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Trabajar menos para innovar más: hacia la sociedad creativa

10/02/2008

innovación ocio creativoNuestra sociedad se ha conjurado para lograr un gran cambio: convertirnos en una sociedad de la innovación. El reto es de enorme calado y exigirá medidas radicales. No basta con la voluntad y el trabajo duro desde las ocho de la mañana. Hoy vengo a aportar una idea para este fin:

Jornada de trabajo continua y reducida para todos. El tiempo ganado a la rutina laboral es tiempo ganado para la innovación.

Esta idea ofrece ventajas evidentes para la sostenibilidad ambiental, para la conciliación entre la vida personal y laboral, para la salud pública y para el bienestar social, pero no son estos los motivos por lo que la postulo, sino porque resuelve uno de los términos de nuestra ecuación: tiempo para innovar.

Pincha en la foto para votar esta idea en la lista de las 1001 ideas.

La innovación no se fabrica como se fabrican los chorizos. Se pueden tomar muchas medidas para favorecerla, pero no se puede planificar y sistematizar. Por eso los mejores esfuerzos deben ir dirigidos a construir una cultura de la innovación y a poner los medios para aprovechar la inteligencia de muchos. Necesitamos construir una sociedad creativa.

Otro hecho conocido es que la tasa de innovación es mayor entre los emprendedores que entre los trabajadores de las grandes organizaciones. Sabemos que la innovación se produce más fácilmente en los márgenes del sistema, en las fronteras de la organización, en los espacios donde se produce la hibridación de forma masiva, donde la creatividad individual se contrasta con la de grupos constituidos ad hoc con enlaces débiles.

Existe una lección sencilla a extraer: necesitamos convertirnos en una sociedad de emprendedores. Pero, ya que no podemos dejar de fabricar y de prestar servicios, la solución pasa por trabajar menos y disfrutar más. Así como el ocio de algunos en la antigua Grecia posibilitó una edad de oro del pensamiento, un mayor ocio de todos es un requisito para una edad de oro de la innovación. Poco se puede innovar a partir de las diez de la noche, cuando los niños ya están acostados y con la perspectiva de tener que madrugar al día siguiente.

Algunos pensaréis que la productividad se resentiría. ¿Cómo vamos a vivir así de bien con menos horas productivas? ¿Soy un ingenuo? Nada de eso.

Dice Castells: “nuestra hipótesis es que la innovación es la mayor fuente de productividad y de competitividad en el ámbito de las empresas”. Si es así, merece la pena invertir tiempo en ella. Nuestra sociedad puede orientarse a una estrategia blue ocean: no vamos a perder el tiempo disputándonos los céntimos, sino que vamos a conquistar espacios vírgenes donde las ganancias son inmensas.

Pero no es necesario ser tan osado. En 1935, el gran Bertrand Russell afirmaba “si el asalariado ordinario trabajase cuatro horas al día, alcanzaría para todos y no habría paro”. Y lo dijo hace setenta y tres años, cuando el grado de automatización de la producción era mucho menor que el actual. Veinticuatro horas semanales bastan.

El propio Russell nos da claves de cómo reducir la jornada. La primera consiste en cambiar los hábitos de consumo, en consumir menos chorradas. Toda una oportunidad, en un momento en que reconocemos que el planeta no tiene recursos para que seis mil millones de personas consuman como en Occidente.

La segunda clave es reducir las actividades innecesarias. En nuestro sistema económico, por cada hora de trabajo dedicada a producir, dedicamos varias horas a gestionar, planificar, transportar, regular, rellenar papeles, promocionar, publicitar, motivar, especular, … Eso por no hablar de la cantidad de productos y servicios estrictamente inútiles que producimos y, aún peor, los productos dañinos, como las armas.

