Una historia de Brujas


Si el otro día hicimos un poco de arqueología pop, con el caso de Los Picapiedra y Los Supersónicos, hoy nos atreveremos a analizar un pedazo de la historia europea medieval, con el ánimo de extraer conclusiones para nuestros propósitos de cambio de la Administración pública.  

brugge mapOs traigo una historia de Brujas.

Brujas (en flamenco, Brugge), es la capital de la provincia de Flandes Occidental, perteneciente a Bélgica. Está considerada, por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad.

Hace dos mil años. ya había asentamientos romanos en el actual emplazamiento de la ciudad. Si este fuera un relato épico, podríamos extendernos ahora acerca de las batallas que en siglos posteriores libraron por ahí los germánicos, los vikings o los primeros reyes cristianos, pero estamos de acuerdo con David de Ugarte: a los habitantes de la sociedad-red nos interesa la lírica, la pequeña felicidad burguesa.

Viajemos, pues, en la historia hasta un año clave: 1134. En ese año, la costa flamenca sufrió una tormenta apocalíptica. Los daños fueron cuantiosos y el mismo perfil de la costa fue modificado por el arrastre de los torrentes que buscaban el mar y de las olas que saquearon la tierra.

brugge zwinLa calma emergió tras la tormenta, dejando a la vista devastación y ruina. Pero está escrito que las grandes crisis traigan consigo nuevas oportunidades. Al menos, así fue en aquella ocasión. Las torrenciales avenidas excavaron un profundo canal desde la ciudad hasta el mar. Allá donde antes se arrastraba un arroyo impuro, ahora fluía un anchuroso cauce, al que llamaron Zwin. Seguramente, será el último en la lista alfabética de los ríos del mundo.

Brujas siempre había demostrado una vocación comercial, que durante los últimos cien años apenas había podido sobrevivir, debido a la falta de buenas vías de comunicación. La apertura del Zwin trajo a la ciudad los grandes barcos y, con ellos, todas las mercaderías del mundo conocido.

Lo cierto es que la tierra belga no era particularmente rica en nada, por aquel entonces, pero se convirtió en un enclave óptimo para la industria textil. La materia prima la proporcionaban los nutridos rebaños ingleses y escoceses, de donde partían barcos continuamente hacia el puerto de Brujas.

La Liga Hanseática eligió a Brujas como su puerto predilecto y toda una clase social de emprendedores prosperó rápidamente. Fruto de la inquietud de aquellos ciudadanos, comenzó el comercio del trigo proveniente de Normandía y, poco después, el del vino de la Gascuña. Hubo que ampliar el puerto para acomodar tantos y tan grandes barcos que acudían a entregar y recoger mercancías.

Pero el golpe de efecto definitivo llegó en 1277. Ese año atracó el primer barco mercante de Génova, al que siguieron otros. En 1314 arribó el primer barco veneciano. Brujas conquistó el  puesto de principal nudo de comunicaciones entre la Europa Occidental y el Mediterráneo. Y el Mediterráneo era la puerta de entrada de las mercancías asiáticas.

Con estos excelentes contactos, no tardó en florecer el sector bancario. El Bourse, que abrió en 1309, se convirtió en el mercado monetario más sofisticado del área en el siglo XIV. El capital encontró en Brujas su más preciado refugio. Los banqueros italianos llegaron para sumarse a los banqueros nativos.

Brujas diversificó su conocimiento y sus industrias, que abarcaron muchos otros sectores además del textil. Personas inquietas de todos los orígenes acudieron a la ciudad en busca de un lugar donde desarrollar sus capacidades y sus ideas.

En el siglo XV, Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, estableció allí su corte. Esto atrajo a gran número de artistas, banqueros y a muchas de las personalidades más sobresalientes de la época. Se hizo famosa la técnica de los pintores al óleo flamencos, encabezados por Jan van Eyck. Fue en Brujas donde se elaboró el primer libro impreso en lengua inglesa. Y, precisamente, fue en Brujas donde los monarcas ingleses Eduardo IV y Ricardo III decidieron pasar su exilio. El talento se volvió común.

La población creció hasta la cifra aproximada de 45.000 personas. Para establecer un punto de comparación, Londres tenía por aquel entonces la mitad de población.

La prosperidad, el dinamismo y la cultura de Brujas se hicieron legendarias. En algún momento de sus mejores años, en el siglo XV, la reina de Francia viajó a Brujas. A la vuelta, reunió a sus cortesanas y les manifestó que ella se había considerado la dama más elegante del mundo, hasta que vio en Brujas a cuatrocientas mujeres como ella.

