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Que no nos quiten estos funcionarios

11/12/2013

Cuando acabéis de abrazar ese árbol, corred a abrazar a un funcionario.

Cuando acabéis de abrazar ese árbol, corred a abrazar a un funcionario.

Esta mañana he acompañado mi desayuno con la lectura de dos artículos de prensa, ambos acerca de la función pública. Empieza a crearse una corriente de opinión que plantea la reducción del número de funcionarios al mínimo posible, en la creencia de que la Administración pública va a funcionar mejor y con menos costes. Las evidencias sugieren lo contrario, pero hay muchas personas que no van a dejar que la verdad les estropee una buena lapidación.

En El País he leído a  /  quienes, bajo el título “¿Quién debe ser funcionario?“, adelantan su propia respuesta: “Los puestos vitalicios en la Administración están cada vez más cuestionados / Algunas profesiones requieren esa seguridad, pero no es necesaria en todas.” Estas conclusiones no son evidentes en el desarrollo del artículo, sino que muestran el prejuicio de los autores.

Por lo demás, el artículo es digno y recoge opiniones a favor y en contra. Entre los que quieren descarnar hasta el hueso la función pública, está el Sr. Lasquetty. Viene a decir que los médicos, si son funcionarios o funcionarias, “no tienen incentivos para mejorar su desempeño más allá de la pura motivación altruista”.

Sr. Lasquetty, “la pura motivación altruista” es el motivador más poderoso, mucho más eficaz que los incentivos económicos. Los estudios existentes lo demuestran. Además, la Sanidad pública ha estado funcionando muy bien, en términos de coste-efectividad y en aceptación popular. ¿Para qué la quiere demoler? Ya sabemos para qué, ¿verdad?

José María Molero, portavoz del sindicato médico SIME, dice algo sensato: “Si un facultativo no está sujeto a renovaciones de contrato continuas ni a cambios de trabajo mejora la continuidad asistencial y la relación médico-paciente y, al final, la eficiencia del sistema”. También dice algo muy corporativo cuando reclama “la aplicación de la carrera profesional, que reconoce méritos y experiencia”. Sr. Molero, la aplicación de la carrera profesional no mejora la motivación. En la práctica, es un mero complemento de antigüedad. Sin embargo, puede ser interesante para mantener el atractivo de la profesión, ya que en el caso de la medicina la expectativa es empezar muy abajo -los MIR hacen una mili muy larga- y llegar bastante arriba.

Gracias a Goyo del Sol, descubro un interesante artículo en El Confidencial, que desmonta las tesis de Lasquetty. Lo despistante del artículo es que habla de “benchmarking” para referirse a la comparación del rendimiento entre individuos. La literatura científica siempre ha llamado a eso “evaluación del desempeño“. Tengamos esto en la cabeza a la hora de leer el artículo.

Atentos al título:“El llamativo fracaso del método de gestión que iba a volver eficientes a los funcionarios”. El artículo analiza las consecuencias de comparar el rendimiento de las personas como factor de aumento de la eficiencia y concluye con la paradoja de que “el método, pensado para ahorrar costes, puede acabar produciendo perjuicios mayores en términos económicos, y dramáticos en términos cualitativos”.

El remedio es peor que la enfermedad, y las razones son, según Isabelle Bruno y Emmanuel Didier:

En primera instancia, porque al cuantificar su trabajo a todos los niveles “se reemplaza la ética del deber público por la competitividad entre los funcionarios y los logros colectivos por los personales”. En segunda, porque al inducir a la competencia continua, genera una “constante presión” que se traduce en depresiones, bajas por estrés y síndrome de burnout.

Nuevamente, la investigación nos da la razón a los que defendemos un nuevo estilo de relaciones. Me hubiera encantado incluir esta referencia en mi libro sobre “Intraemprendizaje Público“.

Pero quizá quienes dirigen el Gobierno ya lo saben. La invención de la figura del funcionario se motiva en la independencia de criterio respecto al poder político y esto resulta muy molesto cuando quieres ser arbitrario en tus decisiones. El ejemplo más reciente, es el de la Agencia Tributaria.

Esta semana he tenido que usar el servicio de urgencias de la sanidad pública vasca. Me he encontrado con una sala de espera sobresaturada. Además, ha fallado el sistema informático, lo que ha motivado retrasos aún mayores. Sin embargo, todo el equipo (médicas, enfermeras, celadores) ha actuado con una profesionalidad más allá de lo esperable. Con eficiencia y amabilidad permanentes, no nos han dejado hasta conseguir una exploración completa que descarte todos los problemas descartables. Hemos estado 7 horas y hemos salido tranquilos y agradecidos.