Hablando de estas últimas, J.K. Galbraith nos informa de que, en el año 2003, Estados Unidos empleó la mitad del presupuesto público disponible en usos militares. Más aún, las empresas del sector militar prácticamente dirigen el Gobierno. Por estos pagos, queremos creer que no estamos tan militarizados. Bueno, os animo a que tiréis de hemeroteca y hagáis recuento de la gran cantidad de actos organizados por el sector industrial militar que son presididos por los dirigentes de nuestros Gobiernos. Menos hipocresía: fabricar turbinas para el motor de un avión de guerra es fabricar armas. En esa empresa, mejor no invertir tiempo ni imaginación.

Insisto: trabajando menos podemos innovar más y elevar así la productividad, pero incluso podemos trabajar menos, sin más, sin que se resienta el bienestar social. Ya sabemos que el Producto Interior Bruto no refleja el bienestar, sino el movimiento de capital. Cuanto peor organicemos el sistema económico, más necesidad tiene el capital de moverse y más crece el PIB. Vivamos mejor y perdamos la obsesión por el PIB.

Una de esas realidades que todo el mundo conoce, pero que no se suele tomar en cuenta, es que, en este país, se trabaja poco y mal después de la hora de comer. Yo trabajo en una de las pocas Administraciones donde se hace horario partido ocho meses al año. Si comparamos el ritmo de trabajo de 8 a 14 y el de 15 a 17, veremos como cae en picado. Aún más, sospecho que no hay grandes diferencias en la cantidad de trabajo semanal resuelto en los meses de invierno, con jornada de 40 horas, y los de verano, con jornada de 32,5 horas.

Algunos diréis que los funcionarios somos unos vagos. Pues bien, extiendo mi afirmación a la mayoría de las grandes empresas: la jornada partida es terriblemente disfuncional. Es algo que saben muy bien las mujeres que disfrutan de una reducción de jornada. Estas son sus palabras: “trabajo lo mismo, pero cobro menos y salgo antes”.

Claro que distintas personas tienen distintos biorritmos, como les pasaba a los empleados de la oficina donde vegetaba Bartleby, el escribiente. Las soluciones horarias pueden ser muy diversas: de mañana, de tarde, los domingos…. La tecnología permite desligar el trabajo de la jornada laboral y de la sede productiva.

Para acabar, me atreveré a dar una cifra:

Propongo una jornada máxima de 30 horas semanales, que podrán repartirse de forma flexible.

Obviamente, esta medida es sólo uno de los aspectos de la solución. Además, habrá que crear una cultura de la innovación que motive a que empleemos parte de nuestro ocio en la creación y la innovación.

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  1. 10/02/2008 en 15:35

    Te ha salido un post rico, rico.

  2. 10/02/2008 en 19:25

    ¡Menudo tema!
    Requiere, no un comentario, sino un blog entero ….. Yo opino lo mismo que tu, en relación con la jornada.
    Hay un tema que me gustaría mencionar. Muchos directivos emplean la tarde para reuniones internas, con los miembros de su equipo, ya sea en reuniones-despacho bilaterales o en grupos.
    Lo cierto es que, cuando un Alto Directivo impone la costumbre de incorporarse tarde tras la comida de negocios (pongamos hasta las 17 o 17.30) destroza en cascada la “conciliación” del resto de los colaboradores. Así, es muy frecuente en Madrid ver grades atascos a las 20 o 21 horas, de gente saliendo de los ministerios. Jornadas largas y agotadoras consecuencia del chupito del jefe…..
    De vez en cuando, algún colaborador con coraje planta cara y dice a al Jefe : ¡No! … si quieres que nos veamos esta tarde, no digas a las 18 horas. Nos vemos a las 16h, Comida frugal y continuar el trabajo para llegar a horas “creativas” a casa. Animo a la gente a ello.
    Luego está la maravillosa vida de provincias: trabajar a diez minutos de casa, que te permite comer en ella, continuando por la tarde sin los enormes trastornos de las grandes urbes.

