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Innovación: cuestión de actitud

16/02/2008

innovación actitudEn algún momento de este debate interbloguero sobre la innovación pública hemos dicho que la innovación es un asunto de personas. De personas y de contexto, de innovadores que respiran cultura de la innovación.

La cultura de la innovación se manifiesta en valores y el factor humano se muestra en comportamientos. La interfaz entre valores y comportamientos son las actitudes. Las actitudes son valores destilados o, también, comportamientos hechos tendencia.

Las actitudes se construyen. Aunque una vez adquiridas hacen callo, son modificables. A veces, de manera casi mágica. Así fue, por ejemplo, que a principios del siglo pasado los puritanos norteamericanos pasaron a ser compulsivos consumidores a crédito en un lapso de menos de una década.

Mi amiga Marijo nos ha enviado una lista de actitudes para la innovación. La rescato del limbo de los comentarios y la elevo a este post. Oro molido:

  • “Conseguir un nivel de stress positivo mantenido. El estrés negativo sumado a angustia sobrecargar etc. no ayuda a la innovación. Estar con el encefalograma plano tampoco. Un cierto grado de stress positivo puede ayudar a manteneros alerta.
  • Afición por el ganchillo. Me refiero al gusto por el cotilleo. Por interesarnos de múltiples cuestiones. De no perder la curiosidad. Si nos da igual saber de qué esta hecha la mermelada que nos han servido en el desayuno (tomate, calabaza,…) malo porque muchas cuestiones han dejado de importarnos.
  • Una cierta salud mental. Es evidente que cuando alguien esta fatal porque tiene problemas graves (enfermedades propias o de familiares cercanos, problemas económicos fuertes, obsesiones,…) el coco no esta para innovaciones.
  • Practicar la lectura. Leer -el cepellón de las ideas hay que nutrirlo constantemente- si además se cultivan otros géneros al margen de lo profesional mejor que mejor.
  • Algo de equilibrio emocional. Cuando se está tocando fondo porque tu pareja te ha abandonado por ejemplo, o al contrario con un subidón monumental y en pleno enamoramiento con la hormona alterada las ideas están en otro sitio pero difícilmente en la innovación.
  • Gusto por hacer las cosas. Si hay que hacer algo mejor intentar hacerlo bien. Con gusto. Aunque se trate de planchar una camisa. El placer de que quede bien. No de hacer por hacer para terminar lo antes posible.
  • No al pensamiento cenizo. Una cosa es pisar tierra y otra sufrir por anticipado imaginando las peores situaciones. Si la tendencia es pensar que las cosas van a salir mal el talante para la innovación está dañado.”

¿Y cómo se cambian las actitudes? Hay que reconocer que, en ocasiones, es misión imposible. Algunas dependencias de la Administración son como los lazaretos donde se reunían a los leprosos. El inquisitivo Antonio Arias los llama cementerios de elefantes, donde se coleccionan los desanimados, los ineficientes y los que tienen como horizonte hipnótico la jubilación.

Pero existen organizaciones que han conseguido implantar esa cultura de la innovación, partiendo de personas normales, con sus brillos y sus taras. Iñaki me ha contado varias veces una anécdota de una charla de Koldo Saratxaga, impartida en un auditorio excesivo donde quedaban butacas libres. Saratxaga dijo algo así:

“Como veis, la mayoría se han sentado por aquí delante, cerca. Pero otros han optado por colocarse al fondo o en las esquinas. Es una decisión personal. No debe preocuparnos. Si ahora decidimos levantarnos y continuar la charla afuera, en el parque, todos nos moveremos. Probablemente, ahí afuera también habrá algunos -quizá, los mismos- que se sienten cerca, mientras que otros preferirán mantener las distancias. Pero todos habremos salido al mismo sitio. No hay que preocuparse por ese diez por ciento, por ese uno por ciento, de personas que no se alinean perfectamente con los objetivos de la empresa. También ellos se mueven con el resto y, si no es así, quedan fuera y dejan de ser parte de la organización”

Una bonita fábula sobre el cambio. También me parece pertinente la que hemos escrito aquí sobre la manera de conducir un camión cisterna. El camión seguirá adelante. El control es ilusorio. Lo importante es seguir adelante.

Por fin, hay que recordar un post de Iñaki del lejano 2005. En él hablaba de los eFuncionarios, los funcionarios necesarios para la nueva administración pública, que se caracterizan por:

  • “El funcionario digital debe pensar, no tanto en las formalidades del procedimiento, sino en el resultado obtenido por la ciudadanía. Es decir, es un funcionario orientado al servicio.”
  • “El funcionario digital debe estar abierto a la intercomunicación, debe ser colaborativo, debe tener disposición a participar y a facilitar la participación de los demás. Es un funcionario que trabaja en el escaparate.”
  • “El funcionario digital debe orientarse a tareas de valor añadido, como la identificación de necesidades a resolver, la evaluación del servicio prestado y de los resultados alcanzados y, ahora que está de moda, debe también innovar continuamente los servicios. Para ello, es imprescindible el contacto directo con la ciudadanía, en una actitud permeable y de escucha sistemática.”
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  1. mkl
    17/02/2008 en 17:55