Que no nos toquen a estos funcionarios. Más bien, debemos abrazarles para impedir que nos los quiten.

He tomado prestada la imagen de http://unionhispanoamericana.ning.com/
 
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  1. 11/12/2013 en 10:44

    Hola Alberto o que si nos tienen que “tocar” algo que no nos toquen más la nómina, los días y demás, porque no somos de piedra. Que nos toquen la “moral” pero bien tocada, con cuidado, motivando, abriendo puertas, nuevos horizontes, nuevos escenarios…, hay mucho que hacer, mucho que cambiar, mucho que mejorar y los funcionarios y aliados lo tenemos que hacer, así que si me tienen que tocar, que sea con tacto y con gusto.

    • 11/12/2013 en 10:56

      Que te toquen con tacto parece que es lo obvio. Ahora, que te toquen con gusto… 😉

      • 11/12/2013 en 11:13

        Pues a mi hay veces que me tocan con tacto, pero no me da gusto. Si puedo elegir, me quedo con las dos:

  2. Luz Naredo
    11/12/2013 en 10:56

    Muy buen comentario Guillermo, yo siempre digo, emulando al anuncio quedecía “una coca-cola y una sonrisa” que si no me dan la coca-cola (por lo de los dineros y demás) al menos que me dediquen la sonrisa (la palmadita en la espalda, el tu vales mucho, sigue así, etc etc etc) que es aglo que nos motiva a muchos empleados públicos, amén de que somos también ciudadanos y por tanto sujetos activos de nuestras actuaciones y doy por supuesto que queremos hacerlo igual de bien con nuestros potenciales destinatarios del servicio, como si fuesemos “el cliente”
    En fin, lo primero que hay que cambiar en este pais es la mentalidad patrimonialista de lo público de “esos” ´parásitos que solo chupan y sangran sin dar nada a cambio (y que conste que me encanta la política, que la defiendo y que hay mucho político excelente) pero la mayoría son deplorables
    Saludos

  3. Carlos Mas
    11/12/2013 en 12:28

    Es evidente que hay una opinión pública negativa sobre la función pública. Desde los lejanos tiempos de Larra, la función pública, se contempla como un privilegio de unos pocos, y más en tiempo de crisis feroz, en lugar de considerarse un servicio para todos. Tenemos que modificar ese estado de opinión, aunque no nos lo ponen fácil. Considero, sin querer ofender a nadie y salvando todas las excepciones posibles, que la Administración española está poco profesionalizada, poco tecnificada: muchos administrativos, pocos técnicos con todo lo que ello supone respecto al progreso y eficiencia de la misma. Creo que esto es fácil de comprobar por los usuarios de un foro como este, que promueve de una u otra forma la innovación en las administraciones públicas.

    Este modelo (muchos puestos de bajo nivel) convino en determinados momentos a gobiernos de todo el espectro político como un medio más de creación de empleo,rozando el clientelismo. La administración debe evolucionar de forma no traumática, pero progresiva sin que el estatuto del funcionario pierda sus características esenciales,

    Es una tarea compleja, que creo sobrepasa a todos nuestros gobernantes, ya que la planificación estratégica es otra utopía más de manual.

    • 11/12/2013 en 12:49

      Carlos, tu afirmación vale para algunos barrios de la Administración; sobre todo, para ciertos Ministerios. Desde luego, no para los servicios más prestacionales (sanidad, educación, policía, justicia, acción social…).
      Resulta interesante esta infografía de la Generalitat de Catalunya donde explican la estructura de personal, con el titular de que más del 75% trabajan en servicios de atención directa a la ciudadanía.
      Ahora bien, en general estoy contigo en que hay que impulsar la máxima profesionalización de la función pública, diseñando los puestos en torno a tareas con sentido y con menos puestos que se saturan con funciones meramente burocráticas.