  3. 10/02/2008 en 20:56

    Seguramente que si se realizara una encuesta entre los trabajadores todos estaríamos de acuerdo en lo que propones, Alorza. Yo, por si acaso, voto.
    Entonces, ¿por qué trabajamos tanto y tan mal? ¿Por qué tenemos tantas complicaciones en conciliar la vida familiar con la laboral?
    ¿A quién le interesa esta situación? Porque está claro que al trabajador nos interesa trabajar mejor y en menos tiempo. Estaréis de acuerdo conmigo en que el horario de 8 a 15 horas es también demoledor y realmente ¿cuántas horas se aprovechan?.

  4. 10/02/2008 en 22:34

    Trabajar menos horas y con mayor flexibilidad. ¿Dónde dices que hay que firmar? Lo que no entiendo bien es por qué hay que innovar en el tiempo de ocio. ¿No se puede innovar en el tiempo de trabajo? A lo mejor es que también hay que organizar el trabajo de otra manera.
    Por lo demás, está claro, se supone que los medios actuales deberían permitirnos producir todo lo que necesitamos en menos tiempo. Lo que pasa es que cuanto más producimos más consumimos. Estamos inmersos en una auténtica “carrera de la rata”. Como bien apuntas en este artículo, seguramente habría que romper el círculo por el lado del consumo. Pero es difícil cambiar los valores sociales y los estilos de vida.
    A lo dicho, ¿por qué no cambiar la organización del trabajo e innovar dentro de la jornada laboral?

  5. 10/02/2008 en 22:45

    @Iñaki: es difícil innovar en el corazón de la bestia. Mucho más fácil en los márgenes, en los espacios donde uno puede dedicarse a sus pasiones. Por eso a Google le funciona su idea de que la gente dedique una parte de su jornada (¿era el 20%?) a perseguir sus sueños. ¿Innovar durante la jornada? ¿Con los compañeros de siempre? ¿Registrando las actividades innovadoras en el control horario? Eso me suena a más rutina.
    En cuanto a la dificultad de cambiar los valores sociales, se ha documentado cómo se consiguió, de manera premeditada, en un plazo de años (no de décadas) convertir a los puritanos norteamericanos de partidarios del ahorro a feroces consumistas. ¿Por qué no se podría lograr lo contrario?

  6. 10/02/2008 en 22:48

    @Antonio: esa mala costumbre que denuncias es básicamente un comportamiento masculino (y de mujeres que lo imitan). Tiene mucho que ver con las ganas de desentenderse de los asuntos domésticos: es más emocionante cazar el mamut que limpiar la cueva y despiojar a la prole. Esperemos que las mujeres rompan el techo de cristal y traigan mejores costumbres a nuestras vidas.

  7. 11/02/2008 en 09:10

    @Alorza: Si “a Google le funciona que la gente dedique una parte de su jornada a perseguir sus sueños”, ¿porqué a los demás no? ¿dónde me estoy perdiendo?
    Entonces, ¿ves la innovación como una actividad personal que se realiza al margen de las organizaciones? ¿quieres decir que la gente trabajaría por la mañana y se dedicaría a innovar por la tarde, por su cuenta y riesgo? No termino de verlo.
    A mi me parece que nosotros, sin ir más lejos, tenemos muchas cosas que hacer con nuestros compañeros de siempre, con los compañeros de órganos que tienen nuestros mismos objetivos y con los que tendríamos que colaborar más, con los compañeros de los Departamentos para los que trabajamos, con los técnicos de las empresas colaboradoras del Gobierno que trabajan con nosotros, con los ciudadanos usuarios de los servicios electrónicos y con algunos más que seguro faltan en esta lista. Quiero decir que en el contexto de la organización y dentro de la jornada laboral podríamos hacer muchas actividades innovadoras que no estamos haciendo. Y otras no necesariamente innovadoras que nos ayudarían a hacer las cosas simplemente bien, que sería el primer paso. Porque antes de llegar al capítulo de la innovación, a lo mejor nos quedan unos cuantos capítulos más pedestres. Pero, bueno, estamos hablando de innovación.