En estos años, desde 1134 hasta las postrimerías del siglo XV, Brujas no escapó a las turbulencias de la Europa medieval. La ciudad cambió de manos varias veces y sufrió revueltas considerables, pero ninguna consiguió alterar su prosperidad. Ni los buenos ni los malos Gobiernos influyeron decisivamente.

Pero la última afirmación debe ser matizada. María de Borgoña murió en 1482, lo que dio lugar a diez años de incertidumbre política y sometimiento militar. Al mismo tiempo, el Zwin comenzó a cegarse por causas naturales. Los gobernantes, demasiado preocupados por disputarse la ciudad, descuidaron este hecho y no hicieron por remediarlo. En pocos años, el Zwin fue dejando de ser navegable para los navíos de cierto calado y, por fin, para la mayoría de las embarcaciones.

Este hecho marcó una rápida decadencia y significó el fin de la Brujas próspera. El comienzo del siglo XVI contemplaba a una ciudad de donde habían huido la corte de Borgoña y los comerciantes internacionales. Amberes, que contaba con un excelente puerto, tomó el lugar de Brujas.

Los intentos de reactivar la ciudad durante las décadas posteriores fueron inútiles. En torno al año 1850, Brujas era la ciudad más pobre del país. En 1892, Georges Rosenbach escribe la novela “Bruges la Morte”, donde se la describe como una ciudad muerta y misteriosa.

Hoy Brujas permanece como una ciudad medieval intacta. Unas 20.000 personas viven en su casco antiguo, que recibe la visita de numerosos turistas atraídos por su aspecto de decorado de época y por el atractivo de los canales que la surcan. Aparentemente, el tiempo se detuvo en torno al año 1500 y Brujas ya no tuvo ocasión de evolucionar.

Lecciones de la historia para la Administración

1. Estar conectada

La prosperidad de Brujas estuvo directamente relacionada con su conexión al resto del mundo a través del canal. Mientras el Zwin fue navegable, Brujas fue más y más próspera. Cuando se cegó su curso, Brujas murió.

En el siglo XXI, las TIC juegan el papel que desempeñaban en la Edad Media los canales navegables. Permiten la conexión instantánea entre más de mil millones de personas en el mundo. A este madeja hiperconectada de relaciones mediadas por las TIC llamamos, siguiendo a Castells, sociedad-red.

La Administración sigue a la sociedad como la sombra al cuerpo, según la frase de Joan Prats. Cabe preguntarse a qué distancia la sigue, si alejada de sus pies, como la sombra al amanecer, o bien cercana, como a mediodía. En todo caso, la Administración del siglo XXI vive en un entorno de redes, es una Administración en red, una Administración relacional, incluso si no es consciente de este hecho o si es resistente a la realidad.

2. Estar abierta al mundo

Brujas no poseía ningún producto con un valor relevante. Pero aprendió que lo importante no es tener, sino enlazar. Estableció alianzas con quienes tenían lo que ella necesitaba, en Inglaterra, en Escocia, en Normandía, en la Gascuña, en Génova, en Venecia y, a través de ellas, con las riquezas de Asia. Ejerció de intermediaria que puso en contacto las necesidades de unos y las capacidades de otros.

La Administración del siglo XXI no se basta a sí misma para dar satisfacción a las necesidades de la ciudadanía. Por una parte, afronta una crisis de legitimación que sólo puede ser resuelta en estrecho contacto con la ciudadanía. Por otra, hay una compleja red de actores sociales que intervienen en la producción de los bienes públicos.

Si ya Internet ha ampliado hasta extremos antes inconcebibles la capacidad de conexión, la web 2.0 está permitiendo la participación de muchos en la producción de contenidos, en su catalogación y valoración, en la propia prestación de servicios.

El primer paso para abrirse al mundo es escuchar. Abrir bien las orejas para seguir las conversaciones que surgen constantemente en la red. El palacio de la Administración nunca ha sido un buen foro para conversar. Hay que salir de él para enterarse de lo que está sucediendo.

El segundo paso es mostrar. La transparencia radical salvará a la Administración, porque hará a la ciudadanía corresponsable con la Administración y permitirá que los servicios sean prestados y mejorados por cualquiera que tenga la iniciativa.