  4. 11/12/2013 en 13:28

    Gracias por el artículo, Alberto.
    No cesan de apretar los que lo arreglan todo destrozando el sistema público, empezando por sus empleados. Da lo mismo que les demos los datos comparativos con el resto de Europa y que la atención que se presta y la resolución de asuntos sea mucho más ágil que en la mayoría del sector privado. Mi compañía de seguros me sigue reclamando un recibo de un automóvil cuya baja les entregué en su día, a pesar de 5 visitas presenciales a la oficina y ya no sé cuantos mails….Telefónica (o Movistar o como se llame) me tiene esperando desde el 28 de Octubre que es la fecha que ellos me pusieron (sí, sí, más de un mes) para un cambio en la instalación exterior de la línea… Los errores del banco con apuntes y desapuntes contables….¿Os cuento más?… Sin embargo he resuelto en minutos mi declaración de renta, la renovación del pasaporte o la expedición de la tarjeta sanitaria europea. Desde luego nada comparable a las horas muertas que me tiene en la sala de espera mi dentista (privado), a pesar de que le insisto en que me dé hora ( y no día), o del tapicero que todavía no ha traído el sofá que se llevó hace un mes y que iba a arreglar en una semana.
    Cuando decidí dedicarme al sector público me llamaban “pringao”, y hace una década, cuando todos (casi) en este país “éramos muy ricos” se rieron de nosotros todo cuanto quisieron, y resulta que ahora somos una tribu envidiada y vilipendiada, culpables de todos los males del mundo.
    Por favor, dejadme trabajar en paz, dejadme innovar, buscando la eficiencia en el mantenimiento del sistema, dejadme seguir provocando (o al menos intentando) cambios en mi entorno inmediato, dejadme que siga creyendo que es posible construir una administración pública cada día mejor, al servicio del ciudadano, dejadme que mi trabajo me siga gustando y que tenga la oportunidad de hacerlo saber a quienes me rodean….eso…¡¡Dejadme en paz!!, por favor

    • Francisco Mayoral
      12/12/2013 en 14:39

      Creo que se pueden decir las cosas más altas pero no más claras, es una pena que tengamos estos mandatarios, espero que todos aprendamos algo de todo lo que está pasando, supongo que seguimos estando en una democracia y por lo menos podremos votar lo que queramos aunque sea a nadie/ninguno, ya que con las nuevas leyes que se avecinan de recortes en cuanto a las diferentes formas de manifestar nuestros descontentos por lo menos que nos dejan la de elegir a quienes no queramos.

  5. 11/12/2013 en 13:42

    Creo que el artículo como todo es muy matizable. Yo no estoy demasiado de acuerdo con el modelo administrativo español de la generalización del funcionario público para todo. ¿Tiene sentido que lo sean por ejemplo las capas más bajas de la pirámide de puestos de trabajo? Me temo que no hay mucha justificación para que dichos puestos sean de carácter funcionarial .
    El art. 9,2 del EBEP “limita” la condición de funcionario público a aquellos que han de ejercer la autoridad o salvaguardar el interés público. Por supuesto que aquí metería a médicos, profesores y a otros muchos colectivos que algunos quieren laboralizar. Pero no a un celador o a un ordenanza de un instituto.
    Hoy más que nunca debe recordarse por qué nació la figura del funcionario y cuál es su sentido. Frente a aquellos que pretenden desmantelar lo público y no precisamente en aras del bien común.

    • 11/12/2013 en 13:59

      Óscar, supongo que tienes razón, en un nivel conceptual. En un nivel práctico no estoy tan seguro.
      Por ejemplo, el caso de la sanidad. Parece lógico suponer que vamos a reforzar mejor la idea de equipo multidisciplinar si los 3 estamentos típicos (facultativo, sanitario, no sanitario) están en el mismo barco, en lugar de “echar” del funcionariado a los no sanitarios.
      La Sanidad vasca ha dado a esto una respuesta imaginativa que funciona: en los servicios sanitarios nadie es funcionario, pero todos son “estatutarios”, que es una figura similar a la del funcionario, sin las connotaciones de autoridad y con una carrera independiente.
      Aunque puede ser lógico retirar el carácter de funcionariado a según qué profesiones, de ahí no se deduce ninguna mejora. Los laborales seguirán trabajando como mucho igual de bien, si es que no se sienten agraviados y lo hacen peor.
      En todo caso, no pretendía hacer el caso a favor de que todo trabajador público sea funcionario, sino a favor de que todo trabajador público reciba el respeto que merece. Como bien dices, “frente a aquellos que pretenden desmantelar lo público y no precisamente en aras del bien común”.

    • 11/12/2013 en 14:16

      Por cierto, ahora recuerdo que hace no mucho escribí un post titulado “Necesitamos trabajadores públicos, sean o no funcionarios“. Quizá ese slogan te sea más asumible 🙂

  6. 11/12/2013 en 15:40

    Datos comparativos (y no alarmantes) del nº de funcionarios en España

  7. Iñaki Ortiz
    11/12/2013 en 18:48

    Ya es hora de cambiar las preguntas en el debate sobre la Administración y los funcionarios públicos. La cuestión, desde mi punto de vista, no es funcionarios sí o no, ni siquiera si hay muchos o pocos. La cuestión, para mí, es qué modelo de Administración pública queremos, para hacer qué y cómo.