  8. 11/02/2008 en 10:48

    @Iñaki: me he explicado muy mal. Tienes razón en lo que dices.
    Simplemente, sostengo que para que se dé la creatividad de forma masiva, en plan crowdsourcing, es necesario tener tiempo y libertad. Ese tiempo puede ser contabilizado en la jornada anual, tal como dices. No es ese el asunto.
    Si trabajas en una actividad productiva o dando servicio no sueles tener tiempos dedicados a la innovación. Nosotros, que estamos en la tecnoestructura, lo tenemos más fácil. Pero lo que sí necesitamos es mayor libertad o, quizá, mayor informalidad: poder seguir ideas locas, divertidas, uniéndonos a personas que no pertenezcan a nuestra organización. Para eso no tenemos tiempo asignado. Ahí es donde nos encaja el modelo Google.
    Pero mi propuesta va para el conjunto de la sociedad, y una sociedad creativa precisará de una cultura de la innovación (una ética hacker) y de recursos y tiempo para crear e innovar.

  9. Morgana
    11/02/2008 en 12:58

    Yo es que igual soy una vaga de escándalo. Pero no me creo que nadie trabaje 8 horas al día de verdad (al menos en trabajos que exijan concentración intelectual).
    Nos dedicamos a matar el rato en reuniones en las que no se decide nada, a hablar más de la cuenta, a elaborar informes larguisimos que casi nunca se leen enteros (todo lo más en diagonal) y que tampoco conducen a nada, a formatear documentos que acaban siendo obras de arte, a buscar imagenes para las presentaciones, a proyectos que no llegan a ningún sitio y cuyo único propósito es político o producir una noticia en el periódico).
    No hay más que ver el gran número de tesis doctorales publicadas en españa anualmente, y la debilidad de resultados prácticos de la investigación en nuestro país.
    Creo que las largas jornadas de trabajo (8 horas me parece una larga jornada, y desgraciadamente suelen ser mucho más largas) es ocupar nuestro tiempo -y nuestras mentes- en asuntos triviales, sin permitirnos tiempo para el placer y el ocio, las relaciones humanas, y sobre todo el desarrollo de nuestras capacidades intelectuales y nuestro espíritu crítico.
    Se que son topicazos lo que acabo de decir. ¿Pero no son verdad en buena parte?

  10. 11/02/2008 en 14:30

    En relación a la innovación espero que los actores facilitadores de esta propuesta entiendan que innovar no significa tomar algo pre-existente y reconvertirlo, sino que realmente puedan crear un producto nuevo desde la nada y darle sentido al término innovación en toda su extensión. Ya estamos llenos de productos que se venden como nuevos cuando en verdad son un refrito de algo que teníamos…Me parece que la inventiva va más allá de nosotros y de nuestras facultades creativas.

  11. 11/02/2008 en 15:12

    @Senior Manager: estamos en sintonía, como podrás comprobar aquí y aquí.
    @Morgana: no sé si son topicazos, pero son verdades como puños.

  12. 12/02/2008 en 10:03

    Interesante tema el que tocas, pero también “políticamente incorrecto” en el ámbito socio-laboral. Como bien dices, trabajamos horriblemente mal: rutina y más rutina durante muchas horas del día con índices reales de productividad bajo mínimos. En la antigua Grecia o Roma trabajar estaba “mal visto”, lo hacían los esclavos mientras que los grandes innovadores (arquitectos, ingenieros, filósofos, médicos, etc) se dedicaban al cultivo del conocimiento. Pero hoy impera la cultura de que el que más horas está en la oficina o “disponible” es el que más y mejor trabaja. Es obvio que no tiene por qué ser así, pero esa es la cultura imperante. En lo público aquí en Madrid se da especialmetne eso de las comidas de 14:30 a 17:30 y empezar a hacer algo a las 18:00, normalmente reuniones que sirven de poco. Por suerte se empieza a hablar (más sobre en papel que en la realidad) de políticas de conciliación, racionalización de horarios, flexibilidad, teletrabajo, etc. ; empresas privadas punteras lo están haciendo y será por algo.
    ¡Me apunto a tus tesis Alberto!