3. Tejer redes y cuidar de ellas

En Brujas latía el corazón del comercio occidental medieval. Desde la torre Belfry en el Grote Markt era posible sentir el pulso de todo lo relevante en la sociedad medieval europea. Sucesivas generaciones de emprendedores habían dedicado sus mejores capacidades a crear tupidas redes, dentro y fuera de la ciudad, y a cuidarlas: a producir sinergia macramental. Es significativo que la decadencia viniera por descuidar el canal que los mantenía conectados.

La Administración es un curioso negocio: no se especializa en nada. Ningún asunto le es ajeno, desde la agricultura a la cultura. Poder resolver eficazmente tal variedad de asuntos requiere del mantenimiento de intensas redes de colaboración. Redes dentro de cada Administración, entre Administraciones, con las empresas, con el tercer sector.

La Gobernanza nace de la inevitable conclusión de que no es posible gobernar solos. Últimamente se emplea la expresión PPP para aludir a los partenariados público-privado (public-private partnership). Hay que añadirle una cuarta P: public-private-people partnership; es decir partenariados público-privado-peña.

Los propios funcionarios necesitan tejer redes para desempeñar adecuadamente su función y para aprender. Cada técnico aislado es un pequeño punto en la larga cola del talento, necesitado de una comunidad de práctica donde desarrollarse.

4. Convertirse en un sitio atractivo

Brujas funcionó como un polo de atracción del talento. Eso realimentó su prosperidad, en un círculo virtuoso que implicaba que a más prosperidad, mayor atracción del talento y, a más talento, mayor prosperidad. Si pudiéramos elegir un lugar para vivir en la Europa del siglo XV, muchos elegiríamos Brujas.

No está claro que la Administración sea atractora del talento. Por una parte, parece ser el destino preferido por muchas personas, que la consideran un lugar de trabajo seguro y cómodo. Pero también es cierto que la burocracia termina por espantar, o por anular, mucho del talento que podría poner en juego.

Pero la Administración es enorme y multiforme. Junto a los sumideros de talento que tan bien refleja Forges, encontramos unidades dinámicas donde se trabaja bien por el placer de trabajar bien. Y estos son los puntos que atraen el talento hacia sí.

5. El control no es relevante

Brujas, en los tres siglos y medio que duró su ascenso, tuvo múltiples amos en una Edad Media convulsa. En sus mejores momentos, apenas estaba gobernada. El verdadero poder lo constituía la red de relaciones entre fabricantes, profesionales, comerciantes, banqueros y patrones de barco que colaboraban y competían, haciendo a Brujas una ciudad cada día más próspera.

En la Administración pública, el poder cambia de manos como en la Edad Media. Cualquier funcionario medianamente veterano ha sobrevivido a más directores que dedos tiene en una mano. Cada uno, con su sello personal.

Sin querer obviar la fuerza facilitadora de un buen líder ­-ni la penuria laboral que causa un jefe tóxico-, lo cierto es que las cosas salen mejor cuando no es preciso controlarlas. Cuando todos comparten una visión y se afanan por hacerla posible, la organización funciona y crece.

¿Seremos capaces de aprovechar esta lección de la historia?

Gracias a Tim Harford, que me puso sobre la pista de la historia de Brujas, y a la wikipedia, de donde he sacado la mayor parte del material. 

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  1. 27/04/2010 en 21:47

    Llegué a esta web a través de otro link: muy interesante.
    Saludos desde Rosario, Argentina.

  2. 13/09/2009 en 15:33

    Estudiando un poco para “el libro”, he llegado hasta tu artículo. Te envío un fuerte abrazo desde Buenos Aires, donde espero verte pronto 🙂

  3. 24/06/2008 en 18:08

    Una excelente lección de historia, que además tiene moraleja. Sobre todo me ha gustado el último párrafo, el que se refiere a una posible ausencia de líderes.

  4. 22/06/2008 en 20:17

    Enhorabuena por el artículo. Si se materializa lo de la publicación estaremos encantados de leerla.
    Saludos

  5. 22/06/2008 en 11:28

    @ocortes: me alegro de que te guste. Verás que es un post más largo y más redactado de lo habitual. Lo hice pensando en que pudiera ser el prólogo de una publicación conjunta sobre open government. ¿Cómo lo ves?

  6. 21/06/2008 en 16:06

    Tu imaginación no tiene límites Alorza. Nunca imaginé que fuera posible comparar la historia de Brujas con la Administración. Estaba equivocado.

  7. 20/06/2008 en 18:58

    Muy bonita e interesante historia. Muy bien enlazada con “lo vuestro”. Zorionak Alberto

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