    En primer lugar, hay que delimitar el ámbito de lo público, común, comunal o comunitario, que no se circunscribe exclusivamente a la Administración pública. Por ejemplo, hay muchas organizaciones de iniciativa ciudadana que trabajan para aportar soluciones a problemas sociales y que aportan valor público. Incluso, hay empresas que trabajan en el ámbito público, que prestan servicios públicos, sin que ello sea contradictorio con el legítimo ánimo de lucro.

    Sobre esta cuestión, merece la pena el post de Javier Burón: “¿Qué es privatizar y cómo ayudar desde lo profesional a lo público?“. Comparto con Javier su visión de lo público en los siguientes términos:

    “Si la propiedad es pública (lo que implica asunción de riesgo), si el control estratégico es público (lo cual significa determinar el que, para quien, como, cuando, etc), si la ciudadanía accede a los beneficios de ese proyecto en función de su estatus ciudadano (y no de su renta) y si los beneficios/pérdidas que se puedan producir son públicos (partiendo siempre del principio máximo rendimiento con el mínimo coste), a nuestros juicio estamos ante un proyecto púbico y no privado. Para nosotros la clave de bóveda del sistema es el servicio al público (…) y la segunda derivada es el control público estratégico (…)”.

    En segundo lugar, creo que es necesario revisar la figura del funcionario público. Es decir, sí a los funcionarios públicos, pero seguramente con otro régimen de funcionamiento, otro modelo de selección, de carrera administrativa, etc. En fin, que si vivimos tiempos de cambio y reclamamos el cambio en tantas cosas (partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación, sistema bancario, Administración pública, etc…), parece coherente que la figura del funcionariado también se adecúe a los tiempos que estamos viviendo.

    Un aspecto de este cambio es la dirección pública profesional que considero absolutamente necesaria para racionalizar el funcionamiento de la Administración pública. Hace falta desacoplar la esfera política del funcionamiento “ordinario” de la Administración pública, hay que seguir criterios “profesionales” en la gestión pública, necesitamos directivos públicos que respondan por su gestión y cuya carrera esté vinculada a objetivos profesionales, en lugar de criterios de confianza o afinidad con los políticos de turno,…

    En tercer lugar, hay que revisar el modelo de organización y funcionamiento de la Administración pública. aquí entran en juego las ideas del buen gobierno, la evaluación de las políticas públicas, la participación directa de la ciudadanía, la transparencia, el control ciudadano de los servicios públicos, la profesionalización, los códigos de ética, etc.

    No me alargo más, pero, por resumir, diría que primero hay que saber qué administración pública queremos, para hacer qué y cómo y, después, estaremos en mejores condiciones para determinar qué tipo de funcionariado necesitamos y con qué dimensionamiento.

    Claro que, mientras tanto, no me parece mala idea defender lo que va quedando de aquello que llamábamos el Estado del Bienestar. Especialmente cuando su desmantelamiento se produce en perjuicio de los más débiles y en beneficio exclusivo de intereses particulares.

    • 11/12/2013 en 18:58

      Muy interesante comentario, Iñaki. He visto posts más cortos y con menos sustancia.
      Estoy más o menos de acuerdo con lo que dices. El peligro es que algunos aprovechen tus argumentos torticeramente para cargarse la función pública.
      Ya verás cómo va a quedar la Agencia Tributaria, por ejemplo, que era una de las agencias públicas más prestigiosas. Y nos vestirán el santo con palabras como “necesaria reorganización”, “nuevo estatuto” y similares.
      Ayer mismo oía en la TV no recuerdo a qué político afirmar que “evidentemente” -lo que le libró de aportar evidencias inexistentes- la gestión de lo público es siempre peor que la de lo privado. Conclusión: que lo gestione mi primo.
      Cave canem!

  8. 11/12/2013 en 19:46

    Yo cambiaría la pregunta que da pie a tu artículo, Alberto. En lugar de preguntar ¿Quién debe ser funcionario? preguntaría ¿Quién debe ser “libre designado”? o ¿Quién debe ser gestor de lo público?

    Personalmente no me da miedo una administración de empleados de lo público intocables por los poderes ejecutivos de turno (que no intocables). No me da miedo mientras se respeten los principios recogidos en el artículo 103.3 de la Constitución, mientras estemos bien dimensionados y mientras estemos… bien preparados para afrontar los nuevos retos que la sociedad nos demande. Es decir, si como empleado de lo público no demuestras interés por estar continuamente aprendiendo y aportando… observaremos (como sistema) que tu vocación no es la Administración y deberemos hallar (como sistema) la fórmula para que encuentres tu verdadero destino.