  13. Rogelio
    12/02/2008 en 14:07

    Alberto, pleno al 15.
    Como ejemplo este extracto de una noticia del pasado mes de enero, con motivo de la fabricación del vehículo 16.000.000 de la marca SEAT :
    “El primer modelo fabricado por Seat, un 1.400, salió de las instalaciones de la compañía en la Zona Franca de Barcelona el 13 de noviembre de 1953, cuando la empresa contaba con 900 empleados que ensamblaban cinco vehículos al día.
    Actualmente, la compañía cuenta con una plantilla formada por 12.000 personas, incluidos los empleados del Centro Técnico de Seat, y el ritmo diario de producción se sitúa en torno a 2.000 automóviles.”
    Recuerdo cuando en España se instauró la jornada de 40 horas; calculo que en torno a 1971; en ningún caso tengo la sensación que, materialmente hablando, faltase algo en casa.
    Si los datos de la noticia son correctos, la capacidad de producción se ha multiplicado por 30, pero nuestras necesidades o nuestra avidez consumista, no han crecido en esos términos, entonces ¿ donde nos hemos equivocado ?, porque la jornada laboral en cambio, y a excepción de las administraciones públicas, se mantiene prácticamente inalterada y en el mejor de los casos se ha reducido en una proporción ínfima respecto al incremento de la capacidad productiva.
    Así que apoyo intensisisisisisisisivisimamente; como no; tu propuesta y me sumo a ella, si me permites con una variante, consistente en la posibilidad de concentrar la jornada de trabajo, de forma que si por ejemplo hemos logrado optimizar la jornada laboral y reducirla previamente a 20 horas semanales, tengamos también la opción de concentrarla en, pongamos por caso, 2 jornadas de 10 horas.
    Te envío, no uno sino dos, abrazos.

  14. Morgana
    12/02/2008 en 15:22

    Rogelio: tienes toda la razón, las cifras no salen…. Creo que ocupamos las horas de trabajo no necesarias para la producción en actividades totalmente improductivas.
    Alorza me dió a conocer el articulo de Bertrand Ruselll que menciona en el post. El ejemplo gráfico que da de la fábrica de alfileres es absolutamente cierto y me gustaría completar este ejmplo.
    Dice Rusell que en un pais había una fabrica de alfileres con operarios que trabajan 8 horas al día y producen alfileres para satisfacer la demanda del pais. Con la automatización de la fábrica se necesita la mitad de tiempo (o la mitad de operarios) para producir el mismo número de alfileres. La solución razonable sería reducir a la mitad la jornada de los operarios, conservando la producción. Pero la solución por la que se opta es la reducir el número de operarios, que pasan a engrosar el paro.
    Además, añado yo, lo que sucede es que estos operarios parados ya no pueden comprar alfileres, con lo que la producción de los mismos debe reducirse, llevando a mas operarios al paro, hasta alcanzar un equilibrio entre potenciales compradores de alfileres y producción. También asi el dueño de la fábrica de alfileres ve reducido sus beneficios (vende menos de la mitad de alfileres que antes). Tiene dos soluciones, porque no se resigna a esta reducción de sus ingresos: bajar el salario de los operarios… hasta alcanzar de nuevo el equilibrio entre beneficios-potenciales compradores de alfileres-producción menguada de alfileres, o ampliar su jornada laboral. En cualquier caso los ciudadanos de ese pais no tendrán nunca al completo satisfechas sus necesidades de alfileres (pongamos que se trata de un bien básico).
    Creo que la solución adoptada por el sistema economico y productivo en el que estamos inmeros es una solución intermedia:
    -Reducción de la producción, pero diversificación de la misma, con la creación de nuevas necesidades de consumo
    -Mantemiento controlado del número de operarios totales, garantizando los niveles de consumo adecuados, pero con la debida tasa de paro que permita la negociación de salarios a la baja o ampliación de horarios a la alta si es pertinente
    -Creación de “trabajo ficticio” o puestos de trabajo artificiales e improductivos: se necesitan menos operarios de los necesarios para producir los alfileres requeridos gracias a la mecanización, pero es necesario mantener una base estable de consumidores y compradores de alfileres. En nuestra fabrica se crea un departamento de informes y estudios sobre alfileres con mogollón de informes realizados al es, otro de consultoria estrategica en la producción de alfileres que se reune periodicamente con los demás departamentos y emiten dictamentes que nadie sigue, un departamento de prospección y marketing, que organizan eventos y saraos, etc..
    Y asi estamos. El sistema productivo se niega a reducir la jornada, y para mantener su nivel de consumo crea trabajo improductivo al que tiene que dedicarse gran parte de la población (normalmente mejor pagado que el de productor de alfileres)

