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Medición de la satisfacción
Tratamos en primer lugar la medición de la satisfacción. En este punto no me tocó abrir la boca, así que tuve ocasión de escuchar y reflexionar, sin la presión de tener que aportar. A partir de lo que allí oí, he extraído las siguientes reflexiones, que no necesariamente coinciden con las que expresaron mis compañeros de butaca. Me encantaría saber qué opináis.
Jornada sobre satisfacción de las personas en la administración pública
Tras las exposiciones inciales, el acto ha adoptado un formato poco habitual. Para explicarlo en pocas palabras, era como el programa «La Clave«. Si eres joven, tendré que explicarte que hemos tenído a un conductor del programa que ha llevado el hilo conductor y ha ido dando paso a las intervenciones de los supuestos «expertos» que estábamos sentados en sillones. Por lo tanto, no ha habido ponencias con mucho PPoint, sino diálogo con pocos minutos por intervención.
Nuestro Balbín ha sido Enrique Sacanell, del Ayuntamiento de Getxo, un comunicador sobresaliente, a la par que un liante de mucho cuidado. La experiencia ha sido muy estimulante. Os cuento algunas cosas rápidamente, haciendo uso del wifi de una amiga.
Comunicación interna: grado cero
Hoy mismo he tenido ocasión de recodar cosas que ya había escrito en estos dos posts: Funcionarios y políticos: universos paralelos y Participación, para ti y para mí.
En este último, hablando de la comunicación interna decía: “La forma más básica de participación, el cero absoluto, consiste en recibir información descendente. Pues bien, este mínimo no se cumple en un vasto porcentaje de organizaciones públicas”. Creo que me quedé corto. Muchas de las personas que se supone que deben ejercer el liderazgo desconfían profundamente de cualquier iniciativa que conlleve un cara a cara con los empleados públicos.
La jornada de un gobernante
He recurrido a “La nueva organización del desgobierno” de Alejandro Nieto, para inspirarme sobre los elementos inhabilitadores del buen funcionamiento de la Administración Pública. El resultado ha sido una auténtica sobredosis. Iré comentando los que me parecen más relevantes.
Comienzo con la jornada del gobernante. Según Alejandro Nieto, a los gobernantes la jornada se les va en reuniones, visitas, llamadas telefónicas y comidas de trabajo, de forma que apenas les queda tiempo para la reflexión. En su opinión, se trata de una vida dura y sacrificada para él y para su familia, pero inútil para la Administración y la ciudadanía. Lo que le lleva a concluir: “En las áreas del poder no se piensa: se improvisa”.
Esta reflexión de Alejandro Nieto me ha recordado un comentario de Alfons Cornella en el que afirma: “No nos atreveríamos a decir, bajo ningún concepto, “no tengo tiempo para trabajar”, o “no tengo tiempo para reuniones”, o “no tengo tiempo para comidas largas”. Pero no tengo tiempo para leer, o para aprender, o para ver, está socialmente bien visto”. Y concluye: “Trabajo, luego no aprendo”.
Para Nieto el elemento sacrificado por la falta de tiempo es la reflexión, para Cornella el aprendizaje.
Juzgue el lector lo que haya de cierto en estas reflexiones y, de ser así, la importancia y consecuencias de estas actitudes.
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Una reflexión sobre el teletrabajo
Javier Cuchí, alias El Incordio, a la sazón funcionario de la Generalitat de Catalunya, es algo así como el IVÁ de los blogueros. Recientemente ha escrito esta reflexión acerca del teletrabajo en la función pública. Como todo lo que escribe Javier, no deja indiferente. También hace referencias a la incentivación de los trabajadores públicos, de manera que lo incluyo en el debate que ha iniciado Iñaki aquí y aquí.
En este blog, hemos tratado el teletrabajo en estos dos posts:
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La gestión de proyectos con humor

Una advertencia: a veces el humor esconde verdades escalofriantes.
Repensando la gestión del cambio
Esta semana he vivido una muy animada reunión para orientar la gestión del cambio, en un proyecto de grandes dimensiones que debe provocar grandes cambios que afectarán a un alto número de grupos, a cada uno de ellos de una forma particular. En este proyecto nos asiste una importante empresa de consultoría.
Según mi experiencia a ambos lados del mostrador -como consultor y como Administración-, las y los profesionales de la consultoría se dividen en dos tipos: vendedores de prêt-à-porter y modistas que cosen a medida.
Más allá de la flexibilidad horaria
Estoy leyendo «El fin de semana de siete días«, de Ricardo Semler, mi empresario-gurú favorito. Es un tipo de grandes ideas y pequeñas teorías, ya que su interés consiste en ponerlas en práctica, sin miedo de navegar contracorriente. Me está resultando un libro casi pornográfico: muestra una realidad ardientemente deseable, pero que, de momento, queda fuera de mi alcance. Semler ya había aparecido en algún post, y algún día tal vez le dedique uno en exclusiva, pero ahora sólo quiero utilizar el título del libro y la idea básica que plantea: acabar con el horario laboral.
Liderando círculos viciosos de redesorganización
El artículo, traducido por el Komplex Taldea, se titula “Un mega-análisis surrealista de las teorías de la redesorganización”. Tiene la estructura y longitud de cualquier artículo científico serio y contiene, entre otras maravillas, esta clasificación de los líderes:
Funcionarios y cargos: universos paralelos
La Administración consta de funcionarios y cargos políticos. Si viniera un antropólogo inocente a estudiar el Gobierno, encontraría en las ceremonias, ritos, mitos, leyendas, rituales, vestimenta y jerga, indicios de dos culturas perfectamente estancas. ¿De qué Gobierno hablo? Por lo que conozco de primera y de segunda mano, yo diría que sucede, al menos, en el Gobierno del Estado, en los autonomícos y en las Diputaciones.





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