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transparencia = claridad x obscenidad

13/10/2005

Transparencia es el primero de los valores que propongo para la Administración en Red. Como cualquier otro valor, puede ser interpretada de múltiples formas, no todas ellas coincidentes con la idea que quiero expresar. Una forma de caracterizar los valores de forma más precisa consiste en hacerlos emerger de la dialéctica entre dos conceptos. En este caso, yo propongo la siguiente fórmula:

transparencia = claridad x obscenidad

Cuando hablo de claridad, quiero decir que la Administración debe estar configurada de forma que sea fácilmente entendible. Esto supone, por una parte, seguir aquella máxima de Wittgenstein: “todo lo que puede ser dicho, puede ser dicho claramente”. Por otra, supone adaptar sus interfaces a los lenguajes de sus públicos.

Obscenidad es mostrar lo que suele estar oculto. La función de este concepto en la ecuación es la de enfatizar el compromiso de rendir cuentas, incluso cuando los resultados no son los esperados.

Una Administración transparente no tiene miedo de permitir que la ciudadanía tenga acceso a la información de los programas que pone en marcha, desde la misma fase de diseño, y a través de todas las demás. No espera a acabar el programa para ofrecer un informe, convenientemente suavizado. Una Administración transparente entabla una relación adulta con sus administrados.

En la vecindad del campo semántico de transparencia residen otros conceptos, similares, pero no idénticos:
– rendición de cuentas: suele hacerse sólo al final, no en proceso;
– apertura: remite a una hermosa metáfora, la de la administración abierta;
– auditoría pública: técnica para la rendición de cuentas.

La wikipedia, en la entrada “radical transparency“, hace una interesante comparación entre transparencia y rendición de cuentas. Entre otras diferencias, la rendición de cuentas (accountability) implica un castigo en el caso de que la evaluación final, o la auditoría posterior, demuestren que ha habido una gestión ineficaz o corrupta. La transparencia, en cambio, requiere que todos los procesos de decisión sean públicos desde el principio, lo que permite hacer correcciones a tiempo. Prevención, en lugar de amenaza de castigo. Si además el proceso se dota de mecanismos que lo hagan más democrático, la responsabilidad se comparte y las decisiones se legitiman. Pero no nos adelantemos: la transparencia es un valor independiente del valor democracia. No es imposible pensar en un régimen autoritario dentro de una casa de cristal. Al menos, en teoría.

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  1. 13/10/2005 en 23:27

    La transparencia, así explicada, merece ser el primero de los valores de la Administración Digital.Me gusta la aportación de la obscenidad por lo que tiene de transgresión, de atrevimiento. La administración tiene que ser atrevida para mostrarse.Me cuesta pensar en un régimen autoritario dentro de una casa de cristal. Esta idea sí que me resulta obscena en el peor sentido de la palabra.Creo que lo digital puede aportar mucho a la transparencia de la administración, a facilitar que sea atravesada por la luz.La transparencia me parece un valor fundamental.

  2. 13/10/2005 en 23:27

    Aquí en Argentina estamos proponiendo usar el weblog para dar mayor transparencia a las legislaturas: http://www.diariodegestion.com.ar/.

  3. 16/07/2007 en 18:06

    Un post elegante y con mucha fuerza, no lo habia leido hasta hoy¡ 🙂 Los conceptos claridad y obscenidad me parecen factores vectoriales en sí mismos, referentes básicos de la transparencia y la evaluación. Los utilizaré en cuanto pueda (y me dejen) 🙂

  4. 04/01/2008 en 00:01

    Iñaki, permíteme utilizar un argumento tuyo, pero en lugar de la Administración, la fiscalización: Una fiscalización transparente no tiene miedo de permitir que la ciudadanía tenga acceso a la información de los programas que pone en marcha, no espera acabar la auditoría para ofrecer un informe convenientemente suavizado. ¿Por qué en la conciencia social no se ha establecido la crítica de la totalidad del proceso de fiscalización? Quizá porque el desarrollo de la teoría se encuentra en su comienzo, en claroscuros que no logran determinar el instrumento conceptual que dé claridad a la Administración o la Fiscalización. Así se ha constituido una concepción tradicionalista de considerar a la auditoría pública como una técnica. No, la auditoría pública es más que una técnica, porque está engarzada al acontecer social. Pero al poder le ha convenido que el instrumento que audita sus cuentas, sean considerados como técnicos, dado que la técnica es solamente una manera de hacer, más no responde al Por qué. He aquí una de las causas que explican la falta de crítica en el mundo de la contaduría y auditoría. Si estamos de acuerdo en fortalecer a la transparencia, entonces, se requiere una disciplina transparente en la rendición de cuentas. La reforma teórica no solamente debe proponerse en la Administración sino sobre todo en la fiscalización. A propósito, el concepto de rendición de cuentas de Wikipedia es un reduccionismo. Puesto que es más que un castigo, implíca también la información y justificación. Andreas Schedler tiene varios escritos estupendos sobre el tema. Considero que debemos proponer puntos de encuentro para evitar los desvíos lógicos de la investigación.

  1. 05/01/2012 en 05:42
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