  15. mkl
    12/02/2008 en 15:27

    Vaya tema, Alorza. Me alegra mucho que vincules la innovación a espacios no ortodoxos y me pregunto porqué no vamos más allá y proponemos la eliminación de los horarios y de la diferenciación entre tiempo laboral y “otro” tiempo ¿De que se trata en una sociedad del conocimiento? ¿de poner el cerebro en marcha y a la venta unas horas al día? Conocimiento es idear y eso no tiene horarios.
    Si nos pagan por idear y resolver, olvidémonos de la entrada y salida del curro. Yo pienso en soluciones en la moto, mientras veo una serie o tomo un café, donde menos lo hago es cuando se me encierra en una oficina a apagar incendios. Hay tiempo para todo y no es necesario delimitarlo. Oiga, señor contratante, usted págueme por lo que consigo, por el valor que le aporto y déjeme en paz o, mejor, vamos a tomarnos el café juntos y a hablar y debatir un rato sobre el problema y verá como salen unas cuantas ideas más que interesantes. Y no se preocupe que después las escribo, quizá esta madrugada, pero a tiempo.
    Ya sé, hay que ser posibilista, pero déjame proponer ¿utopias? un rato 😉 .

  16. 12/02/2008 en 16:19

    Alorza, no basta tiempo y libertad. También hay que tener motivación.
    Hay muchos factores relacionados con la motivación y la desmotivación, y muchas veces el sueldo no es el principal. Para mi el ambiente de trabajo y el sentirme útil son los dos principales factores de motivación. Y la principal causa de desmotivación, en lo que la Administración es especialista, es en torpedear y obstaculizar constantemente las nuevas iniciativas e ideas, para lo cual está muy bien provista de recursos.
    Así que por fijar mi postura en lo referente tu interesante propuesta, lo que yo quiero no es exactamente trabajar menos o menos tiempo, sino trabajar mejor: más a gusto y con mejor rendimiento. Lo que se traduciría en salir antes del trabajo pero con la sensación de haber hecho más cosas.
    Sobre toda esta cuestión de la innovación, que esta muy bien, no deberíamos perder de vista que estrictamente hablando es un medio, una herramienta, para alcanzar los fines, que en el caso de los funcionarios, y simplificando mucho, son ofrecer servicio al público.
    O sea, innovar si, pero si por ejemplo dedico el 20% de mi tiempo a innovar y el 80% a producir, produzco más que si dedico el 100% del tiempo a producir, porque la situación de producción no es estática sino cambiante, y la innovación mejora la productividad.
    Huelga decir que en cada sitio y cada tipo de trabajo, el porcentaje óptimo no es el mismo. Normalmente en las unidades relacionadas con la tecnología (no sé porqué pero me da que la mayoría de los que zascandileamos por aquí somos de éstos) el porcentaje relacionado con la innovación será más alto porque la tecnología cambia más rápidamente.
    En referencia al asunto de los horarios, estoy de acuerdo que esa fea costumbre de empezar a trabajar a las 5 hasta las 7 o las 8 de muchos jefes hay que desterrarla. A mí también me gusta mucho estar con mis hijos, así que este año he decidido abandonar antes el trabajo: 6:30 es mi hora límite.