    Sí me aterroriza, no como empleado de lo público sino como ciudadano que forma parte de ese sistema, una administración llena de “libre designados” cautivos de un poder ejecutivo que no siendo gestores privados en lo público actúan como si lo fuesen.

  9. Iñaki Ortiz
    12/12/2013 en 00:06

    Es verdad que existe el peligro de aprovechar el cambio de modelo de función pública para cargársela, pero la alternativa no puede ser que nada cambie, por si acaso.

    El mundo ha cambiado para todos. También para los funcionarios. Mejor que nos preparemos para el cambio, porque se producirá de todas maneras.

    En fin, me cuesta blindarme en la defensa del modelo actual de función pública, porque tiene tantas cosas que mejorar… (por decirlo suavemente).

    Has traído un debate jugoso ;-).

    • 12/12/2013 en 07:54

      Iñaki, por si acaso no queda claro, no defiendo el inmovilismo. Creo que ninguno de los comentaristas lo defiende. El mundo cambia y la Administración cambiará con él.
      No voy a volver a resaltar el peligro, muy claro, de aprovechar la necesidad de un cambio para hacer un cambio que nos perjudique a todos… menos a unos pocos. Ya está ocurriendo.
      El problema es que no es lo mismo pensar en cómo debería ser una institución que cambiarla. No es una máquina a la que puedas variar unos parámetros y observar directamente su comportamiento. Y las normas son mecanismos indirectos que nunca llevan a donde uno quisiera.
      A veces soñamos con refundar la Administración, con llegar a un momento constituyente en el que las reglas y las estructuras fueran levantadas desde cero. Eso no va a ocurrir, salvo que de forma previa suframos una guerra u otra dictadura.
      Por lo tanto, cualquier cambio será un cambio a partir de lo que hay. En pequeño y de forma lenta.
      Con todo, hay algunos cambios de calado, pocos y escogidos, en los que seguramente podemos concentrarnos. El de los directivos públicos puede ser uno.
      Yo, por ejemplo, no me metería en el fregado de deslindar quiénes van a ser funcionarios y quiénes laborales. Es una mera distinción teórica y llevarla adelante no mejorará un ápice la Administración.
      Lo que sí haría es abrir mucho la Administración, comunicar mucho, dar más papel a la ciudadanía y exponer a los empleados públicos al debate y el conocimiento. Buscar palancas para ir cambiando conciencias. Apelar a los valores.
      Aunque esto del cambio se merecería otro post 🙂

  10. 12/12/2013 en 08:04

    José María Raventós ha escrito dos posts muy jugosos sobre la reforma del sector público, que coinciden con los argumentos que he aportado:
    Reformas en el sector público
    La reforma de la Administración Pública

    En el primero, dice lo siguiente:
    “La pretensión de evaluar una actividad en base a objetivos y targets individuales anuales es absurdo y lleva a la desmoralización de los empleados. Además, provoca competición en lugar de colaboración entre ellos, lo cual sub-optimiza al sistema”

    En el segundo, expone dos errores de las reformas propuestas:
    1. Creer que los problemas en las AA.PP son las personas, los funcionarios.
    2. Creer que externalizar servicios ahorrará costes y aumentará la eficiencia.

  11. Koldobike
    12/12/2013 en 22:32

    Desprestigiando las instituciones y a los funcionarios se está, de modo sigiloso pero efectivo, contribuyendo a la desvalorización de lo público. Lo público es de todos, es lo tangible e intangible que configura el bien común, el progreso humano… Y lo tenemos que hacer los ciudadanos y ciudadanas en amistad cívica, las instituciones públicas y los empleados y empleadas públicas abriéndonos a la ciudadanía para escuchar sus necesidades y compartir las posibles vías de solución, comprometiéndonos cada uno con lo que nos sea posible aportar. Y las entidades privadas, lo propio. No vale plegarse a las leyes del mercado y el cortoplacismo. En toda actividad humana hay responsabilidad social. Los bancos, las universidades, las empresas, las plataformas cívicas, las instituciones… y cada ciudadano o ciudadana. Todos hemos de cambiar de perspectiva y movernos más por el compromiso colectivo, que también redundara en la felicidad individual.
    Todos tenemos un área de influencia para poder afectar, en nuestro hogar, amigos, trabajo… Muchos funcionarios y funcionarias también lo practicamos en el ejercicio de la función pública. Lo tenemos difícil desde dentro y desde fuera.

  12. Koldobike
    12/12/2013 en 22:45

    Mañana voy a transformarme interiormente . Voy a conocer soñadores que ponen sus sueños en acción. Personas que hacen de su vida arte. A ver si se me pega algo.

    http://www.dreamsinaction2013.com/p/artlivingmakers.html

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