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Funcionarios y cargos: universos paralelos

04/01/2006

La Administración tiene cosas que sólo la Administración entiende. Por ejemplo, algo que sólo consideramos natural los que estamos dentro es eso de que alguien posea una plaza en propiedad, aunque no la ocupe. Otra, que a mí no deja de sorprenderme, es su constitución como un sistema de castas.

La Administración consta de funcionarios y cargos políticos. Si viniera un antropólogo inocente a estudiar el Gobierno, encontraría en las ceremonias, ritos, mitos, leyendas, rituales, vestimenta y jerga, indicios de dos culturas perfectamente estancas. ¿De qué Gobierno hablo? Por lo que conozco de primera y de segunda mano, yo diría que sucede, al menos, en el Gobierno del Estado, en los autonomícos y en las Diputaciones.

Nuestro weberiano sistema lo propicia. Por una parte, los cargos son siempre políticos, por más que puedan ser además grandes técnicos, ya que su contratación y despido va ligado a los avatares del juego democrático de los partidos políticos. Su horizonte temporal es necesariamente limitado e inestable, puesto que la permanencia es independiente de su desempeño en el puesto. No se rigen por el estatuto del funcionario. No tienen horario y, por lo general, siguen costumbres horarias diferentes. Si son hombres, visten casi siempre traje y corbata. Si son mujeres, la vestimenta varía mucho más, pero aún así suelen ser reconocibles a simple vista. Suelen salir a comer en grupo, sin mezclarse. Con frecuencia deben mantener en secreto algunas informaciones. Tienen limitada su capacidad de expresar en público sus críticas. Temen a la prensa más que a ninguna otra peste.

Los funcionarios, en cambio, no ven su vida alterada por los cambios en el poder. En el caso de ser funcionarios de carrera, ante sí se extiende el futuro como una llanura apacible que desemboca en la soleada playa de la jubilación. Los interinos sí sentimos la presión del tiempo, pero ligada a los extraños ritmos de las ofertas públicas de empleo. El funcionario se rige por un estatuto particular, laberíntico en sus normas, pero terriblemente protector. La jornada laboral está claramente determinada. En ocasiones, es lo único claramente determinado. Las corbatas escasean. Buena parte de la comunicación informal se genera en torno al rito del café. Suelen ser personas con un alto nivel formativo y una alta especialización técnica.

El funcionario, a lo largo de su vida profesional, ve pasar a un gran número de cargos, cada uno con su estilo, sus valores, sus objetivos. Algunos dejan una huella perdurable, otros desaparecen como el rocío en el desierto. En cuanto a los cargos, pocas veces se atreven a gestionar el capital humano que les es asignado. Algunos no saben, otros no se atreven, otros sospechan que se agotarían en el intento de crear y movilizar un equipo. En lugar de ejercer como líderes, delegan en la normativa, pero por sí solas las normas son insuficientes.

¿No hay forma romper el sistema de castas? Mientras la Administración se siga organizando de manera weberiana, sólo algunos cargos -muy pocos- serán capaces de atravesar los compartimentos estancos y entablar una comunicación viva con su gente. Los propios dirigentes lo saben. Por eso está tan de moda la creación de agencias y empresas públicas. Así, en la nueva Ley de agencias estatales, se prevé que quien ejerza el cargo de Director General lo haga por períodos mayores que los cuatro años de nuestro ciclo electoral, de manera que se desvincule del auge y la caída de los partidos, al tiempo que se flexibiliza la gestión de sus recursos humanos.

Pero la Administración no se va a reconvertir en una red de agencias. Algo habrá que hacer con los Ministerios, Consejerías y Departamentos, que componen los Gobiernos. Entre tanto la comunicación permanece congelada, y se elude una verdadera participación. ¿Cómo se va a garantizar así el necesario liderazgo de los proyectos y la colaboración entre departamentos? ¿Cómo se pretende compartir una visión y movilizar voluntades para llevarla adelante?

Si nos vamos a las ideas radicales del blog de Julen, igual habría que proponer la permuta. Que los cargos trabajen un tiempo como funcionarios y los funcionarios como cargos. Curiosamente, esto es algo que ya sucede de alguna forma en algunas instituciones públicas, como en los servicios sanitarios, donde los cargos son profesionales sanitarios que, muchas veces, se dedican una temporada a la gestión y posteriormente regresan a su puesto. Claro que aquí también se ha creado un sistema de castas, sólo que se trata de castas verticales, que separan a profesionales facultativos, de enfermería y de apoyo.