  17. 12/02/2008 en 16:30

    Esto es la leche, entre que empecé a escribir el comentario y lo puse se me han colado en medio otros siete.
    Es lo que tiene empezar ayer y terminar hoy 😀

  18. 12/02/2008 en 22:45

    En el fondo creo que es un problema de concetración – distribución de riqueza mal planteado. Si estás todo el día encerrado en un puesto de trabajo que te da un sueldo a fin de mes eres fiel a la organización que te da de comer y no tienes incentivos para buscar otra fuente de ingresos. Si tuvieses tiempo suficiente para desarrollar tus inquietudes fuera del horario laboral podrías incluso llegar a sacarles una rentabilidad mayor que al propio trabajo y abandonándolo… nos queda mucho camino que innovar.
    Por supuesto, las jornadas de 10 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 son totalmente insostenibles, personalmente produzco mucha más sostenibilidad e innovación desde que curro de 8:00 a 15:00 con un poquito de flexibilidad.
    ¿qué tal el doble de vacaciones para que podamos disfrutar de los viajes?

  19. Morgana
    13/02/2008 en 09:41

    Recuerdo una entrevista a Stiglitz en la que señalaba que la creación de riqueza y la innovación en los paises nórdicos se había conseguido gracias al colchón que el estado del bienestar de esos paises proporcionaba a sus ciudadanos: estos podían permitirse el lujo de fracasar en sus iniciativas empresariales o de otro tipo porque en todo caso el estado les garantiza la cobertura de sus necesidades básicas. De esta forma los ciudadanos de estos paises se pueden permitir el lujo de arriesgar más y de lanzarse a aventuras empresariales e innovadoras

  20. 17/05/2009 en 21:31

    Has desatado pasiones y no me extraña, el tema lo merece. Comparto tu enfoque que, en sí mismo, es una muestra de cómo surge la innovación: de la irreverencia, de lo políticamente incorrecto, de una visión diferente de lo que nos rodea.

  21. 18/05/2009 en 09:11

    Te contesto desde mi blog.
    Básicamente no sólo se necesita un cambio estructural sino un cambio en el modelo educativo.
    Ahora mismo, nos preparan para el siseñorismo, para tragar con carros y carretas (no vaya a ser…) Quizá es una de las razones por las cuales hay carencia de emprendizaje en este país…

  22. 19/05/2009 en 07:17

    Ayer en una de las mesas del Woka se dijo que el recurso del que estábamos más escasos no era el dinero, aunque todo el mundo lo creyera así. Era el tiempo. Tiempo para todo: pensar, descansar, disfrutar, estar con la familia, innovar, crear, aportar, descubrir, etc…. Y sólo se conseguiría tiempo con medidas como las que propones: pero no puestas en marcha en una empresa o administración concreta, sino a nivel global en todo el entorno. Que sea un cambio cultural real.

  23. 19/05/2009 en 07:18

    Y se me ha olvidado decirte que……. es una desvergüenza esa foto!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ;-))

  24. 19/05/2009 en 09:19

    Je, je, veo que no ha sido mala idea reciclar un post del año pasado para el WOKA 2009.
    En general, creo que debemos tender hacia un modelo de decrecimiento. Decrecer con alegría, esa es la clave.
    @Silvia: lo de la desvergüenza será por lo ultrarrelajado que aparezco en la foto, ¿no? Porque casi no enseño chicha 🙂

  25. 19/05/2009 en 16:54

    No enseñas ni chica ni limoná. Es por lo ultrarrelajadísimo, tú lo has dicho. No te enseñaron eso de no nombrar la soga en casa del ahorcado?? en fin…. que es pura envidia.

  1. 22/02/2013 en 12:05
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