    ¿Y si cambias el concepto de actitud por el de valor? Es que lo de las actitudes, como que se ha gastado mucho. Por ejemplo, lo del pensamiento cenizo… pues no sé que decirte, un cierto pesimismo guay, que decía Yoriento, es muy adecuado para la innovación. Quiere cambio el que no ve soluciones buenas. Es curioso el insatisfecho ¿No crees? Y hay factores que describes que no calificaría de actitudes, como el estrés positivo que es estrés a secas ¿no? el estrés negativo ¿no es simplemente exceso de estrés? Lo de la salud mental, el equilibrio emocional… ¿No hay que tener una cabeza “llena de pájaros” para ser innovador? El desequilibrio genera movimiento, el equilibrio inmoviliza.
    Por desequilibrar un poco la cosa lo digo, para ser cenizo, meterte un puntito guay de estrés 😉 y provocar un poco.
    ¡Anda! si a los innovadores se les suela calificar de locos, tocapelotas, desequilibrados…)

  2. 17/02/2008 en 18:51

    @mkl. Buf, no sé si son galgos o podencos, actitudes o valores. En todo caso, el pesimismo guay no tiene nada que ver con el pesimismo cenizo, el del que prefiere morir ahogado a dar la razón al que dijo que remando podemos salvarnos.
    Si entiendo bien lo que dices, estamos en posturas similares. No es necesario, ni siquiera conveniente, ser una persona equilibrada, ponderada, epicena para innovar. Y si hablamos de innovación individual, puedes ser cualquier tipo de monstruo social.
    Pero la lista de actitudes de Marijo hacen referencia a los mínimos necesarios para que florezca la innovación en un equipo. Llévalo a la red. Para que una red funcione, y para que alguien funcione en esa red, es necesario entusiasmo (eustress) y gusto por hacer bien las cosas, curiosidad, ausencia de grandes marrones distractores, conocimiento adquirido en lecturas, …
    Y cuando hablamos de grupo, los factores individuales encajan en roles. El tocapelotas deja de serlo si hay otro más tocapelotas que él y que hace suyo ese rol, y así con el resto.
    ¿Cómo lo ves?

  3. 17/02/2008 en 21:23

    A mí me gusta ésta frase: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando” (Pablo Picasso).
    Se trata de ir haciendo las cosas que tenemos que hacer si dejar de estar atentos a esas ideas que pueden mejorar, mucho o poco, lo que hacemos.

  4. 17/02/2008 en 22:10

    A mi me pareció muy buena la lista de actitudes de Marijo cuando leí su comentario y me gustó que la elevaras a la categoría de post.
    Lo del innovador desequilibrado de Miguel, es verdad que hay ejemplos notables de genios excéntricos, pero a ver cual es la empresa que se mete a contratar a un innovador perturbado mental. Como mucho, algún contrato externo para algún proyecto concreto. ¿Que no?
    Y ¡que gracia!, no me acordaba que había escrito eso de que el e-Funcionario tenía que innovar continuamente en los servicios. Reconozco que cuando dije “innovar” no estaba hilando tan fino como se ha matizado en los anteriores posts de esta serie. Para mi, si mejoramos de forma continua tampoco me parece mal. Creo que, partiendo de donde partimos, desde donde estamos hasta la innovación hay mucho recorrido, muchas mejoras intermedias que también estarían muy bien.

  5. 18/02/2008 en 14:49

    Muy bueno, muy bueno, muy bueno. Tres veces bueno.
    Más o menos esto mismo le entendí un día a Teo, el hermano mayor de los Hnos. Arancón. Estaba Teofilo (es carnicero) preparándome unas chuletillas de cordero. Como andaba un poco apurado, amablemente le achuché y le metí un poco de prisa. Me contesto: que para hacer chapuzas ya había mucha gente dispuesta. Las cosas hay que hacerlas y hacerlas bien.
    No sé si Teo tiene valores o una aptitud o un eurostrees, pero sé que tiene predisposición a hacer bien las cosas y sé que le funcione bien, porque siempre hay que hacer cola.
    En la Administración creo que todo aquel que intente hacer bien las cosas ya es un innovador (igual ahora me estoy poniendo la camiseta de cenizo).
    Independientemente de cómo se le denomine, si se quiere acertar, si se quiere ser eficaz y si se quiere serlo de una forma rápida, precisa, cómoda, sin errores y al menor coste posible hay que innovar. Y para innovar hay que trabajar más y mejor, estudiar, tener suerte, contar con buenos colaboradores, apoyos, recursos y echarle un par de …..
    Un saludo

  6. 18/02/2008 en 20:44

    Me quedo con las actitudes de Marijo, con los matices de MKL, con la anécdota de Koldo Saratxaga y con el modo de hacer de Teo. Ahí es nada!!

  7. Morgana
    20/02/2008 en 18:09

    Me pregunto de repente si innovación es más o menos lo mismo que creatividad, o al menos exige el mismo tipo de “actitudes”. Mi respuesta es si aunque quizás seais capaces de matizar algo (no estoy para sutilezas).
    Muy de acuerdo con Marijo, aunque con una pequeña matización basada en mi experiencia personal: mis mejores ideas me han surgido en épocas de cierto desequilibrio emocional. Cuando el exterior me es demasiado hostil me refugio en mis pensamientos y construyo mundos paralelos. Tampoco es que me vuelva autista, ni que haya escrito Rayuela II parte. Pero el exceso de confort (físico y emocional) no produce demasiado acomodo, desinterés por la búsqueda de nuevas alternativas? Es una pregunta, no una afirmación encubierta.

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