La posibilidad de una Administración en red exige derribar el muro que separa funcionarios y cargos, exige integrar las dos culturas para poder llevar a efecto las políticas públicas y prestar un servicio valioso a nuestros conciudadanos. Necesitamos más piquetas.

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  1. 04/01/2006 en 01:22

    Alberto los sistemas de castas tanto horizontales como verticales levantan barreras a una mejor gestión, uno no entra en un terreno que no es suyo y acaba teniendo esa visión particular y personalista de la situación y del objetivo a cumplir. Y romper ese sentimiento de pertenencia, que todos queramos o no buscamos, es muy difícil. Pero por encima de todo creo que el principal problema es la desconfianza en que el de al lado hará menos de lo que él hace y por lo tanto llegamos a la consabida máxima de yo no voy a hacer lo que no hace el de al lado. Las rigideces normativas también ayudan y desde luego la desconexión entre la clase política y la funcionarial precisamente como señalas por la incongruencia temporal de sus actividades. Unos tienen asegurada la permanencia casi por encima de cualquier cosa y los otros tienen una limitación \”limitada\” por quien los ha puesto en ese sitio.Bueno Alberto, que podriamos seguir deshojando la margarita y me parece que queramos o no, la margarita es como la naturaleza la ha hecho.Saludos,

  2. 04/01/2006 en 01:22

    Algo de razón tienes, Carlos. Lo mismo que la naturaleza hace a la margarita, el sistema crea la división de castas.Pero el sistema puede ser cambiado. Por ejemplo, la nueva Ley de Agencias prevé que se conviertan en tales todos los organismos de carácter transversal de los Gobiernos. El sistema agencia debería ser diferente del sistema Gobierno. La naturaleza no ha creado el sistema. Otra cosa es que haya poderosísimas resistencias a modificarlo. Pero la sociedad en su conjunto está mutando y no creo que la Administración pueda quedar intocada, estancada en una organización propia del siglo XVIII.

  3. 04/01/2006 en 01:22

    Sí, la verdad es que en unos años, las únicas personas que seguirán teniendo un \”puesto de trabajo para toda la vida\” serán aquellas que invierten su tiempo en prepararse una oposición estudiando cientos de temas más o menos inservibles para superar una serie de pruebas selectivas \”objetivas\” que les den acceso a ocupar una plaza y sentirse:- l@s reyes y reinas del sector público (la ciudadanía a su servicio): son aquellas personas que han perdido o nunca tuvieron VOCACIÓN DE SERVICIO PÚBLICO pero que ven en la Administración Pública el lugar idóneo para \”vegetar\” el resto de sus vidas- personas entregadas al servicio público y la ciudadanía que:a) se queman y se desilusionan cuando ven el panorama político-administrativo en el que tienen que vivir cada díab) tratan de ser mejores cada día (llevándose malas miradas por aquell@s compañer@s que vivían cómodamente en sus plazas/sillas y temen con la llegada de una rara avis \”ilusionada\”c) son l@s loc@s de la colina porque tratan de ser innovadores y proponer iniciativas que no gustan demasiado porque rompen con el statu quo. Pero son personas que con su dinamismo, convencimiento, confianza, profesionalidad van \”contagiando\” a los demás con otro modelo de Gobierno y Administración Pública AL SERVICIO DE LA CIUDADANÍA.He tenido la suerte de conocer a muchas personas de este \”grupo c\”. Y gracias a ellas CONFÍO en que podemos conseguir otros Gobiernos y Administraciones para esta sociedad compleja, cambiante y difícil (pero apasionante) que nos está tocando vivir en el siglo XXI.

  4. 04/01/2006 en 01:22

    Excelente entrada en la que como funcionario – de una administración local – no puedo evitar reconocerme, mejorada con las observaciones de Carlos y de Mentxu. Enhorabuena, y feliz año.

  5. 04/01/2006 en 01:22

    Pues sí, anónimo, hay más especímenes, pero castas sólo hay dos. Es cierto que aún se puede distinguir otro grupo, fuera de las dos castas, formado por las personas que \”no son del Gobierno, pero trabajan para él\”, donde yo incluiría a todos esos subcontratados que trabajan para nosotros pero que no se integran ni en la estructura ni en la cultura de la Administración. Son nuestro lumpemproletariado.

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