que hay que desmontar las actuales estructuras del estado y definir entidades con una misión clara, y unos objetivos marcados que sean independientes del poder político. Es inadmisible que haya miles de organismos públicos que funcionen únicamente como instrumentos de los políticos de más sencilla manipulación que las estructuras funcionariales.

    A su vez, las estructuras funcionariales se encuentran agrupadas, en castas y su asociacionismo (que es una de las herramientas de presión de que disponen) las convierte en elementos peligrosos de gestionar (en mi opinión).

    Por tanto, es de libro, que antes de comenzar a dibujar un planteamiento nuevo hay que eliminar los posibles elementos que puedan hacer peligrar los cambios (duro y complejo de abordar en la función pública). Una vez dibujado este nuevo escenario, es cuando habría que plantearse la función de la Dirección Pública. En el modelo actual, la labor va a ser tan ineficiente e ineficaz a medio plazo, como lo es la propia estructura estatal y sino… a las pruebas me remito.

    R.A.

  13. 13/02/2013 en 09:30

    Efectivamente detrás de cada persona que ha reflexionado sobre la dirección pública profesional hay ideas discrepantes y diferentes aproximaciones, sin embargo debemos buscar lo común a la heterogeneidad de nuestras administraciones y culturas y eso es lo que estamos intentando desde nuestra pequeña iniciativa en pro de la institucionalización de la Dirección pública profesional.

  14. 13/02/2013 en 09:24

    Iñaki, seguramente no hay discrepancia entre lo que decimos tú y yo. Coincidimos en un 90%. Pero veo muy entusiastas a los comentaristas con esto de la dirección pública y me parece que merece la pena puntualizar. No es una solución sencilla, ni que se pueda adoptar de manera aislada. Además, abre dos peligros:

    – Convertir la demanda por una dirección pública profesional en tierra irredenta sujeta a una eterna y folclórica reclamación.
    – Que nuestro sueño se convierta en pesadilla, con un nuevo cuerpo de directivos profesionales corporativistas y que defiendan su poder frente a los otros.

    Ya ves que mi solución pasa por más transparencia, más control social, más relación, más delegación, corresponsabilidad… y, sí, mejores directivos públicos. Como bien dices, el sistema actual es un quilombo. ¿Podemos apretar para cambiar un par de cosillas, a corto plazo, sin necesidad de meternos en mayores?

  15. Iñaki Ortiz
    13/02/2013 en 09:12

    Teniendo en cuenta que mi propuesta era la siguiente:

    “Ahora que se habla de regeneración democrática, podría venir a cuento darle una pensada a la forma de provisión de los directivos públicos. … Solo pido que se tenga en cuenta esta cuestión como un aspecto más de la regeneración democrática que muchos consideramos ya ineludible y urgente”.

    No veo donde está la discrepancia ;-).

    Al contrario, te has puesto inmediatamente a pensar sobre el tema, tal y como yo sugería en el post. Así que mayor “alineamiento”, imposible.

    Ya sabes que mi propuesta tampoco pasa por configurar la dirección pública profesional como una extensión de la carrera administrativa (de los funcionarios), sino que para mí una de las claves principales, aunque no la única, pasa por algo que tú también has incluido en esta lista: “Requisitos para el acceso a los puestos de dirección pública”.

    Aquí lo dejo, de momento, porque ahora mismo salgo de viaje. Pero no tengas ninguna duda de que volveré sobre el tema, porque me parece muy importante para “racionalizar” (por utilizar un término clásico y pasado de moda) la Administración pública. Desde luego, lo que está claro es que el sistema actual de provisión y de gestión, en general, de la dirección pública es una juerga. Simplemente, no hay por donde agarrarlo.

  1. 13/02/2013 en 11:48

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